Algo se está haciendo mal o algo se está dejando de hacer en beneficio de la imagen de la ciudad. Según Luis Pérez Gutiérrez, la administración de Sergio Fajardo se está gastando 250 mil millones de pesos en publicidad durante el periodo de gobierno. Por su parte, la jefe de comunicaciones saliente, Liliana Vásquez, dice que su gestión significó un monto de  83 mil millones en ‘free press’ para la ciudad, o sea en esa información positiva que los medios publican sin contraprestación monetaria.

Sin embargo, no cabe duda de que la actual administración exagera en la promoción de sus realizaciones y oculta olímpicamente sus defectos, y que Medellín es llamativa para los medios nacionales y no hay que hacer mucho esfuerzo para que muestren la cara amable de la ciudad. Pero cosa distinta se ve en relación con los medios de prensa extranjeros, los que aún mantienen sobre Medellín el estigma de la violencia y la miseria, y que la usan para alimentar su morbo, ignorando las cosas positivas. En ese sentido parece que el nombre ‘Medellín’ estuviera vetado.

Nuestra ciudad es escenario frecuente de acontecimientos amables que los medios extranjeros no reseñan ni en la última página. Por ejemplo, la presencia del avión Airbus 380 en cualquier ciudad del mundo es referida por medios de comunicación hasta en las antípodas. El año anterior hizo pruebas de vuelo durante una semana en el aeropuerto que sirve a Medellín pero en varios medios extranjeros se mencionó la estadía de la aeronave “en el aeropuerto de Rionegro, al noroeste de Bogotá”. Igual sucedió días después cuando vino un bombardero B-52 en el marco de una feria aeronáutica.

A menudo se informa también de personajes del deporte, la farándula o la política que visitan cualquier lugar del mundo. Si Maradona juega un ‘picadito’ en Uruguay o en Brasil, o si se troncha una uña en Cuba, sale hasta en los periódicos de la Cochinchina. Pero hace poco jugó un partido en Medellín y en diciembre de 2005 también estuvo en la ciudad y, afuera, nadie se enteró. También el técnico Carlos Bianchi ha venido varias veces a esta ciudad que fue vetada por Argentina para la Copa América del 2001 —de hecho no vinieron—, y nada se ha dicho. Gracias a Internet es fácil hacer ese seguimiento y darse cuenta de que esas visitas a una ciudad que cambió su paradigma parecen estar siendo ignoradas.

Hay más ejemplos. En el último año, la pareja de archifamosos que conforman Jennifer López y su marido han pisado la ciudad dos veces casi a escondidas. Pero, en cambio, en medios internacionales se ha hecho eco de su presencia en Cali, en cumplimiento de sus giras.

El embajador de EE.UU., William Wood,  vino por tierra a Medellín el año anterior, casi sin escoltas, y meses antes había dado un paseo dominguero por el centro de la ciudad. Ese ‘safari’ habría sido noticia mundial si se lo hubiera comido un tigre pero como no pasó nada no es noticia, Medellín sin sangre no vende. Algo similar sucedió con José María Aznar hace poco, un domingo cualquiera, caminando las calles del centro y las de barrios periféricos donde los corresponsales extranjeros vienen a buscar pornomiseria. El País de Madrid reprodujo palabras de Aznar acerca de la condena a pena de muerte que le fue impuesta ese mismo día a Saddam Hussein, pero pasó por alto que ese pronunciamiento lo hizo en esta ciudad.

En un periódico mexicano se anuncia el Congreso de la Lengua para el mes de marzo en Cartagena pero de Medellín no se hace mención. Y en un canal internacional dedicado a la moda se ha pasado en repetidas veces un informe especial de “Colombiamoda en Bogotá”; sí, en Bogotá, a pesar de que, evidentemente, se trata del evento que cada año se realiza en nuestra ciudad.

Medellín aún es vista por muchos como la Sodoma y Gomorra de nuestros días, y habría que invertir cuantiosos recursos para cambiar esta imagen o, cuando menos, tratar de generar ‘free press’ en el extranjero, donde el nombre de nuestra ciudad está vetado. Es casi imposible  vender una ciudad que, injustamente, tiene manchada su imagen, y nada se gana con hacer loas millonarias al alcalde de turno. Lo ideal sería promocionar a la ciudad y no al alcalde. Ya Canetti decía: “Ay de aquel cuyo nombre es más grande que sus obras”.  ·

Publicado en el periódico El Mundo de Medellín, el 19 de febrero de 2007

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Posted by Saúl Hernández

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