El afán de los colombianos por alcanzar la paz y el inefable deseo de disfrutarla algún día no debería traducirse en un intento por lograrla a cualquier precio sin medir las verdaderas consecuencias de los actos y las decisiones resultantes de los diálogos entre el Gobierno y la subversión. Los rumores que se han intensificado en los últimos días acerca de posibles pactos secretos entre el Gobierno de Andrés Pastrana y la guerrilla de las Farc no son un buen augurio sobre el futuro próximo del país y contribuyen a generar un clima de desconcierto y desconfianza hacia un gobierno que ha equivocado sus políticas, tal vez por la ambición de figurar en la historia y deslumbrar a tirios y troyanos con un Nobel de fantasía que frente a nuestra realidad no vale un ápice, mucho menos que el premio ‘Colombia sin Aftosa’.

Los hechos sucedidos recientemente demuestran que entre gobierno y guerrilla hay un  concubinato de cuya unión la paz es el más improbable resultado. El primer logro de los subversivos ha sido conseguir que el gobierno combata el paramilitarismo dedicando casi tantos esfuerzos como lo hace para combatir a la misma guerrilla, de manera tal que ésta gana por punta y punta, el enemigo se reduce; menos paras, menos Ejército. La tapa de todo esto fue el operativo desarrollado por las autoridades contra los ganaderos de Córdoba, supuestos financiadores de las autodefensas, lo que constituye un golpe frontal a la base del problema que nunca se ha emprendido con tanto ahínco en contra de la misma subversión.

El canje pactado recientemente, que ha sido denominado de forma eufemística como ‘intercambio humanitario’, le sirve a la guerrilla para aparentar que su pretensión es firmar la paz, cuando, en verdad, la forma en que ha encarado el proceso de negociación demuestra que para ellos no es más que una herramienta política para alcanzar la victoria y no un medio para acogerse a la vida civil. El hecho de liberar 142 uniformados a cambio de 15 guerrilleros cuyo estado de salud no es tan grave, les conviene para mejorar su imagen interna y externamente, además de ahorrarse altos costos de manutención y vigilancia de unos hijos del pueblo que no le interesan a nadie.

Las Farc lograron hábilmente sacarle el mejor provecho posible a sus prisioneros de guerra y el gobierno de Pastrana siguió metido en la trampa sin poder salir de ella. En más de dos años que lleva el proceso, ésta es la única decisión o acuerdo palpable al que se ha llegado pues el gobierno se ha dejado llevar de cabestro, ahogado en temas insustanciales como aquellos referidos a los procedimientos del diálogo y ese sartal de majaderías de las ‘audiencias públicas’, todo lo cual le ha caído de perlas a ‘Marulanda’ y sus secuaces para ganar tiempo y reconocimiento político internacional.

El gobierno, en cambio, no le saca partido a nada y no ha hecho otra cosa que ceder a cada pretensión guerrillera. Hasta ahora ha sido incapaz de poner sobre la mesa los temas verdaderamente importantes como el secuestro, el uso de pipetas de gas, el reclutamiento de menores, los ataques a la infraestructura energética y lo más importante: el cese al fuego. Si para obtener el canje fue necesario dialogar más de un año (también por culpa del Estado que se enfrascó en análisis inútiles sobre su constitucionalidad), ¿qué diremos de los temas sustanciales?

Lo que se le está diciendo a la opinión pública es que somos incapaces de resolver el conflicto no sólo porque la guerrilla no quiere sino porque el Estado es incapaz de poner en práctica políticas conjuntas para desarticular los factores de guerra y, dada su desinstitucionalización progresiva, será más incompetente para hacerlo lo que envía una mala señal a los inversionistas y redunda en el pésimo estado de la economía.

Hay que recordar que al principio de los diálogos de paz se llegó a plantear la posibilidad de reformar la Constitución Nacional para permitir una reelección del señor Pastrana con el fin de asegurar que el proceso de paz se pudiera culminar de manera exitosa; se comprendió que las Farc ven al presidente como un idiota útil a sus oscuros propósitos. El año anterior, Marulanda descalificó a Álvaro Uribe Vélez como candidato a la presidencia y este fin de semana el mismo Uribe aseguró que hay maniobras para simular avances en el proceso que inclinen la balanza a favor de un candidato continuista que recibiría el guiño de las Farc.

Por eso tantas concesiones de Pastrana, seguro de figurar como un héroe pacifista sin sospechar que sólo está facilitando la victoria de una guerrilla soberbia y vengativa que va a terminar quemando la casa. Pero como dice Hans Küng*, “Un pacifismo absoluto para el que la paz es el supremo bien al que todo ha de sacrificarse resulta irresponsable. El derecho a la legitima defensa, según el artículo 51 de la carta de la ONU, no queda suprimido ni siquiera en virtud del Sermón de la Montaña: la exigencia de rehusar la violencia no ha de interpretarse al pie de la letra y de modo fundamentalista. El pacifismo no basta para preservar la paz. Se necesita, no una paz cobarde, sino una paz basada en la justicia, lo cual requiere a veces defender a los agredidos y desarmar a los agresores. A algunos ‘paladines de la paz’ habría que decirles: ¡la simple actitud moral, sin reflexión, puede acarrear efectos catastróficos!”. ·

*Küng, Hans, El Judaísmo Pasado Presente Futuro, Edit. Trotta, 1998, pág. 578 y 579

También le puede interesar

Posted by Saúl Hernández

Deja un comentario