El regionalismo exacerbado no es más que parroquianismo, sensación de inferioridad y carencia de autoestima por la comarca o el terruño. La competencia en sí, es sana, pero no cuando implica actitudes rabiosas hacia compatriotas de otras provincias (o de la capital), sin que medien siquiera razones de algún fondo —si acaso eso las justifica— como las diferencias religiosas, étnicas o raciales. Colombia es toda igual, carente de abolengos y dignidades absurdas. De ahí que unas regiones no son más que el espejo de otras, donde convendría copiar las cosas buenas y aprender de las malas. La rivalidad entre regiones debería ser algo positivo que aporte al desarrollo y no una burda reyerta en la que todo se nivela por lo bajo.

No es un secreto que existe en casi todo el país un tufillo de envidia y resentimiento hacia Antioquia. Muchos columnistas de prensa no hacen esfuerzo alguno por ocultarlo y ciudadanos de otras regiones que opinan en la radio y en sitios de Internet, no pierden oportunidad para despotricar de esta región. Pareciera que, sólo por ser antioqueño, el Presidente es ‘paraco’, Botero no es un artista sino un estafador “que quebró una empresa publicitaria”, el Metro nos lo regalaron y el Bancolombia es robado. Nos queda el consuelo de que mientras se estigmatiza a los costeños con el señalamiento generalizado e injusto de ser perezosos y corruptos, a nosotros nos odian por laboriosos, diligentes e ingeniosos, o por verracos, como decimos aquí; o sea que la virtud es pecado.

El regionalismo vulgar y jactancioso se caracteriza, a menudo, por inventariar majaderías en favor de unas regiones y en descrédito de otras. Se hace gala de una soez vanagloria por cosas sin importancia como el tener más especies de aves o ser los primeros productores de yuca o de aguapanela. Nos solazamos viéndonos el ombligo porque la ignorancia supina nos hace creer centro del mundo, por eso no hemos superado la mula ni los reinados de pueblo.

Una clasificación que sí vale la pena es la que elabora en 29 países el Great Place to Work Institute (http://www.greatplacetowork.com.co/), con el fin de determinar cuáles son las mejores empresas para trabajar de acuerdo con la opinión de sus propios empleados, teniendo en cuenta una serie de factores que elevan su calidad de vida, su productividad y la competitividad de la empresa. En el ranking del 2006, aparecen siete empresas antioqueñas entre las diez primeras y cuatro más en el escalafón total de 25. Es decir, once empresas de la región se destacan dentro de ese análisis, lo que demuestra que aún hay un gran empuje y unos valores que se deben preservar.

Las empresas ‘antioqueñas’ que figuran en la lista son: Sofasa (primer puesto), con 36 años de permanencia en Envigado aunque sus propietarios son las multinacionales Renault, Toyota y Mitsui; Colombiana Kimberly Colpapel (puesto 2), que fue fundada en Barbosa en 1968, pero hoy tiene plantas en Tocancipá (Cundinamarca) y Puerto Tejada (Cauca), y oficinas en Bogotá; Almacenes Éxito (3), la mayor empleadora del país, ahora bajo propiedad del grupo francés Casino; Protección (5), Suramericana de Seguros (6), Suratep (7), Bancolombia (12), Leasing Bancolombia (21) y Susalud (23), empresas del Grupo Empresarial Antioqueño;  Interbolsa (9), empresa fundada en Medellín en 1990 que hoy domina el mercado accionario del país; y Construcciones El Cóndor (puesto 18), dedicada a la construcción de obras públicas por concesión.

El mérito es mayor si se considera la competencia hombro a hombro con verdaderas multinacionales como Rohm & Haas (que elabora productos químicos, puesto 4),  las farmacéuticas Roche (8), Wyeth Consumer Health Care (16) y Laboratorios Wyeth (25); las multinacionales peruanas de cosméticos Belstar (10) y Yanbal (20); la multinacional Diageo (22), líder mundial en el sector de bebidas alcohólicas; y poderosas corporaciones como Telefónica (11), Microsoft (13), Petrobrás (14),  McDonald’s (17) y  Goodyear (24).

Esto no es regionalismo sino prueba de un liderazgo que se debe preservar.  ·

Publicado en el periódico El Mundo de Medellín, el 5 de febrero de 2007

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Posted by Saúl Hernández

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