Estando tan cerca de las elecciones de octubre y tras haberse cerrado la inscripción de candidaturas para alcaldías, gobernaciones, asambleas y concejos, es apenas lógico que las campañas se encuentren en plena ebullición y que a diestra y siniestra, se escuchen las mismas mentiras de siempre, las desgastadas promesas que nunca se cumplen porque ello no está en manos de los candidatos.

Los políticos tradicionales colombianos, adscritos a los partidos Liberal y Conservador —aunque muchos insistan en tildarse de ‘independendientes’—, son gente incompetente desde sus objetivos hasta sus procederes. Sólo les afana el poder, el dinero y el poder del dinero; y para ello se valen de dos tácticas: la promesa y el cuidado de la ignorancia.

Ya se oye a los candidatos alimentando las esperanzas del electorado con promesas ilusorias como la de María Emma Mejía, que anuncia bajar el desempleo de Bogotá a menos del 10 por ciento. A ella se unen otros caciques, curtidos en el arte de la promesa —una excelsa forma de mentir—, hablando de ‘empleo de choque’ con el cual prometen miles de puestos reforestando las montañas, limpiando cañadas, cuidando jardines, etc.; o sea, las mismas vainas que prometieron hace tres años los que hoy no están cumpliendo.

Y es que la mentira de los políticos funciona porque el colombiano promedio es ignorante, muchos de los que están por encima del promedio son ignorantes en materia política, por lo menos, y los que están bajo el promedio lo ignoran todo. Al Establecimiento en general, el Gobierno, los partidos y la oligarquía, le conviene que eso se mantenga así porque es la única manera de perpetuar los buenos efectos de las promesas políticas: el mago descubre su truco a un auditorio de retardados mentales y, aún así, los sigue sorprendiendo.

Por eso la educación se desatiende y las propuestas de reformar la pedagogía se desechan —como aquella de la ‘Comisión de Sabios’—. Los medios de comunicación no se censuran sino, lo que es peor, se manipulan o se les ahorca hasta que queden en las mismas manos de los mismos que ya sabemos. Por eso los alcaldes se preocupan más por organizar fiestas populares que por la moral de sus funcionarios y la suya propia. Nos gobiernan las orquestas y el aguardiente, y los escotes de las reinas.

La ignorancia nacional sirve para todo. Para que William Vinasco Ch., sea candidato a la alcaldía de Bogotá por el conservatismo, para que un presidente desahuciado imponga su secretario como candidato a la alcaldía de Medellín (Jaime Arrubla Paucar), y para que los ciudadanos de la capital antioqueña, en la consulta liberal, hayan preferido a Luis Pérez Gutiérrez, puestero, clientelista, promesero, por encima de Edgar Gutiérrez Castro, ex ministro, hijo de esa ilustre dama que fue doña Luz Castro de Gutiérrez, mujer que hizo más obras que cualquier político.

En cada elección, los colombianos todos, que carecemos de memoria, nos prestamos al mismo juego. Las minorías que votan lo hacen por un puesto —los más afortunados, claro— o por un plato de sancocho. Algunos más no piden nada pero están anclados en la memoria y sólo palpitan por el color de un trapo. Los godos votan azul cualquiera que sea el candidato y los liberales hacen lo propio (votan ‘rojo’), todavía pensando en Gaitán. Los que no votan se abstienen por desidia, pereza, apatía, etc., y todos ignoran que directa o indirectamente contribuyen a la catástrofe nacional.

Los candidatos independientes que no tienen afán de lucro ni vanidad por el poder son generalmente relegados al sótano de las encuestas y apenas se notan en el resultado de los comicios. A veces ganan, como Antanas Mockus, y se van sin terminar su periodo, alebrestados, pensando en destinos superiores, por carencia de cultura política. De ahí que las cuadrillas de políticos de tradición se mantengan: saben al dedillo los secretos de su profesión y han moldeado el Estado a la medida de sus necesidades. Por eso no hay que ser muy inteligente para saber que nuestro pueblo masoquista va a elegir a los mismos promeseros de siempre y las consecuencias serán las mismas: más corrupción, más pobreza, más ignorancia, más violencia.

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Posted by Saúl Hernández

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