Ha dado en el punto el historiador Darío Acevedo Carmona al opinar que hay un gran interés de ciertos sectores por hundir al presidente Uribe, sectores que actúan de mala fe y de cuyo parámetro ético debe dudarse siendo quienes “consideran que el Gobierno no debió bombardear el campamento de ‘Reyes’ ni engañar a la guerrilla para rescatar a los secuestrados”.

Por eso, mientras el país político arde en la hoguera de las confrontaciones, el país real cierra filas en torno de su líder y lo apoya no sin reservas sino en el entendido de que, a pesar de que no estamos entre ángeles y de que los problemas de Colombia no son de poca monta, ahí está el Gobierno capoteándolos sin esconderse y demostrando que no hay perfidia en sus actos, que puede haber errores pero no hay inmoralidad.

Se demostró que a la Casa de Nariño entraron de forma regular un reconocido abogado y un paramilitar desmovilizado contra quien no había orden de captura, a pesar de que hoy se sabe que había seguido delinquiendo. Y no ha de ser una visita de cortesía muy agradable que digamos, pero poco profesional sí habría sido reunirse con ellos en un bar a tomar aguardientico. La mejor prueba de que no hubo cálculo siniestro -y el supuesto complot contra la Corte Suprema de Justicia- es que lo ‘revelado’ por los visitantes no fue denunciado porque en ello nada había que valiera la pena y lo poco que se supo de un tal Anaya no se infló para no hacer ver indicios graves en comentarios sesgados de quienes buscaban pescar en río revuelto.

Inflar es precisamente lo que ha hecho la CSJ en los procesos de la ‘parapolítica’, y como la gente no es boba y lo conocido es suficiente, no hay que ayudar mucho para desprestigiarla porque es tarea que ha hecho solita ella, y muy bien. Alguno de los honorables magistrados inmolados por el M-19 en el Palacio de Justicia solía decir que para preservar la independencia de las decisiones judiciales, un juez no podía recibir ni una almojábana, pero aquella máxima fue semilla que no germinó puesto que los magistrados de hoy reciben dádivas y agasajos de dudoso origen, tan censurables como cierta cuatrimoto. Y mantienen el roscograma a la orden del día. Pero, además, sus providencias son tan parcializadas que cualquier chisme lleva a la cárcel a amigos del Gobierno, pero a los enemigos -y traidores de la patria como Piedad Córdoba- ni los moja ni los mancha. Pareciera que ‘Pitirri’ no tiene motivo alguno para mentir y poder mantener en Canadá a sus 50 parientes dándose la dolce vita, mientras que los computadores de ‘Reyes’ son pura fantasía y no hay ente confiable que los certifique.

Ahora, en un gesto de prepotencia, la CSJ osa amenazar al Presidente de la República con el coco de la Corte Penal Internacional, raposería que vienen empleando hace rato los enemigos del Gobierno desde que Álvaro Leyva sentenció que si Uribe no hacía el ‘intercambio humanitario’ sería llevado al tribunal de Roma. Eso, a sabiendas de que la CPI es un tribunal de izquierda que seguramente impartirá fallos tan amañados como los de la Corte Interamericana. Por eso, muchos trasnochados tienen puestas, en esa corte internacional, gran expectativa y la esperanza de dar con ella un coletazo que reanime sus quimeras.

De ahí que exista entre ciertos sectores un gran interés por demostrar el supuesto fracaso de la desmovilización paramilitar y en relacionar a los ‘paras’ con la clase política y el aparato productivo en general, no importa si es una bananera internacional o el dueño de un camioncito, en tanto que no se mira con igual interés el pago de extorsiones y secuestros a las guerrillas: Chiquita es cómplice de criminales; Novartis es víctima de las circunstancias del “conflicto social y político que vive Colombia”.

Qué bueno que Uribe tiene el respaldo del 90 por ciento de los colombianos y cada vez más reconocimiento internacional. Si no, ya lo habrían tumbado.

Publicado en el periódico El Tiempo, el 2 de septiembre de 2008 (www.eltiempo.com).

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Posted by Saúl Hernández

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