Querido y admirado profesor: no me cabe duda de que su acto ha sido heroico. Ha vencido la indiferencia con su paso decidido y su ánimo inquebrantable, y ha logrado mantener viva esa llama de indignación que se prendió con el asesinato de los once diputados del Valle y se manifestó en las marchas del 5 de julio.

Sin embargo, me atrevo a expresarle, respetuosamente, que usted está incurriendo en el mismo error en que ya habían caído los familiares de otros secuestrados que, al ponerse en contra del Gobierno y a favor de las Farc, terminaron convirtiéndose -ellos y sus parientes en el monte- en piezas de guerra que la subversión blande como espadas para obtener eso que para ellos es un triunfo pero para Colombia una derrota: el ‘acuerdo humanitario’.

Cuando usted inició tan épico peregrinaje, todo parecía indicar que su clamor retumbaría prístino y puro, ajeno a cualquier mácula ideológica que profanara su cruzada. Mas, lejos aún de la Plaza de Bolívar, su discurso presagiaba un sesgo efervescente, lleno de ceguera y obcecación. Eso de que el Presidente es una “tapia” o que le daban ganas de “encuellarlo” es apenas anecdótico; lo verdaderamente grave es que usted, en vez de clamar por la libertad de su hijo -y de los otros secuestrados-, se limitó a exigir el ‘acuerdo humanitario’ como si se tratara de dos cosas idénticas o consecuentes. Y no es así.

Lo uno, automáticamente, no conduce a lo otro. Y como a usted, profesor, lo que le interesa es la libertad de su hijo, y para eso no se requiere más trámite que la buena voluntad de los captores, queda la sensación (y la evidencia) de que está presionando en el lugar equivocado -vaya uno a saber por orden o por malévola sugerencia de quién- y colaborando activamente para que la libertad de su hijo se enrede todavía más.

Profesor, es un hecho que a la guerrilla no le interesa el canje porque de él no consigue dividendos apreciables; le interesa es la mecánica en la que se entraría para negociar el acuerdo porque de esa manera volvería a saborear las dulces mieles del despeje del Caguán, donde ganó en muchos aspectos sin negociar nada. ¿45 días? ¿Despeje de dos pueblitos? No, este es un juego interminable si las Farc no tienen disposición de ánimo para devolver a los secuestrados y no creo que haya un solo colombiano que les reconozca ese empeño. Esa vaga esperanza solo cabe en mentes calenturientas, ingenuas o adoloridas como en su caso, respetado profesor.

Yo no sé si su intención sea la de caldear ánimos y provocar revueltas, me cuesta trabajo creerlo, pero esa soflama, esa perorata efectista sobre la pobreza es la misma monserga retórica, confusa y amañada que utiliza la subversión para justificar la violencia. Lamento que haya transformado el discurso humanitario en arenga política para poner en tela de juicio el modelo económico del país -¡e instar al Presidente de la República a socializar sus haberes!-, porque eso mina su independencia y socava su credibilidad. Su imagen podría mudar de héroe a emisario, y eso no vale ni una llaga de las que ulceraron sus pies. Además, ¿cómo es eso de que no quiere hablar con ‘Granda’, porque no tiene “nada que ver”? Ningún presidente francés aboga por alguien que no tiene “nada que ver”. Quien le haya dicho eso debe ser el mismo que lo mandó a presionar al Gobierno. O lo están usando o lo están asesorando muy mal.

Mi estimado profesor Moncayo: a pesar de todo, considero que su causa debe recibir todo el apoyo porque creo que ese esfuerzo suyo podría arrojar resultados positivos si se orienta mejor. Usted debería ir a la ONU, a la OEA, al Parlamento Europeo y presentarse ante gobiernos y medios de comunicación de todo el mundo para pedir la libertad de su hijo sin caer en el juego de la guerrilla. No se deje usar, todos queremos que usted se adjudique esa victoria pero sin propiciarle derrotas al país ni conquistas al verdugo.  ·

Publicado en el periódico El Tiempo, el 7 de agosto de 2007

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Posted by Saúl Hernández

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