En realidad, pocas veces tiene un gobernante la oportunidad de pasar a la historia por tomar una decisión acertada y de significado trascendental para una comunidad. En cambio, las oportunidades para embarrarla sobran, se dan silvestres y todos los días. Hace poco escribimos que el Alcalde de Medellín, Alonso Salazar, tenía en sus manos la oportunidad de tomar una importante decisión que hace parte de la solución a un problema que nos afecta a todos, como es la alta contaminación en el Valle de Aburrá. Lo que estaba en suspenso era el combustible que operará el sistema Metroplús; y, a pesar de todas las ventajas de su operación con energía eléctrica -que es lo que estamos pidiendo todos-, Salazar se decidió por el gas natural o permitió que personas ajenas a Medellín decidieran, pues previamente manifestó a los medios de comunicación que pediría a Planeación Nacional que asumiera su responsabilidad en ese tema.

La verdad es que las investigaciones sobre la conveniencia de la energía eléctrica en la operación de las troncales de Metroplús son extensas y contundentes. En resumen hay que decir varias cosas: que el gas natural parece amigable con el medio ambiente al compararlo con el diesel, pero no lo es en términos estrictos y mucho menos si se compara con la electricidad; que el gas natural parece económico si lo comparamos con la energía eléctrica, pero su precio está atado al petróleo y es más probable que este siga subiendo y no que retorne a los precios de antaño; que la disponibilidad del gas está en duda puesto que en ello no se ponen de acuerdo ni altos funcionarios del Gobierno (Ministro de Minas vs. Presidente de Ecopetrol), en cambio la energía hidroeléctrica se acabará aquí cuando se acabe Antioquia; que las Empresas Públicas de Medellín son productoras de energía eléctrica mientras del gas apenas son distribuidoras, y como dice con algo de ironía Luis Pérez -el que perdió la Alcaldía con Salazar- eso es “como si los cafeteros recomendaran tomar Coca Cola en lugar de café”.

Un tema que se ha argumentado como aspecto fundamental para la toma de la decisión es el del costo de los buses con motor a gas frente a los eléctricos. De acuerdo con una investigación realizada por expertos de la Universidad Pontificia Bolivariana, un trolebús eléctrico europeo de excelente calidad duplica el costo del bus de gas, pero su vida útil es del doble, y el costo del mantenimiento de la red eléctrica se compensa con el bajo costo de mantenimiento y lubricación de los buses eléctricos.

Además, el grupo de expertos hace hincapié en el hecho de que los motores del Metro se reparan en Medellín, siendo aún más complejos que los motores de los trolebuses. De otra parte, el costo de electrificación de la troncal (12.5 km) tampoco parece un asunto insalvable pues es del orden de los nueve mil millones de pesos, cifra que, de acuerdo con los estudios, se pagaría en cinco años aproximadamente, si se tiene en cuenta la diferencia entre el costo del gas y de la electricidad.

El Metro de Medellín presentó al Alcalde un informe en el que recomienda usar buses eléctricos tanto en las troncales del Metroplús como en las pretroncales, o sea incluyendo los buses alimentadores. El Metro solicita tener en cuenta beneficios para la ciudad en materia de reducción de ruido, reducción de consumo energético y reducción de contaminantes. Entretanto, el informe del Área Metropolitana es laxo frente al impacto contaminante del gas y la contaminación por ruido. Y prácticamente descalifica el sistema eléctrico por el supuesto retraso que conlleva su implementación. En cuanto al informe que presentó EPM acerca del combustible, es extraño que las EPM sobrepasen su competencia para concluir, superficialmente, que es más barato operar a gas. Pero, ¿más barato hasta cuándo? ¿Más barato para quién? ¿Barato para el ecosistema? ¿Barato para los que enferman por ruido y contaminación?

Como vemos a diario, el Transmilenio es un fracaso en muchos aspectos, por eso la promesa de hacer un metro fue definitiva en la elección de Samuel Moreno como alcalde de Bogotá. Si eso es lo que vamos a copiar aquí estamos perdiendo el tiempo. Pero hay una cosa peor y es tomar decisiones con desidia como si se estuviera ocultando algo. En ese sentido, el informe de EPM es inquietante, parece que hubiera un interés distinto al de tener un magnífico sistema que complemente al Metro y, lamentablemente, estamos ad portas de cometer un error histórico al que en un lustro o dos habrá que darle reversa. ·

Publicado en el periódico El Mundo, el 2 de junio de 2008

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Posted by Saúl Hernández

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