Cuando las autoridades colombianas emprenden una campaña para legalizar el software pirata —léase programas de computador—, a uno le queda, sinceramente hablando, la sensación de que le están contando un chiste. Comprar software legal puede costar tanto o más que el aparatico y ese es un problema que tiene que ver con la capacidad (o incapacidad) adquisitiva del colombiano promedio.

Una de las razones fundamentales de la crisis económica colombiana es que la internacionalización de la economía se ha centrado en la imitación de la estructura económica gringa. No es para que podamos exportar más productos de nuestra fecunda tierra; coliflor, maracuyá, borojó, cardamomo… ¡No!: es para que importemos de todo, hasta maíz y frijoles para poder servir una bandeja paisa.

Para el nivel de vida de Norteamérica, Europa y el este de Asia, es costeable un programa de computador de 150 dólares, resulta módico un CD del insípido Ricky Martin por 14 y posible un campero Mitsubishi de 18 mil dólares.

En Colombia cualquiera de esas cifras es extravagante si se tiene en cuenta que el salario mínimo es apenas de cerca de mil pesos hora. En cambio, en Estados Unidos, un indocumentado se puede ganar 8 dólares la hora lavando sanitarios o demoliendo edificios viejos.

Vistas así las cosas, un obrero gringo necesita 2 horas de trabajo para comprar un disco compacto, un colombiano 4 días; un gringo requiere 2 días y medio para comprar un programa de computador y el colombiano más de un mes. Y del carro ni hablemos: al gringo le bastan 10 meses para reunir la plata; ¡el colombiano necesitaría 16 años sin comer él ni su prole de 8 ó 10 hijos! Aún así hay gente que duda que el problema colombiano es de orden socioeconómico.

En nuestro país los salarios más bajos apenas alcanzan para la subsistencia y, como es obvio, ni siquiera hay nivel de ahorro. Son salarios que se emplean en productos de primera necesidad, lo cual no permite dinamizar la economía porque nuestros obreros apenas ganan para la papa y la panela de la que subsisten otros tantos para hacer lo mismo: comprar papa, yuca y maduro, y así se vuelve un círculo vicioso que nos está llevando a la pauperización total.

No menos grave es lo que está pasando con nuestra clase media, condenada a una canasta familiar llena de artículos que ya no son suntuarios pero que deben pagar a precio gringo con salarios equivalentes —y a menudo inferiores— a los de un obrero yanqui. Celular, computador, CD’s, beeper, carro, TV Cable, seguros y un montón de etcéteras cuyas divisas van a parar a las multinacionales… esa sí es la invasión extranjera.

Para nuestro nivel tercermundista la globalización económica no puede supeditarse a imitar modelos extranjeros; es como cuando a uno le da la ventolera de imitar al rico del barrio, termina con la cuenta en saldo rojo. ♦

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Posted by Saúl Hernández

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