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Con la bendición de las Farc

Con la bendición de las Farc

Juan Manuel Santos estaba en campaña hace rato. Sus asesores se despelucaban por hacerlo ver cercano a la gente, manejando Willys, tomando tinto en granero de pueblo, conduciendo flota, haciéndose el amanecido –en calzoncillos– en una de ‘sus’ casas gratis y hasta metiendo sus narices en pacas de marihuana. No contentos con eso, inundaron los medios de una muy jactanciosa propaganda oficial que de alguna manera puede condicionar la información.

A pesar de eso, todas las encuestas redundan en que cerca del 70 por ciento de la población no está de acuerdo con su reelección. En febrero, una encuesta arrojó que el 87 por ciento no votaría por él si trata de reelegirse; en diciembre, fue elegido como el ‘antipersonaje del año’, en el sondeo de La FM Radio, y mes tras mes su gestión, en casi todas las áreas, es pobremente calificada. Así, su deseo de reelegirse y el que haya quienes crean que tiene todas las de ganar solo se explican por los vientos que soplan desde La Habana.

No obstante, hay muestras de que en Palacio tienen muy claro lo embolatado que está el asunto. Una de ellas fue la intentona de correr por un periodo de dos añitos, estrategia campeona porque ningún candidato serio iba a postular su nombre para un periodo tan corto: malo si perdía y mucho peor si ganaba. Juan Manuel tendría el camino libre, pero no solo se les ocurrió muy tarde sino que esta cirugía entrañaba muchísimo más que el cambio de un simple articulito; una tarea ciclópea para un gobierno enclenque.

Otra muestra es la salida del gobierno de Germán Vargas Lleras, justo a tiempo para no inhabilitarse, cosa que no hubiera sido necesaria si el triunfo de Santos fuera tan seguro. De hecho, Vargas Lleras, quien ha demostrado ser tan ambicioso y oportunista como Santos, es hoy el más opcionado para derrotarlo. ¿Será capaz de dejar pasar su cuarto de hora y ver cómo a Santos lo derrota un tercero? Y, en caso de ganar la presidencia, ¿va a continuar esa farsa de La Habana, que es igual a la del Caguán, de la que él fue el principal opositor en el Congreso?

Porque ahí está el quid del asunto. La reelección de Santos —o de sus lesivas políticas— es un mandato de La Habana y Caracas para alargar esta patraña. Según El Espectador (15/05/2013), en seis meses solo se han acordado 3 subpuntos de los 6 que conforman el tema agrario. Y son, en total, 27 subpuntos. Van ocho meses desde que el Gobierno admitió que se estaban dando acercamientos secretos y más de dos años desde que empezaron los contactos. Y nada. Lo mismo de siempre, un engaño.

Si Santos es reelegido, su nuevo cuatrienio se irá enterito en diálogos, como se le fueron tres años a Pastrana en el Caguán. Por eso andan ambientando el cuento de que para un conflicto de 60 años, seis meses no son nada. Ya habíamos anticipado que en noviembre Santos dirá que la paz está de un cacho y que para conseguirla es necesario reelegirlo, contradiciendo su compromiso de terminar el proceso si este no avanza.

Y ¿cómo va a reelegir el pueblo colombiano unas políticas contrarias a las que apoyó en el 2010? Santos traicionó a las mayorías y olvidó todas sus promesas, por lo que ahora acude a un par de artificios demagógicos como el espejismo de la paz y las casas gratis para unos pocos. Nada de eso es para premiarlo. Maduro ha anunciado que cobrará las casas que había regalado para que votaran por él. De ese tamaño es la quiebra de Venezuela, y eso que nadan en petróleo. Así es el futuro que nos espera con Santos: en una década nos estaremos peleando por el papel higiénico. Porque con la declaración de ‘Rodrigo Granda’ quedó claro quién es el candidato de las Farc.

(Publicado en el periódico El Tiempo, el 21 de mayo de 2013)

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mayo 21, 2013 | 0 Comments More
El fracaso del Estado

El fracaso del Estado

Qué orgullo nos produce Medellín, y su alcalde, el organizador de conciertos. Qué orgullo nos despiertan nuestras fuerzas de seguridad.  Qué orgullo sentimos por instituciones como la Fiscalía General de la Nación. Y ni hablar de cuando los esfuerzos institucionales se conjugan. Ya hay sectores del barrio Belén donde no se duerme: las balaceras duran toda la noche. Pero todavía están lejos de lo que se vive en el corregimiento de San Cristóbal, que ya es como una república independiente, a tiro de piedra del centro de la ciudad.

Lo visto hace poco no tiene parangón. Más de 50 familias fueron expulsadas de su barrio por un grupito de sicarios y malandrines de mala muerte. Pero allí llegaron los soldados y policías de la Patria, armados hasta los dientes, a demostrar su capacidad operativa, su alto grado de entrenamiento y su disposición de enfrentar el bandolerismo. ¡Había que verlos!

En un abrir y cerrar de ojos, los hombres que tenemos para defendernos empezaron a sacar corotos de las casas y a subirlos en los camiones. Con una destreza inenarrable, se echaban televisores al hombro, colchones y bultos de ropa. En un santiamén desbarataban camas y salían con las tablas o ayudaban a empacar las ollas entre una sábana para que los desplazados tuvieran en qué hacer un sancocho por ahí, a la orilla de cualquier quebrada.

¡Qué dolor de Patria que las armas legítimas del Estado, dispuestas para proteger la vida, la honra y los bienes de los ciudadanos, se depongan ante unos criminales! Todos saben quiénes son los bandidos, dónde habitan, en qué sectores desarrollan sus actividades delictivas, pero en esta Patria boba, si no hay denuncias penales por parte de ciudadanos inermes —que al denunciar se echan la soga al cuello—, no puede hacerse nada. La policía captura, el juez libera y la gente de bien paga con sangre.

