A NADIE le quedan dudas de que la economía colombiana está creciendo al 6 por ciento y, probablemente, al 6.5. Así lo demuestran todas las cifras que pueden recogerse para el análisis. El  crecimiento de la producción industrial, hasta octubre,  es de 8.56%; las ventas minoristas, también hasta octubre, aumentaron en 12.95%; la construcción se incrementó el 28.2% en el primer semestre; el recaudo de impuestos a julio subió 19.1%, o sea 1.3 billones de pesos por encima de la meta; las exportaciones, 15.689 millones de dólares hasta agosto, constituyen un 14.3% más que en 2005; la inversión  registró un incremento de 31.68% en el segundo trimestre; el crecimiento en la cartera de préstamos es del 27.7%, llegando a 81 billones de pesos; el mismo sector financiero ya pasó de 3 billones de ganancias en el año y el sector agropecuario aumentó un 4.3% estimado en el tercer trimestre gracias a la producción de café.

Y si miramos por subsectores el resultado es igual, desde las ventas de vehículos hasta el consumo de alimentos que es uno de los indicadores más sensibles de la economía porque, obviamente, pocos pueden  comprar vehiculo pero la alimentación es perentoria. Ante este panorama es lógico que muchos se pregunten por qué el Dane revela unas cifras de desempleo crecientes mientras la economía está disparada. Lo ilógico es el oportunismo político que pretende tapar el sol con un dedo y argüir que la economía no está tan bien como lo demuestran los indicadores. Incluso, algunos oportunistas (opositores) que se creen más inteligentes, lo que cuestionan es por qué Colombia sólo crece al 6 mientras países como Argentina y Venezuela apuntan a más del 8%, o por qué Colombia estuvo en 2005 muy por debajo del promedio de crecimiento de la región y concluyen, astutamente, que el gobierno de Uribe ha tenido grandes errores que han echado por la borda la oportunidad de un crecimiento mayor. En este grupo se incluyen quienes atribuyen el crecimiento a los altos precios de los commodities (petróleo, carbón, ferroniquel) que Colombia exporta y a la buena situación económica mundial. Como quien dice, igual o mejor crecimiento habríamos tenido con las administraciones desastrosas de los mandatarios recientes si hubieran tenido el barril a 60 dólares…

No nos engañemos. El factor ‘confianza’ ha sido determinante para que se den estos resultados económicos. Aún hay quienes no quieren entender que lo que más necesitan los ciudadanos para prosperar, desde el buhonero que vende chicles y cigarrillos en la calle hasta el más grande empresario, es la seguridad que le brinde confianza de que su esfuerzo no se va a evaporar en un abrir y cerrar de ojos, de manera sistemática, como si no hubiera más oportunidad en esta tierra de Dios que vivir en un estado de naturaleza que desconoce cualquier contrato social.

Sin esa seguridad cualquier esfuerzo estatal es nulo. No sirve la apertura de los mercados ni su regulación, son estériles tanto la inversión pública como la privada, no vale la pena una mínima inflación mientras galopa el desempleo y, por supuesto, no hay crecimiento sin inversión, la cual es inviable donde no hay un ejercicio constitucional del orden. El lema del escudo colombiano es diciente: “Libertad y orden”, sin orden no hay nada.

Ahora, ¿por qué la discrepancia entre crecimiento y empleo? Tal vez no hay tal discrepancia. Es evidente que si el Dane cambió la metodología y ahora está presentando una medición más ajustada a la realidad lo normal es que aparezcan más desempleados de los que habían antes. Es ridículo que ahora se piense que el Gobierno estaba manipulando las cifras para mostrar un panorama mejor que el real, acaso con miras a la reelección, y que ahora se hace el harakiri mostrando la dura realidad. Eso es absurdo, el único perdedor es el Gobierno.

Las nuevas cifras del Dane, vistas desde el ángulo político, lo que demuestran es que la entidad es independiente pues si el Gobierno incidiera en sus labores jamás hubiera permitido ventilar las desnudeces de la nueva metodología porque, como se ha visto, golpean la imagen de la actual administración. Algo tendrán que ver estos datos en los once puntos de favorabilidad que el presidente Uribe ha perdido en las encuestas. Pero, entre analistas acuciosos, debería ser una tranquilizadora muestra de autonomía y fortaleza institucional, y de confiabilidad de las cifras, lo que tarde o temprano redundará en más confianza para la inversión.

Pero ¿el desempleo ha crecido o ha decrecido? Las cifras de crecimiento de la economía son mucho más halagadoras que los indicadores de aumento de nóminas y de formalización de empleos pero no son aisladas. Tanto las cajas de compensación como los fondos de pensiones, cesantías y seguridad social, han registrado importantes afiliaciones este año pero ello crece de manera más lenta que como lo hace la economía.  Sabemos que la economía de mercado irriga sus beneficios de arriba abajo; es decir, que a los de abajo les llega cuando la ávida copa de los de arriba se derrama. Esto no es mamertismo ni resentimiento social, es sociología y antropología.  El comunismo fracasó por ser contrario a la naturaleza humana; el hombre es solidario, sí, pero cuando se ha saciado, no antes.

Con toda claridad se ha dicho que el desempleo y la pobreza retrocederán con crecimientos del 7% sostenido durante varios años y en ausencia de recesiones que en dos años nos dejan de nuevo en la edad de piedra. Algunos aducen que tener desempleo de un digito será imposible en tanto que la búsqueda de la eficiencia y la competitividad remplace varios obreros por una máquina. ¿Cuál es el límite? ¿Dónde está el delicado equilibrio entre ser competitivos y pauperizar a tal grado la economía que no haya demanda interna, se agrave la pobreza y se incremente la concentración del ingreso  de manera repugnante? Una clase política juiciosa podría debatir estos temas de forma que no se produzca una grave desestabilización política en el futuro. En cambio, gran parte de la clase política actual intenta es desestabilizar ahora con la pataleta de que el Dane se inventa las cifras y eso les parece más importante que los resultados palpables de un año de crecimiento.

Especial para Tribuna Foro Democrático (http://www.tribunaforodemocratico.com/)

 

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Posted by Saúl Hernández

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