En medio de tantos problemas que hay en el país, la semana anterior resultaron dándose golpes de pecho nuestros dirigentes por el problema del desempleo. Medellín resultó ahora con un 22.6% de desempleados y todos los políticos de pacotilla —desde el alcalde para abajo—, se sorprendieron. Cabe preguntarse: ¿es que no se habían dado cuenta?

Hace años que en Medellín no aparecen grandes empresas nuevas y, por el contrario, las que habían se están acabando. Coltejer, Fabricato y demás, ya no son lo que fueron en el pasado.

A raíz de la apertura económica de César Gaviria Trujillo, los despidos masivos y el cierre de empresas han sido el pan de cada día. Nos inundaron de productos extranjeros mejores y más baratos contra los cuales es imposible competir.

La gente no se ha concientizado de que cuando compra artículos extranjeros —sean legales o de contrabando— le están haciendo daño al país. Todos sabían —y se denunció a su debido tiempo— que la apertura económica iba a ser nociva para Colombia porque nuestra calidad y eficiencia no era la mejor. Una cosa es abrir fronteras a vehículos y electrodomésticos, a cosas que no se fabrican aquí, y otra es traer textiles, ropa, zapatos, vajillas, muebles…: de todo…

Si nadie compra lo que su empresa produce, ¿con qué le van a pagar a usted? Es urgente tomar medidas proteccionistas para no acabar la industria pero eso no es suficiente, el Estado está en mora de poner en práctica grandes estrategias.

Yo me pregunto si en México hubieran aceptado que una empresa colombiana les pavimentara las calles, como en Bogotá. Estoy seguro de que no. Colombia debe hacer grandes obras públicas por parte de empresas nacionales y con mano de obra netamente colombiana. También se deben hacer grandes proyectos industriales con auxilio estatal.

El Estado le ha vendido costosas licencias a los grandes grupos económicos para montar canales privados de televisión, sistemas de telefonía de larga distancia, y de telefonía celular. Es decir, para cosas que no generan riqueza, para servicios que no son básicos y no le aportan nada a la macroeconomía del país.

¿Que tal, por ejemplo, si el Estado vende una licencia para producir vehículos con cero impuestos? Hacer carros no tiene ninguna ciencia. El diseño se puede comprar a una firma extranjera, aunque aquí debe haber cualquier cantidad de diseñadores capaces de hacerlo. Las piezas electrónicas se comprarían en el exterior.  Posiblemente, también, el motor.

Se podría hacer un buen carro que costara 8 ó 10 millones con la característica de un Mazda 323 o un Corsa, vehículos que, en Colombia, valen el doble por los altísimos impuestos. Se podrían vender unas 10 mil unidades al año. Si la gente no lo compra el Gobierno podría decretar que los taxis nuevos en todo el país fueran de «nuestra marca».

Una empresa de esas ocuparía por lo menos 10 mil personas y evitaría que gran parte de nuestro capital se vaya para Japón, Corea, Estados Unidos y Francia, mejorando la macroeconomía.

¿Le parece absurdo? En Bogotá hay una empresa de buses que se llama Carrocerías El Sol. Hacen unos buses gigantes de dos pisos, espectaculares, pero el alcalde de Bogotá no quiere tenerlos en cuenta para su proyecto de transporte «Transmilenio».

Peñalosa quiere comprar buses gigantes para la capital. Los extranjeros valen casi mil millones cada uno, los de El Sol valen 300 millones cada uno, pero el alcalde prefiere los extranjeros. El dueño de El Sol dice que le han pedido dinero —por debajo de la ruana—  para poderlo tener en cuenta pero que él no le jala a la corrupción (Agenda CM&, 22 de abril de 1999).

Si Peñalosa le comprara los buses a El Sol, su dueño, un campesino boyacense, se convertiría en un verdadero multimillonario y le daría trabajo por lo menos a mil personas… pero preferimos lo de afuera a costa de nuestro propio bienestar. Los colombianos somos como hienas, nos comemos los unos a los otros. ¿Cómo queremos mejorar así? ¡Colombiano: compre colombiano! ♦

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Posted by Saúl Hernández