La cotidianidad colombiana nos presenta a diario casos ejemplarizantes del perverso roscograma y sus nefastas consecuencias, pero la sociedad no aprende. La vinculación de Guillermo León Valencia Cossio y el pseudoempresario Juan Felipe Sierra con estructuras mafiosas recidivas, como la mal llamada “Oficina de Envigado” –que ni es una oficina ni queda en Envigado–, es un caso doloroso que nos puede servir de escarmiento para que dejemos de lado costumbres aciagas como este exagerado culto al nepotismo, el amiguismo y las roscas.

El Ministro del Interior, Fabio Valencia Cossio, ha puesto en graves aprietos a todo el Gobierno al ser víctima de su propio invento, pues los Valencia Cossio han sido el más grande y ruin roscograma de Antioquia en los últimos tiempos. No fue por nada que el mismísimo Álvaro Uribe Vélez, el 30 de octubre de 1994, día de los comicios en que fue elegido Gobernador de Antioquia, tuvo un ‘roce’ con Fabio al encontrarlo en las oficinas de la Registraduría Departamental tratando de alterar los resultados a favor del candidato del Partido Conservador. Ninguno de los Valencia Cossio –incluido Ramiro, que se cree el adalid de la moral– ha gozado de fama o buen nombre sino de todo lo contrario, y hoy deben estar pagando escondederos a peso por tener un hermano que se le vende a la mafia por una moto. ¿O será que las grabaciones están “fuera de contexto”?

Las irregularidades de Guillermo León Valencia en el cargo de Fiscal Regional sobrepasan los hechos rumorados. No se entiende cómo mantuvo su cargo de fiscal delegado ante el Tribunal Superior de Antioquia, con más de 15 millones mensuales de asignación, mientras ejerció varios años como director encargado de las Fiscalías de Medellín, cuya remuneración es menor, ‘apenas’ nueve millones. Esa es una típica triquiñuela valenciacossiana.

No hay que olvidar que un hijo de Fabio –y él mismo– resultó enredado hace diez años en el caso Dragacol por compartir la propiedad de una empresa de publicidad con Reginaldo Bray. Esa empresa tenía jugosos contratos con el Estado no ganados en franca lid ni otorgados por mérito alguno sino, simple y llanamente, por ser del hijo de quien entonces era Presidente del Senado, Fabio Valencia Cossio.

Fabio ha sido el máximo exponente de lo que su familia representa: clientelismo, corrupción, tráfico de influencias, compra de votos y mil etcéteras más, y aunque ningún gobierno es impoluto y la realidad de la política en Colombia es insoslayable, no hay manera de explicar a qué horas se le ocurrió a Uribe encartarse con este avechucho de la vieja política cuando lo tenía a buen resguardo en Roma. No hay duda de que Fabio es inteligente –un verdadero zorro– y que puede ser más útil tenerlo del lado de los amigos, pero ese cáncer de las roscas le hizo metástasis en su propia casa, afectando la gobernabilidad del país. Por menos se tuvo que ir la canciller María Consuelo Araújo.

Ahora, el caso del “exitoso empresario” Juan Felipe Sierra es el típico ejemplo de la desventura de sobresalir gracias a los apellidos. Si Sierra figuraba como aventajado hombre de negocios era, principalmente, por ser hijo de Ricardo Sierra –director de Comfenalco Antioquia–, un personaje de indiscutida reputación. Todo por esa manía que ha hecho carrera en un país en el que se estiman más las influencias que las virtudes reales. El otro fundamento de su ‘éxito empresarial’ está ligado a los negocios ilícitos que llevaron a este integrante de la alta sociedad a relacionarse con los criminales más perseguidos hoy en día en el país.

Y no sólo preocupa que dos individuos con la posición social y la formación académica de Sierra y Valencia sean serviles de unos delincuentes de la peor ralea sino que también asombra el lenguaje vulgar y de bajos fondos empleado por ellos en sus conversaciones. El vocabulario registrado en las grabaciones es indigno de un Fiscal Regional y un gerente de una empresa de seguridad. Más parece un comadreo entre matones de barrio sin vergüenza ni honor. No sólo se siente asco escucharlas sino verdadera pena ajena y muchas dudas sobre el rumbo no de nuestra clase política sino de la sociedad misma. ·

Publicado en el periódico El Mundo, el 1 de septiembre de 2008 (www.elmundo.com).

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Posted by Saúl Hernández

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