Decía ayer José de Jesús Quintero, el recién liberado Obispo de Tibú, que los grupos guerrilleros se justifican a sí mismos por la corrupción e impunidad del Estado colombiano. Sutil apreciación la del monseñor porque la democracia no es tal si no sirve y la estructura de un Estado debe cambiarse cuando no funciona.

A los niños —los que pueden  estudiar— les dicen que nuestra democracia tiene tres poderes, y los ponen a recitar como cotorras: «¡…ejecutivo, legislativo y judicial…!» y da lo mismo si dicen: «¡…9 x 9 = 99…!» ¿Cómo? Sí, porque ni los mayores sabemos para qué  son los tres poderes o con qué se comen.

Colombia tiene un 96% de impunidad. ¿Para qué es la Rama Judicial? Los jueces se alían con los delincuentes para tumbar al mismo Estado, las cárceles albergan gente inocente, los delincuentes son capturados en flagrancia y soltados en pocas horas por jueces de la República.

Colombia está descuadernada. ¿Para qué la Rama Legislativa? Aquí hay leyes para todo: para impedir lo malo, que nunca se aplican, y para obstaculizar lo bueno (tramitomanía). Esas sí se cumplen al pie de la letra. Los malos congresistas (también los diputados a asambleas departamentales  y los concejales de los municipios) se dedican a robar; al clientelismo y la corrupción. Los menos malos se dedican a legislar cuestiones ridículas como el representante liberal antioqueño William Vélez Mesa, que tiene un proyecto de ley para reglamentar la profesión de peluquero… ¡qué maricada, y el país vuelto pedazos!

Colombia está acéfala. ¿Para qué la Rama Ejecutiva? El Presidente y sus ministros, los gobernadores y los alcaldes, son los llamados a tomar las decisiones con prontitud y efectividad. El Alcalde de Bogotá no ha podido con los huecos, el de Medellín con los muertos, el de Barranquilla con los arroyos; los gobernadores no pueden ni con los pasivos pensionales de sus departamentos y el Presidente… ¿Dónde está el Presidente? ¿Dónde ha estado en los últimos 50 años?

Como los poderes son pa’ poder, para poder hacer vainas y tomar decisiones a favor de todos o de las mayorías, gracias a Dios existe la Corte Constitucional para que tome sabiamente y a tiempo —o aunque sea tarde—las decisiones que necesitamos los colombianos como aquella de «tumbar» el UPAC porque se había vuelto un abuso del verdadero poder (Sarmientoangulos y similares) que los tres poderes se negaron a remediar.

Ese cuento de que a uno le presten 30 millones, a los 4 años haya pagado ese mismo monto pero ya la deuda esté en 80 millones y la propiedad apenas valga 50 es un delito de cuello… Iba a decir blanco pero eso de blanco no tiene nada; eso es tan sucio como una emboscada del Mono Jojoy o un bombazo del finado «don» Pablo. Porque eso sí: en un país democrático cada cual tiene derecho a ser rata a su manera…

Con lo que ha hecho la Corte en sus 7 años, se me ocurre que este país funcionaría divinamente con un sistema político ‘corteconstitucionalista’; sin Congreso, sin Presidente, sin ministros. Así nos ahorramos esa plata —la del funcionamiento legal y la que se roban— y tantos dolores de cabeza que nos ocasiona la fauna política. A Rey muerto, buena es la Corte. ♦

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Posted by Saúl Hernández

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