El gobierno municipal ofrece presencia policial y militar, pero la comunidad sabe que eso es temporal, que se irán más temprano que tarde y los dejarán, de nuevo, a merced de los criminales, que son los que mandan ya en toda la ciudad, en todo el país. Basta echarle una miradita al resumen de los negocios con que se lucran los bandidos en la ciudad, publicado por un periódico local (Así se tapan de plata en Medellín las organizaciones criminales, El Colombiano, 12/05/2013, pp. 16-17).

Y todo eso es fruto, por lo menos en parte, de falta de voluntad política, cuando no es que hay muchos interesados en profundizar las ‘contradicciones del sistema’. El acoso de delincuentes a comunidades enteras no solo debe ser enfrentado con vigor por las fuerzas del Estado sino que deberían ser objeto de investigaciones y acusaciones de oficio, para que las vidas de personas indefensas no corran peligro y se rompa el círculo vicioso de que sin denuncias no se puede hacer nada. ¿O será que nuestra clase política permitiría que estos bandiditos se tomaran sus aristocráticos barrios?

El fracaso del Estado es tan grande que mientras el fiscal general Montealegre insiste en que los peores terroristas que ha tenido este país en toda su historia no pagarán cárcel, en los sótanos de la Fiscalía de Medellín se pudren 62 vehículos que la Alcaldía de la ciudad donó hace dos años para ayudar a combatir el delito, sin poderse usar porque no tienen la documentación en orden. Otra muestra de la inoperancia del Estado, que hace agua por estos días, es el aberrante hacinamiento carcelario, pero por su gravedad es un asunto que merece un comentario aparte.

(Publicado en Periódico Debate, el 20 de mayo de 2013)

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mayo 20, 2013 | 0 Comments More
El Decálogo del Centro Democrático

El Decálogo del Centro Democrático

El presidente Santos adujo hace poco que los “enemigos de la paz” estaban reculando y que ya sí querían la paz como él mismo asegura que la está buscando: sin impunidad. Sin embargo, ni lo uno ni lo otro es cierto. Los enemigos del proceso que se lleva a cabo en La Habana —no de la paz—, seguimos objetando los términos de la negociación porque no cabe duda de que conducen a la impunidad.

Por si las dudas, lo consignado en el Marco Legal para la Paz es pura impunidad. Pero hay más indicios. ¿Acaso no es suficientemente claro lo que repite el fiscal general Montealegre todos los días? ¿Acaso no han sido suficientemente claras las Farc en su descalificación de la Justicia colombiana, en el desconocimiento de las víctimas de sus atrocidades, en la justificación de sus actos, en la cínica solicitud de que se les pida perdón? ¿Acaso el Gobierno no ha demostrado hasta la saciedad que está en disposición de hacer toda clase de concesiones con tal de lograr una firma y una foto a costa de unos índices de impunidad enormes?

En todo esto el único que podría recular sería Juan Manuel Santos, quien es, por cierto, el rey de las reculadas. Lo que produjo la extravagante declaración presidencial debió ser la reciente carta del excomisionado de Paz Luis Carlos Restrepo, en la que se sugería la necesidad de un giro del uribismo en torno a las negociaciones con las Farc. Al respecto, los precandidatos presidenciales del Centro Democrático se mostraron en desacuerdo y el movimiento trazó una hoja de ruta inequívoca a seguir para alcanzar una paz negociada por parte de cualquier representante del uribismo que obtenga la Primera Magistratura: el Decálogo para la Paz del CD.

Valga decir que estos postulados se compaginan estrechamente con los principios de la política de Seguridad Democrática y del combate frontal al terrorismo que fueron avaladas por la gran mayoría de los colombianos desde el año 2002, convirtiéndose en un claro mandato popular refrendado en el 2006 y el 2010, que Santos decidió ignorar olímpicamente.

El Decálogo interpreta fielmente el deseo de la sociedad colombiana de hacer la paz sin concesiones inverosímiles, sin entreguismos, sin claudicaciones. Anteponiendo los intereses de las mayorías, y de las víctimas, principalmente, a los de los criminales, en el entendido de que estos carecen de representación y de que los colombianos no reconocemos medios violentos como camino para obtener transformaciones caprichosas que el país no comparte.

En síntesis, el Decálogo es el siguiente: 1. El cese previo del terrorismo es condición irrenunciable para cualquier diálogo de paz. 2. La agenda de diálogos debe limitarse exclusivamente a la reinserción, la desmovilización y el desarme de los grupos terroristas. 3. La verdad, la justicia y la reparación a las víctimas deben ser ingredientes fundamentales de los acuerdos de paz. 4. Los condenados por delitos de lesa humanidad o por graves violaciones a los DD.HH. no pueden ser elegibles. 5. La entrega de armas es condición indispensable para la reinserción de los terroristas. 6. El perdón hay que merecerlo confesando la verdad, manifestando arrepentimiento, reparando a las víctimas y aceptando el castigo de la justicia. 7. La desmovilización individual se debe promover para desarticular el terrorismo. 8. La política social debe contribuir a la pacificación del país. 9. Reparación expedita a las víctimas de la violencia sin generar incertidumbre ni deteriorar la confianza inversionista en el campo. 10. La paz no estará subordinada a intereses de gobiernos extranjeros. [Lea el texto completo del Decálogo aquí]

Esos son los principios que pueden crear las condiciones para una paz estable y duradera, en vez de capitular cobardemente ante un enemigo que pretende destruir nuestra democracia. No hay enemigos de la paz sino diferentes formas de conseguirla, pero cualquiera de ellas no representa la victoria ni conduce a la verdadera paz.

(Publicado en el periódico El Mundo, el 13 de mayo de 2013)

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mayo 13, 2013 | 0 Comments More
Mi aporte es no creer en las Farc

Mi aporte es no creer en las Farc

‘Paz’ es un término abstracto que, en conjunto con su polo opuesto, que sería ‘guerra’ o ‘violencia’, conforma una de esas dualidades asociadas a los conceptos del bien y el mal, sobre los que se fundamentan las religiones y las normas sociales desde las civilizaciones más antiguas.

