Mientras en México y Cuba se lamentan del mal desempeño de sus atletas en las Olimpiadas de Beijing, aquí en Colombia se ‘celebra’ una supuesta mejoría con respecto a las anteriores justas. México obtuvo dos medallas de oro, cero de plata y una de bronce; mientras que Cuba consiguió dos de oro, once de plata y once de bronce, para un total de 24. Sobra decir que la delegación de Colombia –la más grande en la historia de los juegos– logró colgarse una medalla de plata y una de bronce, acompañadas de varios triunfos ‘morales’ para algunos de los nuestros que lograron cuartas casillas.

Sabemos de sobra que la gran mayoría de las naciones pasan por los Juegos Olímpicos sin pena ni gloria; los uniformes, sin mancharse ni rasgarse, con apenas gotas de sudor, pero el mal de muchos es consuelo de tontos, y no hay razón para que nuestro país, que tanto nos duele por el vilipendio y el escarnio al que se suele someterlo, siga haciendo tan deshonroso papelón.

Es cierto que las mayores potencias del mundo invierten cifras estrambóticas en la preparación de sus deportistas y en las más sofisticadas maneras de encubrir el doping que todos practican, así como en la imagen misma que los organizadores proyectan al mundo. Los Olímpicos de Beijing costaron dos mil millones de dólares, pero en la ciudad y el área de influencia se invirtieron 40 mil millones de dólares en los últimos ocho años, en mejoras que tenían como trasfondo el lucimiento de China en el nivel orbital.

El triunfo deportivo de China tampoco es sorpresivo. Puede que sea una exageración esa creencia tan arraigada de que allá los deportistas son sometidos a regímenes marciales y cargas brutales de ejercicio, pero la disciplina y dedicación con la que se preparan los deportistas desde chicos contrastan con la pereza y la desidia de nuestro medio social. Allá los niños escogidos para la formación deportiva viven en escuelas donde estudian y entrenan tres horas diarias, descansando los sábados en la tarde y los domingos. Y no tienen vacaciones de diciembre y enero, Semana Santa, junio y julio, y las nuevas vacaciones que se inventaron aquí para octubre, mucho menos los lunes Emiliani.

Muchos presumen que el entrenamiento deportivo de los chinos está plagado de secretos; yo no lo creo así, cualquier atleta colombiano que sea formado con la misma disciplina y dedicación puede obtener tantas medallas de oro como dispute en el cenit de su carrera, pues es obvio que no se parte del tope ni se puede permanecer en él indefinidamente. Eso lo deberían entender algunos deportistas colombianos que ya están en el declive de sus carreras y asistieron a China con promesa de medalla pero fracasaron estruendosamente.

Los chinos enseñaron a los periodistas el complejo deportivo de Shichahai, una escuela donde se preparan 600 jóvenes de todo el país en distintas disciplinas deportivas. Las instalaciones son viejas y no hay indicios de tecnologías avanzadas. Como este hay otros diez complejos deportivos, lo que no es mucho para un país como China –con sus 1.200 millones de almas–  y tampoco lo sería para Colombia.

En  la provincia de Qinghai, por ejemplo, está el  complejo deportivo de  Duoba, un centro de entrenamiento en altura (para mejorar la oxigenación de la sangre) que, sin embargo, está por debajo de la altura de Bogotá o de Paipa. En ese centro han invertido 290 millones de dólares en los últimos 20 años, lo que da un  promedio de 14.5 millones de dólares anuales, unos 25 mil millones de pesos al cambio actual. Uno supondría que esa cifra no es inalcanzable para implementar un programa de alto rendimiento en el país –al estilo chino– con los mejores 500 ó 600 prospectos que se puedan conseguir para ser entrenados en disciplinas en las que los colombianos podamos ser competitivos, no en cualquier cosa. Sin embargo, sorprenden las declaraciones de Andrés Botero (Semana, 08/23/2008) según las cuales el plan estratégico con miras a las olimpiadas, desarrollado desde 1998, ha tenido un costo de 21 mil millones de pesos (2 mil millones año), muy poco frente al presupuesto de Coldeportes Nacional que es de 163 mil millones de pesos para 2008, sin contar el presupuesto de los Inder departamentales y municipales. Los chinos harían maravillas con ese dinero pero aquí no hay prioridades en el gasto, se le apunta a todo como con escopeta regadora y buena parte se va por la alcantarilla.

El fracaso colombiano en los Olímpicos no puede medirse sólo por la escasez de medallas sino por las virtudes del desempeño de nuestros deportistas. Los casos de actuaciones deficientes en Beijing abundan: un pesista que era favorito para colgarse una medalla fingió una lesión, según lo denunció el entrenador Gantcho Karouskov; los boxeadores nunca soltaron las manos pero sí la lengua para alegar que los jueces les robaron puntos; y María Luisa Calle perdió la medalla en los últimos metros pero con la novedad de estar ‘ensayando’ una relación de cambios más dura. ¿Alguien puede imaginarse a Usain Bolt ensayando unas zapatillas en la final de los 100 metros planos?

Hasta el deportista más competitivo de los que tuvimos en Beijing –sin querer ignorar a los dos medallistas–, el clavadista Juan Guillermo Urán, dejó una duda flotando en el ambiente: si bien es muy meritorio ser el único deportista que estuvo en las finales en las tres modalidades de clavados, sería más sensato que se especializara en una sola de ellas como lo hace toda la élite mundial de ese deporte y tuviera así mayores probabilidades de ascender.

Concluyamos señalando que estamos muy lejos de tener un monstruo como Michael Phelps, que desayuna ocho huevos y no sé cuántos pancakes, pero no tenemos que cruzarnos de brazos y resignarnos a ser convidados de piedra. No es sólo cuestión de medallas sino de tener deportistas consagrados que sean huesos duros de roer; de esos que pelean las medallas hasta la última brazada, hasta la última zancada, hasta el último pedalazo, hasta el último segundo, el último punto, el último aliento… Para qué seguir prohijando deportistas de los que la única perspectiva que tienen es la de darse, con dineros públicos, un gran paseo. ·

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Posted by Saúl Hernández

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