Algunas personas están muy preocupadas porque el país está ‘en venta’. Esto a pesar de que siempre se ha mencionado la importancia de la inversión extranjera directa para el desarrollo económico nacional. Andan diciendo que lo de estos días es una recolonización industrial porque no se hace inversión en empresas nuevas sino que se compran buenos negocios ya establecidos. Se dice también que no hay la tal transferencia de tecnología, tan anunciada cuando de la llegada de multinacionales se trata, porque están ingresando a negocios de tecnologías blandas donde no hay nada nuevo bajo el sol que no se divulgue en libros o no se pueda aprender en una conferencia. Igualmente se dice que el Gobierno eliminó el impuesto del 7 por ciento a las remesas y los extranjeros podrán sacar sus ganancias sin límite ni complicaciones, que no se les obliga a participar en el mercado exportador ni a comprarle a la industria nacional y que, como si fuera poco, los empresarios colombianos que están vendiendo lo hacen para irse con sus millones a otra parte y no para invertirlos aquí.

Es claro que las cosas casi nunca son como todos quisiéramos pero hay que empezar por decir que ningún extranjero compra o invierte en países inviables por su situación política, económica o social. Entonces, el hecho de que estén invirtiendo a buen ritmo en Colombia —que no frenéticamente— significa que el país sí está saliendo del atolladero y que se muestra con un futuro promisorio. Las grandes multinacionales se valen de miles de analistas que sopesan todos los aspectos de una negociación y todos juntos no pueden equivocarse. En el fondo, todo se resume a si habrá rentabilidad o no, pero en nuestro caso particular se miden los factores de perturbación que han existido desde hace muchos años y que aún le restan confianza a los inversionistas.

Es una apuesta muy grande el hecho de que alguien compre una empresa aquí y no precisamente a precio de huevo. Los inversionistas saben bien que en los negocios se gana o se pierde y están dispuestos a correr riesgos, pero las empresas no se las pueden llevar ni pueden exponerse a que las condiciones macroeconómicas se afecten de tal modo que se ponga en riesgo lo invertido. Así que quien compra lo hace porque tiene claro que el mercado es bueno y que va a ser cada vez mejor, sólo un tonto no pensaría así.

A esta hora hay muchos que deben estar lamentándose por la venta del 52 por ciento de Acerías Paz del Río a la brasileña Votorantim, y quienes se lamentan son un centenar de trabajadores que no quisieron hacer parte hace unos años de los planes de salvamento de una empresa que estaba muerta. Siete mil trabajadores y pensionados aceptaron acciones a cambio de deudas laborales, un mínimo de mil acciones a dos pesos la unidad por cada uno. La semana anterior se vendieron a 131 pesos por acción, de manera que a cada trabajador esos dos millones se le convirtieron en 131 millones y, lo que es mejor, conservan sus puestos de trabajo.

Pensando mal (‘piensa mal y acertarás’), supone uno que los que no entraron al negocio fueron esos sindicalistas recalcitrantes que casi nunca están de acuerdo con hacer sacrificios sino que reclaman sus garantías —a menudo exageradas— al “capital” y al Estado, en defensa del “proletariado que es explotado por la plusvalía”. Quién sabe si esos trabajadores hayan despertado ya del lavado de cerebro al que fueron sometidos y ahora sean concientes de lo que perdieron.

A lo mejor ese ingreso de capitales en dólares sí está perjudicando la economía en cuanto a la revaluación del peso pero los críticos se contradicen porque, al mismo tiempo, señalan las millonarias cifras que salen al exterior por concepto de utilidades, de manera que habrá que esperar análisis más serios. Por lo pronto, se puede señalar que es ingenuo creer que es mejor para el país que Bavaria fuese propiedad de don Julio Mario o que el Éxito siguiera siendo de los Toro. Ya está bien de esa creencia de que todo extranjero va a venir a explotarnos vilmente. Lástima, eso sí, que los nacionales se vayan con ese billete para otro lado y no lo reinviertan en el país que los hizo ricos.

Publicado en el periódico El Mundo de Medellín, el 2 de abril de 2007

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Posted by Saúl Hernández

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