Luz-oscuridad, amor-odio, generosidad-egoísmo, diligencia-pereza, sacrificio-comodidad, placer-dolor, solidaridad-indiferencia, filantropía-envidia, en fin. A cada virtud humana corresponde un vicio, una tara moral, una corrupción del espíritu que, paradójicamente, es lo que nos hace humanos, lo que nos caracteriza. De lo contrario, seríamos ángeles o viviríamos en esos paraísos utópicos de leyenda, como Shangri-La.

Todos los seres humanos, a menos que se padezca un grave trastorno mental, eligen estar del lado de los valores que representan el bien. Por eso, no tiene ningún mérito expresar eso de “yo creo en la paz”, pues tal virtud no reside en el concepto mismo, en su nominación o expresión, sino en la acción individual o colectiva de los seres humanos, que somos los que practicamos los vicios y las virtudes. Luego, lo que hay que afirmar o negar es si uno cree o no en que la decisión de las Farc, de hacer política por vías pacíficas, sea o no sincera.

Todos queremos la paz, y creemos en ella, en el sentido de que vivir en paz es el estado ideal de todo ser humano, pero a la inmensa mayoría nos cuesta creer en las Farc, porque conocemos de sobra su naturaleza, y muchos no creemos tampoco en el gobierno de Santos –la otra parte de la negociación– por haber traicionado el mandato que recibió de nueve millones de electores.

Una cosa, entonces, es creer en la paz como estado superior de convivencia social, y otra, muy distinta, es creer en las Farc y en que el negociado que traman con Juan Manuel, en secreto, derive en algo similar a la paz. Mucho menos cuando Santos acude al estilo Maduro para sembrar una división social inaceptable con ese artificioso dilema de amigo-enemigo de la paz, con lo que se estigmatiza a quienes no compartimos los términos de la transacción.

Más grave aun es que se firme algo, en cuyo caso tendremos un virus troyano carcomiéndonos por dentro, porque para las Farc la democracia y sus instituciones son solo ‘instrumentos burgueses de dominación de las masas’, y su único propósito es destruir al establecimiento burgués para remplazarlo por la dictadura del proletariado, usando la táctica chavista de tomarse el poder guardando apariencias democráticas.

La semana anterior, las Farc desconocieron al Poder Judicial diciendo que “los tribunales colombianos no tienen el decoro y la competencia (para juzgarlos), porque este ha sido un Estado criminal”, y que el Estado es el que debe pedir perdón, no ellos. Con declaraciones como esas, sorprende que se insista en este sainete.

Tal vez lo más patético de este asunto es que a estas aberraciones Santos las llama “avances”, así la negociación cumpla hoy 203 días sin siquiera haber logrado acordar el primer punto. Además, el Presidente incurre en una notoria contradicción al decir que los enemigos de la paz reculan al pedir paz sin impunidad, como supuestamente la quiere también el Gobierno. Pero a renglón seguido les pide a las Farc que “cambien las balas por los votos y rápido”, como si el Congreso fuera una cárcel o hacer política, un castigo.

Difícil creer en este proceso. Hace 10 años, Guillermo Gaviria y el gran Gilberto Echeverri pecaron de ingenuos creyendo en la ‘noviolencia’ de las Farc, y la ‘noviolencia’ los mató. Por eso, mi aporte (y el de muchos) es dudar, no creo en las Farc y no creo en Juan Manuel Santos.

(Publicado en el periódico El Tiempo, el 7 de mayo de 2013)

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mayo 7, 2013 | 0 Comments More
¿Apoyar el proceso de La Habana?

¿Apoyar el proceso de La Habana?

El excomisionado de paz del gobierno de Uribe, Luis Carlos Restrepo, ha enviado desde el exilio una carta en la que le pide al uribismo comprometerse a continuar el proceso de impunidad que se viene desarrollando en La Habana, en caso de alcanzar la Presidencia de la República en 2014. Eso sí, con algunas rectificaciones.

Sin embargo, la petición de Restrepo, que contiene apartes que se alejan esencialmente de lo que hemos defendido por años en torno de los postulados de la política de Seguridad Democrática, suscita diversas reflexiones. Una de ellas, entre muchas, es si esta solicitud claudicante tiene validez al provenir de un perseguido político que se encuentra en la clandestinidad y, por consiguiente, en un estado de desespero insoportable para cualquier hombre íntegro, como lo es el doctor Restrepo.

La cuestión no es un asunto menor. El Centro de Pensamiento Primero Colombia se apresuró a apoyar la solicitud del excomisionado emitiendo un documento que, en algunos pasajes, parecía redactado por ‘Jesús Santrich’ —con una ceguera más ideológica que física—, como en ese punto en el que les daba razón a las Farc sobre la disminución del pie de fuerza del Ejército. Ese comunicado fue corregido en varios aspectos sustanciales y el resultante ha sido rubricado por varios de los más conspicuos portavoces del uribismo. Pero, en últimas, en torno a la extraña idea de apoyar el proceso de Cuba. [Lea el comunicado del CPPC aquí]

Valiéndose de rumores y especulaciones, es preciso contextualizar el problema en el sentido de que el negocio con las Farc ya estaría finiquitado y que la trama de La Habana no es más que un montaje teatral para quemar los minutos que faltan para el momento estelar, que sería en noviembre, en el que Presidente y terroristas intercambien firmas y se tomen la foto de rigor, sellando la fementida paz con un abrazo hipócrita ante un auditorio plagado de personalidades y medios de comunicación de todo el mundo.

El hecho es que mientras eso para algunos —incluyéndome— no constituiría más que una farsa y una tremenda derrota para la democracia colombiana, que entraría en cuidados intensivos a partir de ese momento, para los ahora ‘restrepistas’ entraña, además, el grave peligro de que nos acusen de leprosos y nos manden al ostracismo político, proceso que viene en marcha desde que somos adjetivados como ‘enemigos de la paz’, en cuyo aislamiento terminaríamos siendo fácilmente aniquilados. ¿O a qué otra cosa podría atribuirse tan grave muestra de incoherencia?

