El sitio de captura de un delincuente no puede determinar la diferencia entre un arresto y un secuestro como lo dan a entender, irresponsablemente, algunos medios de comunicación.

El escándalo suscitado por la detención del canciller de las Farc, Rodrigo Granda Escobar, supuestamente en caracas, no tiene ningún sentido. Las Farc y sus acólitos se valen del cinismo y el absurdo para desviar la atención: si la guerrilla extorsiona, dicen que es un impuesto; si secuestran —niños, incluso—, que es una retención; si el Gobierno condiciona la extradición de un guerrillero, es un chantaje; y si les capturan a un subversivo en Venezuela —donde se mueven a sus anchas— es un secuestro. ¿Qué tal? Y esos galimatías son promovidos por medios de comunicación que no son de la guerrilla sino de la oligarquía. ¿Cómo es posible que la prensa colombiana se deje manipular de esa manera?

El sitio de captura de un delincuente no puede determinar la diferencia entre un arresto y un secuestro como lo dan a entender, irresponsablemente, algunos medios de comunicación. Cuando hay de por medio una orden de captura, ejecutada por representantes de la Ley, el término ‘secuestro’ no cabe ni se puede hablar de violación del debido proceso pues en el término de la distancia —bien sea desde Cúcuta o desde Caracas— el reo se puso a disposición de la Fiscalía y luego de un juez, además se le permitió la asistencia de un abogado. Si las autoridades capturan en un lugar ajeno a su jurisdicción se podría hablar de intromisión en la soberanía de otro Estado pero jamás de secuestro. Además, a la luz de las nuevas teorías de la Justicia —también globalizada— no son admisibles las divisiones fronterizas que los delincuentes suelen aprovechar para burlar la Ley.

Si acaso se desarrolló en Caracas una operación encubierta es porque todos los indicios permiten inferir —y ahora quedó en evidencia— que Venezuela, al menos por ahora, no entregaría un pez gordo de las Farc. Una cosa es José María Ballestas, ficha de quitar y poner, y otra cosa son Granda o Raúl Reyes, del que se rumora era tras quien iban los sabuesos de la Policía. Si bien es cierto que ese país extraditó al Perú un peso pesado como Vladimiro Montesinos y que Ecuador nos permitió la captura de Simón Trinidad en su territorio, son numerosos los casos en que la comunidad internacional no ha sido solidaria con Colombia en la lucha contra unos grupos que encabezan todas las listas del terrorismo en el mundo. Está el caso de la Ong danesa ‘Rebelión’; el del guerrillero Jairo Cuarán resguardado en Chile; el de las emisoras de las Farc en Suecia y sus sitios de internet en Dinamarca; o su reciente presencia en la feria comunista de París.

Que estos delincuentes se pasean por el mundo justificando sus crímenes ante auditorios idiotizados que consideran que sus procederes están bien para países  indómitos e incivilizados es llover sobre mojado. Y mientras aquí los terroristas secuestran y matan, las autoridades no tienen porqué cruzarse de brazos y hacer el papel del tonto que ningún Estado hace. Este tipo de intervenciones son normales tanto en tiempo de paz como de guerra. Que lo digan los servicios secretos de casi todas las naciones: la CIA, la vieja KGB, el Mosad. No se puede permitir que el territorio internacional siga usándose como refugio y plataforma de lanzamiento de la violencia. Los terroristas reciben instrucción en el extranjero, atención médica, recursos económicos, armas, apoyo político y hasta condecoraciones. Luego matan a nuestros ciudadanos, los secuestran, los extorsionan, los roban, destruyen sus posesiones y sus vidas. Por eso, ¡que no venga nadie a decirnos ahora cómo y dónde capturarlos!

Es bueno que los delincuentes reciban el mensaje de que no hay lugar seguro sobre la Tierra, que no hay refugio invulnerable ni escondite perfecto, y que su cinismo no les va a servir de nada tras las rejas. Esos son los beneficios de la voluntad política del Gobierno colombiano y la valentía de los miembros de  nuestros organismos de seguridad. Resta que a Granda también lo pida Estados Unidos y Uribe lo use de comodín en ese chantaje que ofrece las Farc, intercambiar delincuentes por secuestrados. Ya veremos si le dan la espalda a otro de los suyos.

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Posted by Saúl Hernández

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