Semanas atrás, miles de personas realizaron jornadas de protesta en Quebec, Canadá, durante la Cumbre de las Américas, donde uno de los temas a discutir era el de las golpeadas economías latinoamericanas. Pero a pesar de que entidades como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Interamericano de Desarrollo insisten en que su labor no tiene otro propósito que combatir la pobreza y el subdesarrollo, el manido tema de la globalización económica está propiciando la peor miseria de la historia.

La apertura económica en Colombia, fundamentada en la presunción de que obligar a nuestras empresas a ser más competitivas era benéfico, además de privatizar las empresas nacionales y entrar en el terreno salvaje de las concesiones, está obligando a nuestros empresarios a apagar las luces y largarse a Miami. Las encuestas con grandes, medianos y pequeños empresarios indican que el modelo económico es más terrorífico que el Mono Jojoy y el desempleo lo confirma.

La economía colombiana no se está reactivando ni lo hará mientras se mantenga el orden dictado por las multinacionales, colosos contra los que es imposible competir sin optar por un doloroso ahorro de costos que siempre involucra despidos masivos a raíz de las fusiones, absorciones y cierres que están a la orden del día en nuestro país. El gobierno obedece a ciegas las normas dictadas con base en las políticas de mercado de los países industrializados como la reciente orden de abrir el mercado de las telecomunicaciones, poniendo en peligro a Telecom, Orbitel y demás empresas que frente a AT&T no tendrán mucho que hacer.

La lista de empresas que se han vuelto historia es larga pero hay casos resonantes. Cemento Argos cerró su planta, hoy es sólo un holding que especula en el mercado de capitales y recibe las ganancias de otras cementeras de su propiedad. Siderúrgica de Medellín (Simesa) también cerró su planta, el nombre se mantiene como propietario de Siderúrgica de Boyacá. Las aerolíneas Avianca y Aces se fusionan para salvarse mutuamente mientras el Éxito se traga a su clásico adversario, el Ley (Cadenalco), y Fabricato hace lo propio con Tejicóndor.

Hay sectores completamente destrozados. Las programadoras de televisión, enraizadas en el sentir de los colombianos en los últimos 40 años, ya no existen. Punch, Producciones JES, 24 Horas, RTI y muchas más se fueron al olvido. El producto de la TV por cable y los sistemas satelitales (DirecTV, Sky) se va casi todo para el extranjero. Celumóvil es Bellsouth, Codensa es de Chile, el Cerrejón ya se regaló, del petróleo nos dejan migajas, goteras. Los españoles no fundan empresas nuevas, compran bancos viejos para extraer sus ganancias.

Las fronteras están abiertas no ya a la inversión extranjera sino a la invasión y el saqueo, mientras las de los países ricos están cerradas para nuestros productos y para nosotros mismos. Como si fuera poco, lo mejor de nuestra tierra ya no se vende: el banano se muere si nos quitan la cuota exportadora, las flores dizque ya no son negocio, el café ahora sí se acabó, ya es mejor el de Vietnam, y la coca es de las Farc. Un país con ese modelo no sobrevive. Por lo menos, tenemos gente que protesta a nuestro favor allá donde están las causas del infarto, donde toman las medidas que en realidad nos están sacando del subdesarrollo pero para alinearnos junto a países como Etiopía, Somalia y similares. ·

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Posted by Saúl Hernández

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