Obviamente, en el juego político también cuentan la táctica y la estrategia en pro de defender los principios. Bien dice Fernando Alameda que los principios son inamovibles pero la táctica no. Y si esto constituye una táctica para asegurar la conservación de la ‘especie’, vale la pena que se discuta pero no puede constituir un mero doblegamiento por un simple ejercicio de pragmatismo que a la hora del té será juzgado como un acto de cobarde sometimiento.

Queremos ver el llamado del doctor Restrepo como un acto altruista y patriótico que corresponde muy bien con su talante democrático, pero es ingenuo creer que deba continuarse un proceso que no tiene que ver con la paz sino con el ascenso de los terroristas, con el que pretenden a alcanzar la ‘revolución por contrato’. Una reflexión más útil es la que propone el connotado analista Eduardo Mackenzie en uno de sus últimos escritos (Veinte puntos sobre los eventuales pactos Santos-Farc, Debate, 29/04/2013), del que bastaría rescatar el primer postulado para entender que pactar con las Farc es un suicidio: “El combate de las Farc es hasta el aniquilamiento de su adversario histórico: la democracia colombiana”.

(Publicado en Periódico Debate, el 4 de mayo de 2013)

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mayo 4, 2013 | 0 Comments More
¿Dos años más? ¡Ni quince minutos!

¿Dos años más? ¡Ni quince minutos!

No creo que el último lance de Juan Manuel Santos, el de reelegirse —o prolongarse— por dos añitos, haya sido un globo o una cortina de humo para entretener al país y bajarle presión a otros frentes. Puede ser que quisiera desviar la atención sobre su presencia en Venezuela, avalando un gobierno espurio, o que se quisiera congraciar con los alcaldes, no se sabe para qué pues poco le importan, pero la verdad de lo que ocurrió es, simplemente, lo que a todos nos pareció: un intento descabellado de alargar su periodo constitucional.

El hermano Enrique advirtió hace meses que el proceso de La Habana depende de la reelección de Juan Manuel, y de eso no hay duda por la lentitud con la que se desarrolla el entuerto, pues es obvio que ese proceso podría morir con otro gobierno. Pero, si nos vamos al inicio, nos encontramos con la paradoja de que Santos se metió en el cuento de la paz con las Farc pensando —y aún lo cree— que con eso lograría la reelección de manera automática. En consecuencia, echó al olvido sus locomotoras y le apostó todo a esta carta con tan pésimos resultados que según la encuesta Gallup de febrero, el 87% de los colombianos no votará por él si se presenta a la reelección.

La idea de prorrogar por dos años su mandato es de tal atrevimiento que da cuenta del desespero de este Gobierno. Pero es una idea que parece venir de Cuba, no del Palacio de Nariño. Ya Teodora había hecho la propuesta sin alcanzar eco, por lo que se aprovechó la cumbre de alcaldes y gobernadores para ventilar esa solicitud monstruosa de prorrogar mandatos, dándole espacio a Santos para que, con mal simulada espontaneidad, apoyara la idea y la complementara con la propuesta de prohibir la reelección e igualar los periodos de todos los cargos de elección popular, por lo cual ofrecía el sacrificio de ocupar la presidencia en un periodo de transición de dos añitos, que son los que le están haciendo falta para terminar de entregarles el país a las Farc.

Y si bien es a todas luces inconstitucional el prorrogar unos periodos de gobierno claramente establecidos, el plan era muy probablemente la única opción de alcanzar la reelección del Presidente, a menos que nombre como registrador nacional a Tibisay Lucena. Por una parte, Santos ya había manifestado que no aceptaría una prórroga de su mandato sin ir a las urnas, pero si esta se concedía a alcaldes y gobernadores —e incluso al Legislativo—, cabría alegar que lo mismo debía otorgarse al Primer Mandatario, en aras a la igualdad. Por la otra, la alternativa de ir a las urnas también lo favorecía pues ningún político con pretensiones y peso electoral, aspiraría a un periodo de dos años que no alcanzaría para nada y después del cual no habría reelección. Por eso, es obvio que ese periodo de transición estaba escriturado con nombre propio, el de Santos, y que tenía todo que ver con la farsa de La Habana. Pero ante el alud de críticas que se desató, y el que vendría, el Presidente decidió recular —como ha sido habitual en su gobierno— antes de que el escándalo dejara su imagen en los rines.

Pero, en el fondo, la idea no es mala solo por tener detrás el proceso fraudulento de La Habana sino por múltiples motivos. En primer lugar, seis años es demasiado tiempo para soportar a un mal gobernante, y los mecanismos de revocatoria son tan complicados que ninguna iniciativa ha prosperado en los 22 años que lleva la Constitución. De instaurarse, sería necesario establecer un mecanismo de refrendación obligatoria a mitad del periodo, con el riesgo de que eso ocasione los mismos vicios que se le critican a la reelección.

Además, buenos gobernantes han demostrado que el periodo de cuatro años es óptimo para obtener avances palpables y llevar a cabo sus programas de gobierno y los planes de desarrollo. Igualmente, la reelección no inmediata de autoridades regionales ha permitido a quienes han desempeñado exitosamente sus cargos, repetir en varias ocasiones para beneficio de la comunidad.

En cuanto a la reelección presidencial, es una figura muy nueva que aún no puede evaluarse. Lo cierto es que se reelige a quien cumple con éxito su programa de gobierno y se castiga a quien habiendo traicionado a su electorado, trata de ganarse la voluntad popular con vulgar demagogia. Por eso, el actual mandatario tiene contados los días en Palacio. Como dijo el senador Robledo, “reelección de Santos no, ni por quince minutos”.

(Publicado en el periódico El Mundo, el 29 de abril de 2013)

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abril 26, 2013 | 0 Comments More
Lo que va de Boston a Bogotá

Lo que va de Boston a Bogotá

Dos hermanos musulmanes detonan un par de bombas caseras en una calle de una ciudad gringa, asesinan a tres personas y hieren a 180 y se produce una reacción atroz. El guerrerista Obama, enemigo de la paz mundial, promete capturar a los inocentes muchachos negándoles, de plano, su derecho bien ganado a ocupar un par de curules en el Congreso de los Estados Unidos y a convertirse, algún día, en alcaldes de Boston o Nueva York.

