Hace un mes tuve, digamos, el atrevimiento de señalar que si la nuestra fuera una democracia madura el tema de la reelección -no la que pasó sino la que está en ciernes- no levantaría tantos resquemores, sino que tendría una solución pragmática, surgida de un acuerdo suprapartidista que elimine los temores de la minoritaria oposición. Sin embargo, como nuestra democracia es imperfecta e inmadura, el tema se quiere saldar afectando la gobernabilidad de Uribe y poniendo en duda la legitimidad de su mandato. Ese es el quid del asunto y el origen de tanto escándalo.

Cada quien es dueño de su propio miedo, y la pesadilla de la oposición es que Uribe no se quede ya 12 años, sino más, porque de volver a cambiar el articulito se abriría paso a la reelección indefinida, lo cual no es ciencia ficción en tanto que los índices de popularidad de Uribe sean -según renombrados exegetas- un misterioso acto de fe. De Gaitán, Echandía dijo alguna vez: “Después de cada metida de pata, tiene cien mil votos más en las urnas” y Calibán anotaba: “… tiene las masas, mueve el electorado, triunfa en las elecciones” (Herbert Braun: Mataron a Gaitán). Guardadas las diferencias, la Manifestación del Silencio provocó en sus contradictores un pavor similar al que Uribe les provoca hoy a los suyos.

Por eso, en la oposición ya cunde el desespero, y han implementado una estrategia torpe que podría ser catastrófica para el país porque están jugando con candela y quieren incendio. Al Presidente le están tirando buscapiés, como se aprecia en las maniobras fallidas que se intentaron con los ex ‘paras’ ‘Tasmania’ y Ferney Suaza, y las falsas imputaciones de otro, Francisco Villalba, que ha sido visitado en la cárcel por alias ‘Jessica’, guerrillera de las Farc.

De otro lado, en el tema de la ‘parapolítica’ no se le está negando el carcelazo a nadie a pesar de ser pobres los indicios en muchos casos. El Congreso siempre ha sido corrupto y, por eso, toca preguntarse si la inusitada diligencia que hoy muestra la Corte Suprema es sólo un pulso de poderes o si está manchada de ideología. Sería muy grave que la Corte no tenga el mismo rasero en la investigación de la ‘farcopolítica’. Las cartas de ‘Reyes’ dejan mal parados a muchos que bajo el manto de las gestiones humanitarias tienen oscuros nexos con las Farc.

El tema de la extradición demuestra cómo se pretende restarle poder a este Gobierno sin tener en cuenta el grave mal que se le hace al país. Los que pedían la extradición de los ‘paras’ ahora les hacen un favor. Y como se ha puesto en entredicho la facultad del Presidente para decidir quién ha fallado a los compromisos, el proceso corre un grave riesgo de fracaso.

Por su parte, el tema de Yidis es un ejemplo del propósito de poner en duda la legitimidad del Gobierno y un notable caso de fariseísmo. Los congresistas siempre se echan en la vía de los proyectos de ley en busca de que los seduzcan con obras, contratos y puestos. Ahora resulta que esta detestable e inveterada transacción es un terrible delito que exige refundar la patria. Dejemos el chiste ahí.

Qué coincidencia que cuando el Procurador empezó a hablar de su nueva reelección, salieron a la luz supuestos vínculos de sus hermanos con los ‘paras’. Es la estrategia de las raposas. Deberían entender que cada que atacan a Uribe, están atacando a sus seguidores, que son la inmensa mayoría. La reelección no se frena con argucias sino con argumentos; no tienen derecho las Farc de pedir la renuncia del Presidente -ni César Gaviria y Petro, la revocatoria-, cuando pocas elecciones tan legítimas como la suya. No pueden pretender las minorías imponer su visión a las malas o sacar del partido, a sombrerazos, al dueño del balón. Lo que les corresponde, si son demócratas, es sentarse con el Presidente a buscar acuerdos que reelijan las ideas y no la persona, el mandato de los colombianos en materia de seguridad y otros órdenes.

Publicado en el periódico El Tiempo, el 29 de abril de 2008

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Posted by Saúl Hernández

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