La acuciosa visita de Manuel Marulanda Vélez a Villa Paz en Los Pozos —corregimiento de San Vicente del Caguán—, coincidió con la llegada a Cartagena de la Secretaria de Estado norteamericana, Madelaine Albright, cuya visita oficial a Colombia tenía como misión principal la de formalizar el asunto de la ayuda monetaria que el presidente Pastrana estaba solicitando para desarrollar el Plan Colombia.

Esa presencia del anciano guerrillero, sin embargo, fue mirada por los periodistas tan sólo como un afortunado obsequio del destino; uno de ellos decía: «Hace años que hablamos de él todos los días pero no lo habíamos podido ver». Otros acotaron que su estadía en Los Pozos le da un nuevo impulso y un renovado aire al proceso de paz.

Esa es una interpretación periodística pobre y superficial. La verdad es que la guerrilla de las Farc está muy preocupada por la ayuda gringa de 1600 millones de dólares que doña Madelaine trajo, de los cuales el 80 por ciento  se destinará a las Fuerzas Militares. Eso, trasladado a pesos colombianos, es una cifra difícil de leer que le va a dar al Ejército, este año, una notable ventaja sobre su enemigo que no tenía desde hace 10 años —por lo menos—, cuando la subversión era todavía un enemigo pobre.

Y esa ayuda la da Estados Unidos aduciendo que es para la lucha contra el Narcotráfico, cuyo cartel principal —aunque los subversivos lo nieguen— es la guerrilla de las Farc. El mismo ELN lo ha venido divulgando porque consideran necesario que su imagen no sea puesta de igual a igual con las Farc, pues no comulgan completamente con sus prácticas. Esto ha desatado ya un enfrentamiento entre ambos bandos no sólo en el terreno ideológico sino en lo militar, protagonizado por el temido frente Carlos Alirio Buitrago del ELN y la cuadrilla novena de las Farc que se disputan el control del oriente antioqueño.

No obstante, las razones esgrimidas por el Tío Sam no son ciertas. A los gringos, por ahora, no les interesa luchar contra el tráfico de drogas simplemente, esa es una excusa para hacerle la guerra, otra vez, al fantasma comunista y para mantener aceitada su máquina de guerra, de la que logran su sustento cientos de miles de norteamericanos.

De hecho, la preocupación de las Farc no es infundada porque el año anterior se comprobó la efectividad de la cooperación logística norteamericana cuando el Ejército dio un fuerte golpe en Casanare, dando de baja alrededor de 100 subversivos gracias al seguimiento satelital que Estados Unidos le hizo a una tropa de las Farc. Además, la guerrilla sabe que este —el de la colaboración económica—, es un paso previo a la temida intervención militar estadounidense en Colombia que podría barrerlos del mapa y convertir este pedazo de Suramérica en un protectorado o en una estrella más de la bandera gringa, por lo que los revolucionarios se escudan en el tema de la soberanía para desacreditar tal intervención entre la opinión pública internacional.

Lo bueno es que el apoyo de Clinton podría disuadir a la guerrilla de las Farc de perpetuar un diálogo que no avanza ni parece sincero, y lo malo es que la derrota militar de la guerrilla los dejaría sin el pan y sin el queso y a Colombia sin la oportunidad histórica de transformar las instituciones en aras de la justicia social. Por eso es que Tirofijo, en Los Pozos, estaba tan atento, tan formal, dispuesto a prestar su toallita —la que mantiene colgada del hombro— para secarnos la sangre, el sudor y las lágrimas que nos trae este nuevo milenio.

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Posted by Saúl Hernández

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