Privatizar es la palabra de moda en Colombia. La ola de privatizaciones va para largo con el ánimo de cubrir el déficit fiscal. Ahora  la marrana gorda es Isagen (empresa generadora de energía). Muchos críticos se oponen con el argumento de que no hay razón para vender algo que da dinero. No obstante, Rudolf Hommes, el ministro de Hacienda de la administración Gaviria —es decir, los que acabaron con el país—, dice que no hay razón para no vender un bien productivo (El Colombiano, 29 de agosto).

La razón, sin embargo, señor Hommes, es el sentido común, cosa que usted no conoce. Uno hipoteca la casa si le toca pero no vende la tienda de la que vive, ni el taxi, ni la máquina de coser; y mucho menos para feriar la plata, para gastársela en las piñatas del poder. Como dijo el historiador y politólogo mexicano, Jorge Castañeda (Revista Cambio, 30 de agosto), el neoliberalismo en Latinoamérica ha llegado a límites insospechados: «Ningún país ha privatizado tanto en Europa, ni ha abierto sus fronteras o desregulado tanto como acá».

Lo que uno se pregunta es qué va a hacer el Estado cuando no tenga nada para vender, cuando no tenga huevos ni gallina. Seguramente echarán mano de nuevos impuestos, incrementarán el IVA al 20%, crearán el 10 x 1000, sembrarán casetas de peaje en las principales avenidas y todo para mantener a la plaga de vagos de la administración pública que se comen una parte del  presupuesto nacional y se roban otra buena tajada.

Mucho se habló de la Reforma del Estado, hasta Valencia Cossio advirtió que había que terminar con varios ministerios, y no se hizo nada con el argumento de no agravar el problema del desempleo. Hace días, Álvaro Uribe Vélez dijo que es necesario acabar con entidades como la Defensoría del Pueblo, que se come 30 mil millones al año sin aportar beneficio alguno. ¡Y qué tal la Comisión Nacional de Televisión! Estos bandidos se gastan 125 mil millones en nada; le dan mil o dos mil millones a cada canal regional y 15 ó 20 mil millones a Inravisión, y el resto se esfuma en el sombrero del mago.

A muchos les parece inmoral la idea de una intervención militar extranjera en Colombia y el Presidente se desgañita advirtiendo que mientras él sea el primer mandatario no la permitirá. Mientras tanto se dedica a vender el país a los extranjeros: ¡eso sí es inmoral!. Lo peor de la venta de Isagen es que se nota el interés —muy sospechoso por cierto— de que quede en manos foráneas, quieren impedir que Empresas Públicas de Medellín la compre dizque para evitar monopolios como si aquí no hubiera ninguno.

Cuando los extranjeros tengan los servicios públicos en sus manos nos van a ahorcar con el cuento de equilibrar las tarifas con los índices internacionales como se ha hecho con la gasolina. Vamos en camino a tener el nivel de vida de Etiopía al mismo costo que podría vivir uno en Miami como una puta de mafioso. Ya el Gobierno se parece a esos culebreros que venden chucherías en el centro, donde todo lo que coja es a 500 ó a mil, a mil, a mil… ♦

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Posted by Saúl Hernández

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