La crisis de Buenaventura es descomunal. Pero igualmente es una voz de alerta de lo que puede venirnos en adelante en materia de infraestructura. Que puede ser aún peor si no se toman correctivos oportunos.

El puerto sobre el Pacífico está al borde de la catalepsia. No ha podido absorber el aumento de carga que se ha presentado últimamente. El incremento del tonelaje de las importaciones provenientes de China, por ejemplo, ha sido del 56 por ciento en el último año. Las inversiones en el puerto se atrasaron. El dragado ha sido insuficiente y tardío.

Las vías de acceso al recinto portuario también se han tardado más de la cuenta. Y qué no decir de la carretera Buga-Buenaventura que está pidiendo a gritos una solución definitiva.

Ya varias navieras han desviado sus itinerarios hacia los puertos de la costa atlántica; el país está desaprovechando la oportunidad de convertirse en un centro de distribución y trasbordo de carga en el Pacífico. Y lo que es más grave aún: varios clientes -como está sucediendo con el caso de los tostadores de café- están exigiendo que sus embarques se despachen desde los puertos del Atlántico a pesar de que las cargas se generen en el centro o sur del país. Ésta sola exigencia le está imponiendo a las exportaciones de café un sobrecosto de un centavo de dólar por libra, lo cual, en el aguerrido mundo de la competencia cafetera internacional, resulta un lastre inmenso. Analdex habla de sobrecostos del orden del 28 por ciento que estarían sufriendo las exportaciones colombianas por la emergencia en Buenaventura.

En este preciso momento cerca de un 40 por ciento de las vías de tránsito al interior del puerto están atiborradas de containeres que impiden el flujo normal de vehículos en el recinto portuario. La sociedad concesionaria está haciendo a las volandas algunas inversiones apremiantes. Pero lucen tardías para la gran urgencia que está viviendo Buenaventura. Por ejemplo, acaba de adquirir una grúa pórtico que debe incrementarle un 33 por ciento la capacidad de manipuleo de containeres al puerto (Buenaventura tiene apenas dos de estas grúas mientras que Cartagena tiene cuatro). Sin embargo sólo la recibirá dentro de nueve meses, pues es tal el pedido de estas grúas en todo el mundo que los constructores están copados.

Al presenciar lo que viene sucediendo en la carretera Buga-Loboguerrero-Buenaventura (por la que se mueve cerca del 50 por ciento del comercio exterior del país) uno se pregunta qué tan bien diseñado ha sido el famoso plan 2500 que se suponía iba a intercomunicar a las regiones del país con las grandes troncales y a consolidar éstas.

Terminó siendo un abigarrado inventario de carreteritas locales nacidas más al calor de los consejos comunitarios que de un verdadero programa de interconexión estratégica del país.

En el congreso de la Andi del mes pasado se aireó esta preocupación. Y quedó flotando en el ambiente de todos los asistentes que no hay políticas claras por parte del Gobierno para enfrentar los grandes retos de infraestructura que plantea la internacionalización de la economía. No se encontró claridad por parte del Ministerio de Transporte sobre si están interesados en enrumbar el país por un camino moderno de concesiones. O si vamos a seguir pretendiendo que el presupuesto público siga haciéndose cargo de todo.

Porque si es así, no vamos a terminar haciendo nada importante. Por ejemplo, cuando se revisa el documento "Marco Fiscal de Mediano plazo" que es la proyección fiscal para el decenio 2007-2017 se ve claramente que allí no hay espacio fiscal alguno para -con dineros públicos- enfrentar ningún emprendimiento de infraestructura física que valga la pena. En este documento se constata que para la famosa "agenda interna" no existen recursos públicos importantes. Lo que no se haga de la mano con el sector privado se quedará en buenas intenciones y en anuncios.

Si esto es así, es imprescindible apoyarse al máximo en el sector privado (como se ha hecho recientemente, hay que reconocerlo, con Eldorado y la refinería de Cartagena) modernizando, por ejemplo, la Ley 80; y brindando claridad gubernamental en las políticas de concesiones. Las que ya están en marcha y las que habrán de venir.

De lo contrario, lo que estamos presenciando en Buenaventura por estos días no será más que un amargo abrebocas.

Posted by Invitado

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