Pero la reacción de la sociedad norteamericana fue peor. En vez de hacer nutridísimas marchas por la paz, de esas de 50.000 paniaguados, para darle a Obama el mandato de perdonar a esos chiquillos inquietos, se comportaron como fieras vengativas, llenas de odio y sed de sangre, que revisaron cada foto y cada video para identificar a los autores de ese acto de ‘protesta’. Entre miles hicieron el trabajo que a la Policía le habría tomado días, y luego esta mandó un ejército a las calles a cazar a un par de jóvenes solos, hambrientos y casi ciegos, como le consta al obispo de Cali.

Razón tiene José Fernando Isaza al decir (en Hora 20) que fue una reacción desmesurada. Sí, sin duda. Es mejor, a todas luces, la reacción tardía de nuestras autoridades o la facilidad con la que muchos jueces declaran ilegal una captura. Poner los derechos de los victimarios por encima del lloriqueo de las víctimas nos coloca a la vanguardia de la civilidad.

En cambio, lo de Boston pasó de ser cooperación con las autoridades a simple complicidad criminal. La Policía asesinó al joven Tamerlán Tsarnáev. Luego asediaron por horas a su hermano menor en vez de permitir que alguna ONG lo sacara del área rumbo a Chechenia, como debió hacerse. Lo más aberrante fue ver a los norteamericanos jubilosos, agitando sus banderas, coreando el nombre de su país y aplaudiendo a sus autoridades, como en esa época aciaga en la que los colombianos salíamos libremente por las carreteras y saludábamos a los soldados, quienes nos respondían levantando el pulgar.

Sí, complacerse por la captura de un criminal, en vez de entenderlo y perdonarlo, y hasta someterse a sus designios, es de bárbaros; de manos negras, rufianes, tiburones… Es propio de un procuragodo cavernario y mefistofélico como el tal Ordóñez, que no entiende la profundidad conceptual y la avanzada de las tesis del fiscal general Montealegre, para quien el aplicar una justicia maximalista provocará enorme impunidad por el colapso de la (in)capacidad institucional ante la incontable cantidad de desmanes que las Farc han cometido en los últimos 60 años.

Claro que las Farc no han cometido delitos de lesa humanidad, mucho menos su cúpula, que, sentada, tomando whisky, no se entera de nada. Qué van a ser delitos graves poner minas antipersonales, reclutar menores, desplazar campesinos, arrasar pueblos con cilindros bomba, dinamitar torres de energía y oleoductos, hacer secuestros al por mayor y al detal, tener campos de concentración, hacer ataques dinamiteros y sicariales selectivos, fusilar al personal desobediente hasta por comerse sin permiso una yuca, tener esclavas sexuales, obligar a las embarazadas a abortar… ¡Lo que el gran Montealegre descubrió es que, si cerramos los ojos, los crímenes desaparecen! Así no hay impunidad. Como premio para el jurista, cuatro años en la Fiscalía y la Cruz de Bojayá. No importa que haya que remplazar el cóndor del escudo por una avestruz.

¡Es que no se entiende cómo es que hay enemigos de la paz! ¡Que los fusilen!, como ordenó Armando Benedetti. Que empiece con Pachito por andar ofendiendo a futuros presidentes con vallas injuriosas. Pongan todos las barbas en remojo y vayan comprando los cajones.

(Publicado en el periódico El Tiempo, el 23 de abril de 2013)

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abril 23, 2013 | 0 Comments More
Las coordenadas, un escándalo hipócrita

Las coordenadas, un escándalo hipócrita

El general (r) Fernando Tapias recordaba en reciente entrevista concedida a Semana (14/04/2013), aquel famoso debate que dio en el Senado Germán Vargas Lleras, en el que denunció los incontables delitos que estaban cometiendo las Farc en la zona del Caguán, y mencionaba que Vargas utilizó coordenadas e información de inteligencia, suministrada por las Fuerzas Armadas, sin que nadie se escandalizara por ello.

Ahora se ha levantado tremendo escándalo por las coordenadas divulgadas por el expresidente Uribe, en las que se demarcaba un área donde debían cesar acciones militares con el fin de facilitar la extracción de un terrorista —por parte del CICR—rumbo a la mesa de negociaciones de La Habana. Se ha hablado hasta de la supuesta comisión de delitos que podrían ir desde espionaje hasta traición a la Patria, pero aquí la pregunta que debe hacerse es ¿se puso en peligro la vida de alguien con esa información? La respuesta, claramente, es NO.

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Por cierto, esa no es información de seguridad nacional, como dicen algunos. Si lo fuera, el Gobierno es el que estaría incurriendo en traición a la Patria por acordar con los enemigos del país un área donde se realizó, en la práctica, un despeje militar que hoy está prohibido por la ley. Si bien las unidades militares y/o de Policía, hasta donde se sabe, no salieron del área, sí cesaron las operaciones que les obliga la Constitución, sin que mediara, cuando menos, un interés humanitario

Pero, volviendo al tema, la verdad es que no se puso en peligro la vida de nadie porque, principalmente, las coordenadas divulgadas delimitan un área bastante extensa y no el sitio exacto donde aterrizaría la aeronave para recoger al terrorista. Como sabemos, en geometría, área y punto son cosas muy distintas.

Con el fin de establecer el tamaño del área despejada, me di a la tarea de ubicar las coordenadas utilizando el programa Google Earth, y me encontré con que se trata de prácticamente un cuadrado perfecto, de 50 kilómetros de lado, al sur del Meta. Es decir, se trata de un área de 2.500 kilómetros cuadrados en una zona de presencia histórica de las Farc, como es el sector del Guayabero, Vistahermosa, La Macarena, La Uribe y Mesetas.

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Valga decir que el Departamento del Quindío tiene una superficie de 1.850 km2., y  el Distrito de Bogotá, 1.587 km2. Un país como Luxemburgo ocupa un área de 2.587 km2., mientras Mónaco solo tiene 2 (leyó bien, dos) km2. Lo anterior quiere decir que el área de las coordenadas es de una dimensión nada despreciable; no se puede ubicar en ella un jefe guerrillero de la noche a la mañana, porque es como buscar una aguja en un pajar si no se tienen las coordenadas del punto de encuentro.

