Tuve un profesor de economía que solía decir que el alto precio de los automóviles en Colombia era una decisión de política económica y social cuyo fin era el de evitar que la gente dejara de comer para tener carro, cosa muy factible dada la idiosincrasia nacional. El asunto vino a mi memoria ahora que se empiezan a escuchar protestas por el alto precio del combustible a pesar del desplome del petróleo en los mercados internacionales, caída que sí ha beneficiado a los consumidores en Estados Unidos y Europa mientras aquí se rebajaron pírricos 60 pesos. Y me pregunto: ¿el precio del combustible en Colombia es una medida para desestimular la compra de vehículos automotores? Si eso es afirmativo, creo que es muy grave.

Siempre se ha dicho que el incremento del precio de los combustibles en nuestro país obedece a la decisión de desmontar los subsidios que el Estado otorga. Para entender esto hay que hacer una profesión de fe: se supone que el subsidio es el faltante que el Estado asume entre el precio local y el precio internacional, pero lo que muchos discuten es por qué hay que pagar esa diferencia si el país es autosuficiente. A menudo se trae a discusión el caso de Venezuela, donde la gasolina vale menos de 300 pesos colombianos por galón (12 centavos de dólar), lo que la convierte, seguramente, en la más barata del mundo. La más cara se paga en Holanda, donde llegó a costar 10,64 dólares en julio pasado (24.716 pesos colombianos al cambio actual), en momentos en que el barril de petróleo alcanzó casi los 150 dólares, pero que bajó en la primera semana de diciembre (con el barril de crudo a US$42) hasta 6,14 dólares equivalentes a 14.623 pesos. Asimismo, el galón en Estados Unidos, que costaba US$4,34 en julio, bajó a US$2,08 la semana anterior. Es decir, mientras en Colombia el galón de gasolina vale 7.549 pesos (a precio de Medellín); en EU –con un ingreso per cápita casi diez veces superior al nuestro– sólo cuesta 4.831 pesos.

¿Por qué el combustible no baja en Colombia? La gasolina tiene impuestos en todo el mundo pero no es osado sospechar que en nuestro país se ha convertido en un arbolito de Navidad al que le han colgado muchas arandelas. Hoy por hoy, al productor sólo le corresponden 3.976 pesos por galón de gasolina corriente, y a eso le cuelgan un 16% de IVA ($576,26); un impuesto global de cerca de un 22% ($705,17); y la sobretasa, que hoy se calcula en 1.298 pesos. Lo demás equivale a costos de transporte y márgenes de ganancia del distribuidor. Sin los tres rubros arriba mencionados (IVA, impuesto global y sobretasa) el galón costaría unos 4.970 pesos, casi lo mismo que cuesta en Estados Unidos.

Ahora, teóricamente hablando es acertado eliminar el ‘subsidio’ porque si el país puede exportar ese combustible a precios internacionales no tiene sentido perder esa oportunidad vendiéndolo por debajo de ese precio a consumidores internos que, obviamente, no son los pobres. Tan sólo el 12 por ciento de los colombianos es propietario de alguna clase de los seis millones de automotores que circulan en el país; aunque esto hay que mirarlo como una escala de grises porque todos, de una u otra forma, somos consumidores de gasolina, no sólo los ricos.

Por eso hay que preguntarse si el alto costo del combustible no se convierte en un factor de atraso, en un limitante del crecimiento económico. En todas las naciones desarrolladas la industria automotriz constituye un factor de progreso indiscutible. No hay nación que se haya desarrollado sin industria automotriz propia y ésta no prospera si el pueblo no accede a los vehículos, y aquel no accede a ellos si el litro de gasolina vale lo mismo que uno de leche. Según el Banco Mundial (2006), Colombia es uno de los países que tiene menos vehículos por cada mil habitantes, sólo 51, mientras el promedio de Latinoamérica es de 153. Adicionalmente, tenemos el menor índice de kilómetros de carretera por millón de habitantes, incluso inferior al de Bolivia. ¿Será, entonces, que el alto precio de los combustibles en Colombia está frenando el crecimiento económico? Eso ya es difícil dudarlo. ·

Publicado en el periódico El Mundo, el 8 de diciembre de 2008.

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Posted by Saúl Hernández

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