En marzo anterior, en el lanzamiento del libro Parapolítica: la ruta de la expansión paramilitar y los acuerdos políticos, de la Corporación Nuevo Arco Iris (CNAI), el fiscal general Mario Iguarán se atrevió a afirmar que “la Fiscalía se inclinaba reverente” ante ese trabajo. Sin duda, no lo había leído, o le delegó ese cometido a ‘Zucarita’, su mascota, o al mentalista Armado Martí. Muchos sí lo leyeron con juicio, como Alejandro Gaviria, quien no dudó en calificarlo de compendio de “juicios personales revestidos de academia” (El Espectador, 28/03/2008), y remató señalando que “las minucias de la argumentación no han trascendido, son hasta hoy desconocidas”.

Precisamente esas minucias -que no son pocas- son las que quedan al descubierto en el libro que acaba de publicar el Centro de Pensamiento Primero Colombia (CPPC), titulado Paramilitarismo: verdades y mentiras. En este trabajo académico se hace patente lo grave y triste de haber sobreestimado un texto tan anodino, que fue recibido por muchos analistas y hasta juristas como la verdad revelada, a pesar de que cualquier lector juicioso puede desnudarlo sin el menor esfuerzo.

El libro del CNAI (en cabeza de León Valencia y Claudia López) adolece de una grave pobreza metodológica y conceptual, y viola los más mínimos preceptos de la investigación científica. Se trata, por cierto, de un estudio sesgado y prejuicioso que intenta sustentar opiniones de los investigadores no sólo subjetivas sino empañadas por el afán de deshonrar al Gobierno.

Esta ‘parainvestigación’ parte de supuestos falsos que dejan sin piso cualquier conclusión, como, por ejemplo, el asociar el desprestigio de los partidos tradicionales y del Congreso al fenómeno paramilitar cuando son cosas que no tienen relación alguna. Los ‘investigadores’ atribuyen las disidencias y los nuevos partidos a “la expansión paramilitar”, cuando esos han sido fenómenos históricos previos al auge de los ‘paras’, y desdeñan asuntos como las microempresas electorales, operaciones avispa y demás signos de atomización política que explican buena parte de las supuestas atipicidades electorales que ellos señalan a conveniencia.

En su afán enfermizo de atribuir cualquier variación electoral al paramilitarismo, Valencia y compañía incurren en sofismas, necedades y hasta contradicciones. Es de tal mediocridad el texto que está plagado de expresiones válidas para una columna de opinión, pero no para una ‘investigación’ supuestamente seria; verbigracia, “al parecer”, “pura intuición”, “evidentemente”, etc. Aún más, abundan los errores de ortografía y sintaxis, y descuidos crasos en la delimitación del tema como las extensas páginas dedicadas a hablar de cultivos de yuca, caña o cría de cerdos, sin ningún engarce con la cuestión central, o el lapsus inexplicable de Claudia López al escribir, en referencia a las actividades mineras del nordeste antioqueño, que “otro de los principales minerales en la región es el aluvión” (pág. 205). El aluvión no es un mineral, sino una técnica de extracción; de ese tenor es todo el librito.

Y es que la mala fe con la que se realizó esta obra se pone de manifiesto en su segunda edición, publicada solamente para dar cabida a las hipótesis de Claudia López y su fatídica teoría de la ‘atipicidad’, que se desbarata notablemente en el trabajo del CPPC. Y sea esta la oportunidad para implorarle cordura a la respetada Claudia, porque los que apoyamos a Uribe no somos ‘chusma’, como nos calificó hace un par de semanas en estas mismas páginas.

El libro de marras no es, pues, una investigación seria sino un libelo infamatorio que tergiversa la verdad. La “investigación más escalofriante de la historia” asusta es por tanta mediocridad junta. Por eso, es pertinente recordar -como el académico Libardo Botero en su ensayo-, que el prefijo ‘para’ significa apariencia, semejanza: el libro del CNAI semeja una investigación, pero no lo es. ·

Publicado en el periódico El Tiempo, el 30 de septiembre de 2008 (www.eltiempo.com).

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Posted by Saúl Hernández

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