Durante las liberaciones de secuestrados que encabezaba Piedad Córdoba, se informaban las áreas generales donde cesaban las operaciones de la Fuerza Pública: el sur del Tolima, el norte del Cauca, Putumayo, Caquetá, Guaviare, etc. Hubo críticas por sobrevuelos que, como luego se explicó, se hacían a una altitud en la que se movilizan vuelos internacionales y esos no se pueden limitar. Pero el  hecho es que divulgar las áreas gruesas donde cesaban operaciones militares, no puso en peligro a nadie porque los datos sensibles eran las coordenadas del sitio exacto donde se entregarían a los secuestrados y esas solo las conocían las mismas Farc, incluyendo a sus periodistas fletados y a misia Piedad, que las guardaba en el brasier.

Durante tres años, muchos líderes de las Farc estuvieron localizados en la zona de distensión, a menudo en sitios bien identificados en el corregimiento Los Pozos, en San Vicente del Caguán. Sin embargo, a ningún piloto de la Fuerza Aérea se le ocurrió ir a bombardearlos, ni siquiera cuando algún cabecilla participaba en eventos transmitidos en directo por televisión.

Entonces, ¿qué daño podían causar las coordenadas que divulgó el expresidente Uribe? Lo único que ello podría causar es que una madre desesperada fuera a reclamar que le devolvieran a un hijo secuestrado. Durante el gobierno de Pastrana, en medio de reuniones exploratorias de paz con el Eln, en La Habana, varios colombianos rodearon a Antonio García en el lobby de un hotel para suplicarle que les devolvieran a sus parientes secuestrados, y ni siquiera lo increparon mientras el terrorista huía en el ascensor. ¡Es que no hay que olvidar quiénes son los bandidos aquí!

En el fondo, el problema es que el Gobierno teme que los colombianos nos enteremos de las concesiones a que está dispuesto para sacar adelante una negociación de la que es rehén desde el principio. Las coordenadas del punto exacto donde se encuentra ese secuestrado son 4°35’44.08″N, 74° 4’39.19″O, allí queda la casa de un tal Nariño.

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(Publicado en Periódico Debate, el 22 de abril de 2013)

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abril 22, 2013 | 0 Comments More
Fracasó la marcha de las Farc

Fracasó la marcha de las Farc

La marcha que el gobierno de Juan Manuel Santos organizó en compañía de las Farc, con objeto de promover el apoyo de los colombianos a ese supuesto proceso de paz que se lleva a cabo en La Habana, fue todo un fiasco. El ministro Carrillo había dicho que al proceso era necesario “meterle pueblo”, por lo que el gobierno decidió apoyar la manifestación financiada por las Farc y organizada por su nueva fachada: el movimiento Marcha Patriótica, encabezado por Piedad Córdoba e Iván Cepeda.

Pero, a pesar de los esfuerzos del Gobierno, de que Gustavo Petro también se unió y decretó día cívico para que los funcionarios del Distrito participaran en la marcha y de que llegaron, al menos, 400 buses a la capital, con gentes llevadas de cabestro por el grupo terrorista, la concentración convocó poco más de 50.000 personas, aunque ciertos medios —sobre todo capitalinos— nos quieren meter el cuento de que marcharon más de un millón. La agencia de prensa AFP fue más objetiva y cifró los manifestantes en unos 150.000.

El aforo reconocido de la Plaza de Bolívar, en Bogotá, es de 30.000 personas, y las tomas aéreas mostraron que estaba ocupada, pero muy holgadamente, y que en los alrededores no había más de 20.000 personas. Un funcionario de la Alcaldía de Bogotá dijo, con no poco sonrojo, que la Plaza se había vaciado y vuelto a llenar “unas tres o cuatro veces”, lo que daría un total de 90.000 a 120.000 personas, pero el Secretario Privado de la Alcaldía de Bogotá, Jorge Rojas, no tuvo empacho en afirmar que en la marcha habían participado más del millón de personas.

Esa cifra es, por supuesto, una fantasía. La marcha, en todo el país, fue raquítica. En Medellín se habla de entre 800 y 2.000 personas; eso, a pesar de que entre el Alcalde y el Gobernador suman más de 20.000 funcionarios públicos a su cargo, y que el Grupo Empresarial Antioqueño, cuyos dirigentes se le arrodillan a Santos en pepas de durazno, tiene más de 100.000 empleados. En Cali marcharon 500 personas; en otras ciudades hubo una participación semejante.

Así que si se pretendía enarbolar el argumento de que Santos tiene un mandato popular para hacer la paz, no lo lograron. Por el contrario, quien tuvo un mandato por la paz, como él mismo lo dijo hace poco, fue el expresidente Pastrana, no tanto por el gesto publicitario que le concedieron las Farc con aquella fotografía de Víctor G. Ricardo en compañía de ‘Tirofijo’, luciendo este el reloj de la campaña pastranista, sino por el Mandato Ciudadano por la Paz, iniciativa ciudadana que fue refrendada ampliamente en las urnas el 26 de octubre de 1997.

Santos, en cambio, recibió el mandato de nueve millones de electores, de proseguir con la Seguridad Democrática. Ahora se escuda el Gobierno en el gaseoso artículo 22 de la Constitución Nacional, el cual enuncia que “La paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento”, pero del que no se puede interpretar —sin una ley que lo regule— que implique, literal e ilimitadamente, la materialización de cualquier exigencia. El juramento hipocrático les exige a los médicos salvar la vida de toda persona, pero no los faculta a sacarle el corazón a un aliviado para ponérselo a un enfermo. Luego, tampoco, en aras de la paz, se puede ceder al chantaje y dejar de aplicar justicia; prescindir de ella es desfigurar el Estado de Derecho y entregar el país.

