Uno en la vida tiene que ser práctico, tiene que empujar para el mismo lado que los demás porque sólo la unión hace la fuerza. Por eso, cuando Andrés Pastrana ganó la presidencia de la República, cosa que me parecía por demás imposible, me puse de corazón a su favor, deseándole la mejor de las suertes y las bendiciones que él tanto pide y que el Señor aun no le concede.

Pocos días después, cuando se le vio en la selva hablando con don Manuel, creí que la paz estaba lista y me pareció heroico que un presidente electo, sin escolta, se metiera en la boca del lobo, que se jugara su propia vida por todos nosotros; fue una cosa digna de un prócer de la patria, que me cambió completamente el concepto que tenía del Señor Presidente. Qué engañado me siento hoy, ¡pura pirotecnia de circo!

Para ser sincero, Andrés me pareció siempre un pendejito, un hijo de rico inútil como todos; porque, ¿cuándo se ha visto que los hijos de rico sirvan para algo? Ésos, por lo general, a duras penas sirven para dilapidar las fortunas que le han costado mucho esfuerzo a sus padres, y no más. Pero Andrés se empecinó en demostrar lo contrario.

A pesar de que aun no cumple su primer año de gobierno —fecha para la que estaba reservado este comentario— no hay que ser Nostradamus para saber qué le va a dejar este Señor Presidente a Colombia. Apenas lleva un año de haberse elegido y ya sus electores lo niegan tres veces antes de cantar el gallo.

Yo voté por Serpa sin mucha convicción, quise votar por Noemí; por antioqueña, por mujer, por verraca, por bonita, pero era obvio que ella no iba a ganar y que nunca va a ganar porque no tiene peso político, y casi me reviento haciendo fuerza para que no ganara el pendejito y advierto: no es una cuestión de partido, he votado «azul» muchas veces.

Sin embargo, había algo que me decía que el hijo de Misael, tan mediocre que ha sido en la vida, no iba a ser un Señor Presidente de lujo como lo necesitamos en Colombia. Y toca decir, con dolor en el alma, que él, antes del año, ya demostró que no es capaz de dirigir el país.

Y digo que con dolor en el alma, porque Colombia está tan mal que uno tiene que estar a favor del presidente —aunque lo tenga en poca estima— a ver si superamos esta etapa negra de nuestra historia. Lo malo es que las palabras de Hernando Santos, el fallecido director de El Tiempo, siguen tomando forma: «A Pastrana no lo van a dejar terminar».

Y ojalá, porque lo terminamos nosotros o nos acaba él. Lo que pasa es que con la esperanza del proceso de paz de por medio nadie le quiere mover la silla, pero si esto sigue así dentro de un año saldrán viejos gagá a armar el alboroto para que el pendejito se vaya con todo y sus bendiciones, a otra parte bien lejana. ♦

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Posted by Saúl Hernández

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