Las respuestas de David Murcia Guzmán, en las entrevistas que ha concedido, no son más que fanfarronadas, delirios o simples ligerezas que no resisten el menor escrutinio. No sabe uno si la seguridad con la que habla es producto de la ignorancia (la ignorancia es atrevida) o si es necesario enmarcarlo en un cuadro sicológico para entenderlo: ríe nerviosamente, llora descompuesto, hace gala de megalomanía y suficiencia, presume de generoso, se muestra conciliador, busca congraciarse con todo el mundo y miente permanentemente.

Por cierto que, tratándose de un asunto tan delicado, hay que preguntarse si no es irresponsable que los medios presenten sus respuestas sin ninguna contextualización, de manera que todo lo que dice este encantador de serpientes quede -ante los incautos- como una verdad revelada, cuando es fácil desbaratar sus débiles argumentos y declaraciones, como aquellos con los trata de hacerse ver como un pujante empresario.

Dice Murcia que el dinero de los clientes está invertido en sus ‘empresas’ y en las marcas, que puede resolver el problema social que se ha generado pero poniéndolas a funcionar, y, sin parpadear, afirma que sus empresas, abiertas, valen 24 billones de pesos, aunque reconoce que cerradas no valen nada. Añade que tenía más de 100 empresas de papel, listas para desarrollar proyectos, y alega que no pueden ser menospreciadas por el hecho de ser ‘intangibles’.

Según la revista Cambio (‘1001 compañías del año’), la mayor firma del país, Ecopetrol, tiene un patrimonio de 26,8 billones (2007), y las nueve empresas que le siguen suman entre todas un patrimonio casi igual al de la primera. Por otra parte, la caída de las puntocom demostró que los proyectos de papel no valen nada aunque parezcan ser grandes ideas. Un proyecto que cualquiera pueda replicar no vale nada a menos que haya factores exógenos que garanticen buenos resultados, como comprar políticos para meter manos en el erario o apalancarse con el próvido músculo del narcotráfico. Eso es lo que Murcia omite.

Este charlatán arguye que su comercializadora proyectaba ventas anuales de 5 billones, con ganancias de 500.000 millones; esto, con dos tiendas en Bogotá y Putumayo, y unos graneros en metrópolis como Pitalito. Pues bien, Almacenes Éxito es la quinta empresa más grande del país y en el 2007 registró ingresos de 4,8 billones y utilidades por 130.000 millones; esto, con más de 120 almacenes en 40 ciudades, 60 años de labores, adquisición (o fusión) de otras cadenas e inversión de capital extranjero. Carrefour es la empresa número once y el año pasado sólo logró ventas por la mitad de lo proyectado por Murcia, y eso que es la segunda en el mundo en comercio al por menor.

Murcia, además de mentiroso, es descarado; tiene el atrevimiento de asegurar que su éxito inicial -de miles de millones, puesto que le dio 6.500 a una tendera de Orito para abrir más sucursales- lo alcanzó vendiendo productos naturales en La Hormiga, en donde se había establecido por su buen corazón para ayudarle a la gente pobre… No serían tan pobres si se enriqueció a costa de ellos.

Seis mil quinientos millones es una fortuna que no muchos en este país han acumulado durante una vida entera de trabajo, contando con suerte, ingenio y, en no pocos casos -como diría Balzac- con algún crimencillo de por medio. En el 2009 declararán renta quienes hayan tenido ingresos superiores a 72 millones, gastos de más de 61 o que su patrimonio supere los 99, y aun así se estima que solo 200.000 personas naturales declararían renta. De esos, si acaso el 10 por ciento pasan de mil millones; los demás, según Murcia, no hemos hecho fortuna por falta de ganas y por no creer en Dios.

Tiempo atrás había dicho que la sola marca ‘DMG’ vale 8.000 millones de dólares; lo mismo que dieron por Bavaria, el negocio más grande que se ha hecho en Colombia. ¿Cómo es que tiene tanto éxito empresarial? Pues, gracias a su varita ‘mágica’. ·

Publicado en el periódico El Tiempo, el 23 de diciembre de 2008.

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Posted by Saúl Hernández

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