Pero, volviendo a la marcha, fue algo grotesco. Tanto el Ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, como el Comandante de la Policía Nacional, general León Riaño, aseguraron que la marcha fue financiada por las Farc. Transporte, alimentación, camisetas, banderas y demás, requieren muchísimo dinero. Encapuchados coordinando la marcha, banderas del M-19, Cuba y la Unión Soviética, fotos de Chávez y Maduro, efigies del Che Guevara…. Más claro no canta un gallo. Estamos al borde del desastre, mal conducidos por un timonel de nombre Juan Manuel Santos.

(Publicado en el periódico El Mundo, el 15 de abril de 2013)

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¿No estamos inflando a las Farc?

¿No estamos inflando a las Farc?

Lo primero que debe generar un proceso de paz, para que germine, es confianza entre la ciudadanía, cosa que este de La Habana no ofrece porque no se ve que de allí pueda brotar algo similar a la paz que soñamos o imaginamos, sin lo cual la negociación carece de sentido.

¿Por qué no puede esperarse que de este proceso brote un clima de tranquilidad y convivencia? La realidad es que las Farc están muy mermadas, no tienen el poder de sus tiempos de gloria y, aunque siguen representando un grave peligro para los colombianos, no constituyen la primera causa de muerte violenta en el país. Según Forensis 2010 (Instituto de Medicina Legal), el 9,69 por ciento de los homicidios de ese año (1.962 casos de un total de 17.459) fue ocasionado por venganza o ajuste de cuentas; el 5,1 por ciento (891), por riña; el 2,83 por ciento (494), por atraco callejero, y solo el 2,16 por ciento (377) se atribuyó a acción guerrillera. [VER CUADRO AQUÍ]

A su vez, Forensis 2011 les atribuye 269 homicidios a las Farc, 25 al Eln y 71 a otras guerrillas, para un total de 365 víctimas mortales (una diaria), que representan el 2,2 por ciento de los 16.554 homicidios cometidos ese año. [VER CUADRO AQUÍ] Podrían ser más, pues en la mitad de los casos no está identificado el agresor, pero, aunque no sea correcto decirlo tratándose de vidas humanas, son estadísticamente insignificantes.

Por eso, sin querer minimizar el carácter deletéreo de las Farc y el peligro que representan, es forzoso preguntarse qué tanto vale la pena hacerle concesiones a un grupo terrorista que no tiene mayor representatividad en la población, que debería estar derrotado —como las guerrillas peruanas— si no fuera por el apoyo que han recibido de gobiernos vecinos y las vacilaciones de la actual administración, y que no es determinante en nuestros índices de violencia. Es decir, de alrededor de 15.000 homicidios anuales, la ‘paz’ con las Farc nos traería, en teoría, una reducción de 300 muertes. Y digo que en teoría, porque, en la práctica, las etapas de postconflicto suelen acarrear un recrudecimiento de la violencia al transformarse las diversas dinámicas delictivas asociadas al conflicto.

Por su parte, algunos economistas y empresarios lanzan al vuelo cifras alegres sobre el crecimiento del PIB cuando se haga la ‘paz’ con las Farc. Dicen que el incremento sería de por lo menos un punto porcentual y otros se atreven a sugerir que sería mucho mayor. Pero esa es solo una especulación basada en el supuesto de que, si Colombia crece a pesar de padecer una amenaza terrorista, sin esta tendría que crecer mucho más, cosa que no es necesariamente cierta porque la incidencia de las Farc en la economía, para bien o para mal, es marginal.

Algo similar ocurre con la creencia de que sin guerrilla se podrían disminuir enormemente los gastos en seguridad y volcar esos recursos a salud y educación. Cuentas alegres, de nuevo, que se hacen sin considerar lo que ya se mencionó del postconflicto y el problema de que en Colombia hay suficientes actores armados que entrarían a llenar el vacío que dejen nuestras Fuerzas Armadas en las regiones, y eso descontando que la desmovilización de las Farc sea real y no un cuento chino para engañar al país otra vez.

En síntesis, nada nos garantiza que la ‘paz’ con las Farc nos va a significar beneficios en nuestra tranquilidad —que se pueda pescar de noche, como decía Echandía— o en nuestro desarrollo económico. En cambio, hay muchas razones para creer que de ello resultarán enormes perjuicios, como el de abrirle la puerta a una aventura comunista que nos retrasará por décadas. Una concesión desmedida para un enemigo que se podría doblegar aplicando la ley.

(Publicado en el periódico El Tiempo, el 9 de abril de 2013)

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abril 9, 2013 | 3 Comments More
La paz que nos espera

La paz que nos espera

Mientras el gobierno de Santos se desgañitaba pidiendo celeridad en los diálogos de La Habana, los emisarios del grupo subversivo se traían entre manos una nueva sorpresa como fue la del aplazamiento de las conversaciones por tres semanas.

El Gobierno, por supuesto, evitó mostrarse contrariado ante la opinión pública y, más bien, prefirió anunciar la noticia en un comunicado conjunto que no podría hacer más evidente la incoherencia: en cinco meses no se ha logrado finiquitar el primer punto de la agenda (el tema de la tierra) y en vez de agilizar, como ruegan desde Palacio, pensando en los tiempos de la reelección, las Farc meten el partido en la nevera y congelan los diálogos, muertas de la risa.

Pero no fue la única bofetada. Poco antes, con motivo del aniversario de la muerte del criminal ‘Tirofijo’, la guerrilla emitió un comunicado que debe haber causado conmoción en el Gobierno, pues mientras se insiste en que el proceso va viento en popa y que no habrá impunidad, ni atomización del territorio nacional, ni asamblea constituyente, etc., las Farc reiteran, básicamente, todo lo contrario.

En realidad, el mayor enemigo de la paz es la guerrilla. No lo es Uribe, como dice el camarero Carrillo, ni lo somos los demás críticos del proceso, de lo que venimos siendo señalados por el mismísimo presidente Santos desde hace largo rato. No. Con estas bofetadas al proceso, más los crímenes de sangre que perpetran todos los días, las Farc sabotean la negociación porque ellas sí son coherentes en su empeño de mantener la violencia, y durante décadas se han valido de los procesos de paz para obtener réditos políticos, militares y hasta propagandísticos y no para terminar sus días de barbarie, pues no les interesa negociar parcelitas de poder sino alcanzar todo el poder.

