Hace unos días leí en Portafolio (enero 22 de 2007) que unos economistas australianos pretenden remplazar la Big Mac por el iPod para calcular la paridad cambiaria de las economías. Esto por considerar que el valor de las hamburguesas de McDonalds, que fuera convertido por el magazín británico The Economist, en 1986, en un excelente instrumento para calcular algunos parámetros económicos entre países, no ofrece la precisión que se quisiera.

No hay duda de que la marca de los arcos amarillos fue uno de los puntas de lanza de la globalización. Sus  populares hamburguesas se conseguían ya por esa época en casi todo el mundo —menos en Colombia—, por lo que su precio de venta se convirtió en un dato de gran utilidad (el ‘Big Mac Index’) para efectuar comparaciones entre unas economías y otras.

Por supuesto que hubo marcas y productos que penetraron las economías del mundo mucho antes que la Mac, como la Coca Cola por ejemplo, pero al magazín le pareció más útil lo de la hamburguesa por contener diversos y numerosos ingredientes y por sus procesos de elaboración y venta estandarizados a nivel mundial. Sin duda, vender una Big es un proceso complejo que requiere un tipo de carne determinado e igual, bien sea en Sao Paulo o en Bombay, papas del mismo largo, los mismos panes, el aceite de iguales características, etc. De manera que si el precio de una de estas hamburguesas es mayor en Ámsterdam que en Lima no es necesariamente porque se esté devaluando la moneda peruana. A lo mejor hay escasez de papa en Holanda o su mano de obra es muy costosa en comparación con la del Perú.

Entretanto, el  iPod es, en ese sentido, un producto menos complejo porque se fabrica en China y su precio, en cualquier país del mundo, sólo se ve afectado por los impuestos —que son datos de dominio público fáciles de descontar— y, ahí sí, por el manejo macroeconómico de cada país.

Para muchos, el ‘Big Mac Index’ no es más que un referente frívolo que en poco o nada contribuye a establecer comparativos útiles. Por eso, el United Bank of Switzerland (UBS), fue más allá y quiso determinar cuánto tiempo tardan los trabajadores de diversas partes del mundo en ganar lo suficiente para comprar una Big Mac. El estudio arrojó datos elocuentes que demuestran de manera práctica las abismales diferencias entre las economías de distintos países. Por ejemplo, en Tokio hay que trabajar 10 minutos para comprar una Big Mac; en Nueva York, 13 minutos; en Londres, 16; en Madrid, 19; en París, 21; en Moscú, 25; en Roma, 39; en Buenos Aires,  56; en Manila, 81; en México D.F., 82; en Yakarta, 86; en Nairobi, 90 y en Bogotá, ¡97 minutos!

Lo importante en este caso es que se tuvo en cuenta que los sueldos no son iguales y que la peor asimetría de la globalización es homogeneizar la capacidad adquisitiva del consumidor promedio: la clase alta colombiana apenas se equipara con la clase media de los países industrializados. Por eso los colombianos que se van a trabajar al exterior, en  países ricos, ganan lo suficiente para vivir relativamente bien y les sobra para ahorrar o para sostener a los familiares que dejan aquí. Eso no puede negarse aunque haya quienes quieran desmentirlo con la manida frase de que “allá se gana en dólares pero se gasta en dólares”.

Es cierto que en los países industrializados hay tópicos muy costosos como la mano de obra o los bienes raíces, pero casi todo lo demás es más barato que en países en desarrollo, gracias a lo cual mantienen una gran dinámica. Hace unos meses leí una columna de Mario Vargas Llosa (‘Un muro de mentiras’) en donde relata que una emigrante guatemalteca se encarga semanalmente del aseo de su casa en Washington. La señora llega puntualmente en su camioneta Buick de último modelo y se tarda dos horas en dejar todo reluciente por ‘apenas’ cien dolaritos, lo que algunas mucamas en Colombia se ganan en todo un  mes… Y de ahí se va para otra casa porque tiene el horario completo como si se tratara de un afamado cirujano.

Y la ‘pobre’ señora guatemalteca se ve abocada a ‘gastar en dólares’. El galón de gasolina ya cuesta más en Colombia que en Washington, un vehiculo nuevo vale más aquí que allá, un computador vale más del doble en Colombia que en los E.U., la conexión a Internet en E.U. vale la mitad y es diez veces más rápida,  por lo que aquí dan cien minutos de celular allá se habla sin límite de minutos, etc.

La canasta familiar es mucho más barata en países donde el ingreso promedio es 20 veces superior al nuestro. Por si las dudas, un londinense necesita 89 dólares (200.250 pesos) para suscribirse un año a The Economist, mientras que a un colombiano le cuesta 219 mil pesos suscribirse a la revista Semana. Pero recuerden que, de acuerdo con la relación establecida por el banco suizo para el caso de las hamburguesas, el colombiano debe trabajar seis meses para conseguir lo que el  británico gana en uno. Alguien insistirá que ‘allá se gana en libras pero se gasta en libras’. Lo que está claro es que este ejercicio de medición podría llamarse el ‘Big Poor Index’.  ·

Especial para Tribuna Foro Democrático (http://www.tribunaforodemocratico.com/)

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Posted by Saúl Hernández

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