Pasadas dos semanas de las elecciones aún redundan ecos sobre lo acaecido ese domingo, sobre todo en el ámbito local. No son pocos los que atribuyen el triunfo de Alonso Salazar Jaramillo a ayudas extras, de manera que podría hablarse de doping político. De sus 272 mil votos, muchos, muchísimos, son votos indirectos, votos del uribismo, votos del fajardismo, de doña Lina, de Juanes —que no son pocos—, de los ‘cacaos’ y votos contra Luis Pérez Gutiérrez.

Con respecto a lo último, podría decirse que las encuestas no estaban desfasadas sino que sirvieron de acicate para levantar una oleada de votantes contra Pérez, aun por parte de personas que no conocían a Salazar. Muchos votaron por Alonso con el simple argumento de que “no me gusta el peinado de Lupe” o “fue que fulano me dijo”. Otros motivos aludían directamente a las campañas de desprestigio contra Pérez por supuesta corrupción y hasta por temas que corresponden a la esfera íntima de las personas.

Un profesor universitario me comentaba que algunos alumnos le preguntaron quién era Alonso, a lo que el catedrático contestó que era el autor de ‘No nacimos pa’ semilla’, con la certeza de que sería innecesaria cualquier otra explicación. Pero ni eso sirvió. Sin embargo, los muchachos ya tenían decidido votar por él. De hecho, la juventud, el segmento que decidió la elección, fue el más manipulado y el que terminó votando con argumentos más pobres. A menos de quince días de los comicios, 50 mil muchachos presenciaron el concierto gratuito de Altavoz con la banda mexicana Caifanes, un grupo de rock que pocos empresarios se atreverían a traer por su alto costo. En medio del concierto se corrió la voz de que había que votar por Alonso para seguir teniendo conciertos gratuitos de esa ‘categoría’.

En general, la campaña de Salazar hizo muchas cosas que evocan la famosa pregunta que le hizo Antanas Mockus a Samuel Moreno Rojas en un debate televisivo: “¿Si usted comprando 50 votos puede salvar a la ciudad de caer en manos de alguien capaz de comprar 50 mil votos, lo haría?”. Aquí parece que la consigna fue comprar -no necesariamente con dinero- 50 mil votos para salvar a la ciudad del clientelismo, la corrupción y la politiquería que, dicen, encarna Luis Pérez. Lo que habría que preguntarse es ¿a qué precio se logró ‘salvar’ a Medellín?

La ciudad quedó dividida y con heridas, aunque Alonso llame a la unidad. Hay una ciudad polarizada entre dos vertientes muy distintas, y ninguna podría decir que sus votos son más legítimos que los de la otra pues los unos, a punta de populismo y pagarés, y los otros, mediante estrategias de dudosa ortografía, pusieron las mañas por encima de las ideas.

Además, Luis Alfredo Ramos sacó más votos en Medellín que el mismísimo alcalde electo (más de 290 mil), y Luis Pérez, con 239 mil votos, sobrepasó en mucho los 208 mil que obtuvo Fajardo hace cuatro años, y que tantas veces le ha enrostrado a los políticos tradicionales para hablar de un quiebre histórico en las elecciones de Medellín. De tal manera, es evidente que hay dos caciques políticos tradicionales, Ramos y Pérez, que tienen más votos que Fajardo, y que Alonso es un alcalde nombrado con votos que no son suyos, como en esos pueblos donde los gamonales se perpetuán a través de sus prosélitos. Entonces, ¿podrá Salazar cumplir su propósito de no ser Fajardo II? O, en su defecto, ¿quién será el poder detrás del trono, quienes son los verdaderos amos en Medellín?

De las capacidades de Alonso Salazar no se duda, no se puede dudar, que eso quede supremamente claro. Pero su triunfo no es contundente, ni se aprecia solidez en torno a su figura porque, para ganar, necesitó muchos coequiperos y no es que esté muy bien rodeado, ahí hay de todo. Dice Rafael Rincón Patiño que los ricos de Medellín eligieron como alcalde a un plebeyo y que ni siquiera le van a dejar manejar las EPM, en virtud del tal pacto de gobernabilidad.

No obstante, sería muy saludable que Alonso resulte ser un verdadero Caballo de Troya y convierta ese triunfo hipotecado en un periodo histórico de verdadera transformación, solucionando los problemas prioritarios de la ciudad y manteniendo coherencia con aquello que lo ha caracterizado entre quienes lo hemos conocido y leído.  ·

Publicado en el periódico El Mundo, el 12 de noviembre de 2007

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Posted by Saúl Hernández

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