El Presidente de la República propone medidas para enfrentar el alto costo del combustible. Algunas de ellas son muy lógicas como la de congelar los impuestos en un valor límite; es decir, por ejemplo el IVA no se cobraría por el valor que llegue a tener el galón de gasolina cuando el barril de petróleo suba a 150 ó 200 dólares sino que se fijaría un límite en, digamos, 120 dólares por barril. Así, el 16 por ciento de IVA se cobraría con base en ese valor aunque el petróleo siga subiendo. Lo malo de la propuesta es que eso significará una reducción del ingreso fiscal tanto de la nación como de los entes territoriales porque el petróleo todo lo encarece y el Estado tendrá que pagar más por algunos insumos mientras recibe menos impuestos. ¿Eso significa que hay otra reforma tributaria a la vista?

El mismo caso nos ofrece otro ejemplo. El Presidente propone pico y placa de día completo para todo el país y días sin carro muy frecuentes (habló de cada quince días). Parece apropiado pero resulta que el pico y placa es un castigo para muchas personas de clase media que trabajan con su vehículo mientras que, para quienes gozan de alto poder adquisitivo, es muy fácil comprar un segundo carro para evadir la medida. Es más, ya se está volviendo una tendencia comprar dos vehículos de gama baja en vez de uno solo de gama alta, muchos lo están haciendo. Sería más justo controlar el uso de vehículos grandes para transportar un solo pasajero, desestimulando esta práctica con mayores impuestos o peajes urbanos y fomentando el uso de autos compactos. Sin embargo, en la realidad se está haciendo lo contrario porque la última reforma tributaria disminuyó el IVA a vehículos hasta de 1.600 cc y las ensambladoras, que privilegiaban modelos con motores de menos de 1.400 cc, ahora ensamblan la mayoría de sus carros con motores 1.600. Como es apenas obvio, motor más grande consume más gasolina y contamina más.

Con respecto al día sin carro, hay apreciaciones contradictorias. Según Fenalco, el último día sin carro en Bogotá dejó pérdidas superiores a 70 mil millones de pesos y, lo que es peor, se demostró que la disminución en los niveles de contaminación es mínima, casi imperceptible. La contaminación vehicular es producida en cerca del 90 por ciento por los vehículos de servicio público, movidos con un combustible diesel de pésima calidad, no por los vehículos particulares. Entonces, lo que parece una medida sensata e inteligente -porque a este paso si no cambiamos por combustibles limpios vamos a llegar no al día sin carro sino al mundo sin carro- termina siendo no sólo inocua sino contraproducente. El día sin carro, en nuestras ciudades, se convierte en un festivo obligado de esos de hace 20 ó 30 años cuando todavía eran respetadas las fiestas religiosas y las patrias y todo el comercio cerraba. La gente se iba para la casa de la abuelita, que generalmente vivía cerca y no al otro lado de la ciudad como hoy. Ninguna ciudad colombiana tiene medios de transporte eficientes, por lo que muchos prefieren quedarse en casa si no les permiten usar sus vehículos. Así que eso sólo sería un tremendo castigo para la economía y ni siquiera tendría beneficios medioambientales.

En cambio, a pesar de que el gas natural es un combustible más limpio y por ser más barato puede estimular la economía, el Gobierno está decidido a gravarlo con una sobretasa que, probablemente, desestimularía su uso a favor del diesel, cuando por razones ambientales se debería hacer todo lo contrario. La motivación del Gobierno surge del hecho de que los vehículos operados a gas también desgastan las vías, por lo que deben aportar a su reparación. No obstante, esa gabela debería entenderse como una contraprestación por contaminar menos.

En fin, esa es la realidad de la política, que las decisiones que parecen lógicas no siempre son acertadas y las acertadas no siempre son lógicas ni atienden al sentido común. Tomar decisiones políticas es complicado; siempre se termina perjudicando a alguno y, a menudo, esa regla de oro de buscar el bienestar general no es fácil de cumplir. De hecho, precisar qué es o dónde empieza en cada caso el llamado ‘bienestar general’ es un ejercicio metafísico. Esto porque, como decían los abuelos, “una cosa piensa la mula y otra, el que la enjalma”. ·

Publicado en el periódico El Mundo, el 9 de junio de 2008

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Posted by Saúl Hernández

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