La verdad es que a pesar de los finales trágicos de ‘Reyes’, ‘Jojoy’ y ‘Cano’, entre otros, la dirigencia fariana nunca se ha sentido particularmente en riesgo; viven bien, como lo testimonian sus Harleys, sus Hummers y sus Rolex, mientras otros desgraciados son los que hacen de carne de cañón: niños reclutados a la fuerza, indígenas, campesinos… En suma, personas obligadas por sus circunstancias que encuentran en la violencia la única opción laboral, aunque no compartan o ni siquiera conozcan la ideología de la subversivos.

Por eso, los verdaderos prosélitos del comunismo que conforman la elite fariana, ni siquiera se han planteado la posibilidad real de dejar las armas y jugar bajo las reglas de la democracia. Y no se trata tampoco de que teman por su seguridad pues ahí está en la palestra un notable grupo de dirigentes de izquierda, que no corren más riesgos que los líderes de otras corrientes.

Lo que ocurre es que los cabecillas de las Farc siguen cómodos con su papel y no tienen serias intenciones de jugar en democracia porque ese no es su terreno. Ellos no han cejado en su empeño de esclavizar a todos los colombianos metiendo al país a ese club de dinosaurios fracasados que ahora preside el loquito de Corea del Norte, donde cambiaremos los estantes llenos del, según ellos, ‘capitalismo inmoral’, por libretas de racionamiento de paraíso comunista.

Pobreza y oprobio para todos en vez de estantes llenos para cada vez más colombianos. Esa es la paz que nos espera a los que no tenemos forma de largarnos para otra parte mientras muchos de los que nos venden por treinta monedas irán a refugiarse a sus guaridas de París, Londres o Nueva York.

(Publicado en Periódico Debate, el 8 de abril de 2013)

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abril 8, 2013 | 0 Comments More
Las profecías de Fidel Castro

Las profecías de Fidel Castro

Está circulando por Internet un interesante mensaje que devela el fracaso evidente de la dictadura castrista y el hecho de que los propósitos de esa revolución, por lo general, no han tenido éxito. A continuación lo reproduzco para contribuir a la difusión de las tristes profecías de Fidel.

“Tengo la seguridad de que en el curso de breves años elevaremos el estándar de vida del cubano por encima del de Estados Unidos y del de Rusia” (16/02/1959).

“Estamos ya estudiando y preparando los proyectos para desecar la Ciénaga de Zapata, con una capacidad de 15.000 caballerías de tierra, que cuando esté en condiciones de cultivo, va a servir de sustento a decenas de miles de familias cubanas” (15/03/1959).

“En 1970, la Isla habrá de tener 5.000 expertos en la industria ganadera y alrededor de 8 millones de vacas y terneras, productoras de leche. Habrá tanta leche que se podrá llenar la bahía de La Habana con leche” (23/08/1966).

“Si ellos (los gringos) en la Florida han podido desarrollar una gran industria de cítricos, en una tierra peor que la nuestra, no hay la menor duda de que nosotros vamos a tener una industria de cítricos superior a la de la Florida. De eso no hay duda” (08/06/1968).

“(Con) esa conciencia, esa responsabilidad, ese conocimiento, esa organización que ya se ve en nuestro país, y que, sin duda de ninguna clase, augura éxitos aún mayores, de la misma manera que alcanzamos estos 6 millones de toneladas de azúcar, en 1970 se alcanzarán los 10 millones” (07/06/1965).

“Nosotros tenemos que ir elevando, año por año, el rendimiento de los cañaverales, porque Cuba estaba entre los últimos países de producción de caña por hectárea, aunque en rendimiento de azúcar éramos de los primeros, pero la agricultura atrasada, sin técnica, sin fertilizantes, hacía que el promedio de producción por caballería fuese realmente muy bajo” (26/07/1968).

“Parejamente se desarrollará la industria de la sucroquímica, la utilización del bagazo para hacer pulpa, y con los planes de repoblación forestal que se están haciendo, en el futuro podremos mezclar pulpa de bagazo con pulpa de madera y tendremos otro tremendo renglón de exportaciones (07/06/1965).

“(Con) los casi 4 millones de toneladas de miel, se va a desarrollar también la ganadería: utilizaremos la miel como alimento para el ganado, que nos permitirá ser país exportador de carne de res” (07/06/1965).

“Nuestra agricultura estará considerablemente desarrollada para 1970, y se pondrá el énfasis fundamental del país no solo en las industrias básicas, como cemento, electricidad y otras, sino que ya la década de los setenta será la década de las instalaciones industriales, tanto para elaborar los productos de una agricultura desarrollada como para atender todas las necesidades de una sociedad moderna y en avance” (02/01/1968).

“El azúcar es nuestro principal cultivo y quien quiera cualquiera de nuestras mejores variedades de azúcar que la venga a buscar a Cuba. Nuestra ganadería se desarrolla y no tenemos dudas de que será, en el curso de pocos años, una de las mejores ganaderías del mundo, pero, además, seremos productores importantes de carne para los mercados del mundo, en cantidad y en calidad, y seremos productores importantes de cultivos tropicales, y entre los cítricos, nos colocaremos entre los primeros países del mundo, y lo mismo ocurrirá con el café y con el plátano y con la piña” (02/01/1968).

Mejor dicho, con esa letanía de sandeces basta para entender que Fidel fracasó como profeta. No producen, en cantidades importantes, ni leche, ni carne, ni miel, ni cítricos, ni café, ni frutas, ni papel, ni ¡azúcar! Y, por supuesto, están lejos de tener el nivel de vida de los EE. UU., país al que culpan de sus desgracias por el embargo económico al que los somete. Aunque el verdadero problema, como se está demostrando con el caso venezolano, es el modelo socialista. Y pensar que eso es lo que nos pretenden implantar a los colombianos haciéndoles toda clase de concesiones a los terroristas de las Farc.

(Publicado en el periódico El Mundo, el 1 de abril de 2013)

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