Es muy curioso, cuando menos, el que a algunas personas les parezca que el proceso de paz con los paramilitares se ha convertido en un “fracaso” por la extradición de sus principales cabecillas. La situación actual de los ‘paras’ equivaldría a tener en prisión a todo el secretariado de las Farc, ni más ni menos, y a extraditarlos en caso de no poder controlarlos en prisión. Además, a lograr la desmovilización del 90 por ciento de sus combatientes. En ese caso, muy seguramente, nadie se atrevería a hablar de fracaso –ni siquiera la izquierda– porque esas mismas personas pretenden que ambos grupos terroristas (‘paras’ y guerrillas) sean vistos bajo un lente muy distinto.

Antes de ir al meollo del asunto es preciso afirmar que los narcotraficantes difícilmente abandonan sus actividades. Eso se sabe por experiencia histórica. Pablo Escobar y sus secuaces siguieron delinquiendo en la cárcel -¡y de qué manera!-; lo mismo hicieron, durante el cautiverio y después de él, los hermanos Rodríguez Orejuela y también el menor de los Ochoa Vásquez, Fabito; y es lo que hacen, desde las prisiones, muchos secuestradores, extorsionistas y demás. Todo eso, porque el poder corruptor de los narcotraficantes y la laxitud de nuestro sistema carcelario se confabulan para que sea imposible controlar a los penados.

Las cárceles colombianas más parecen las oficinas de atención al cliente de una multinacional del delito, gracias al ingreso ilimitado y, prácticamente, incontrolado de toda clase de visitantes, llámense abogados, familiares, cómplices, prostitutas, etc., que sirven para llevar y traer recados pero, sobre todo, para entrar armas, drogas, teléfonos y dinero. Allá una visita no se le niega a nadie. Aunque se ha avanzado mucho con la seguridad de las prisiones, principalmente de las más nuevas, el legislador se ha negado a adoptar sistemas más estrictos para el cuidado de criminales de alto rango. Una carta del terrorista ‘Simón Trinidad’, quejándose de las condiciones de su encierro en los Estados Unidos, nos da una mejor idea de cómo deberían ser las circunstancias de reclusión para individuos que le han ocasionado un grave daño a la sociedad. Dice que el confinamiento es en una celda de 3,20 por 1,80 metros, donde permanece las 24 horas del día. Que no recibe sol, es vigilado permanentemente por guardias desde una cabina, no tiene contacto de ninguna naturaleza con los demás presos, no tiene acceso a ningún medio de comunicación (radio, prensa o televisión), no puede llamar por teléfono, las conversaciones con los abogados son monitoreadas al igual que las cartas que envía y no se le permite hablar con periodistas ni recibir visitas de particulares.

Sería bueno que las autoridades colombianas tomen nota. Aquí los jefes paramilitares tenían celulares, computadores con internet, radios y televisores, visitas por doquier. Hace poco, Mancuso dio una entrevista desde la cárcel de Itagüí para el programa 60 Minutos de la cadena norteamericana CBS, vestido con un elegante traje. Allí no hubo los excesos de La Catedral de Escobar pero las celdas más parecían oficinas. Algo similar se dio durante varios años con el terrorista del ELN Francisco Galán, a quien se le permitía un radioteléfono para mantener contacto con sus compinches mientras estos seguían secuestrando y asesinando colombianos.

Pero, volviendo al tema, el proceso de desmovilización de los ‘paras’ es, si no un rotundo éxito, por lo menos sí un magnífico ‘fracaso’, porque hace seis años no estaba en los cálculos de nadie el desmovilizarlos y, muchísimo menos, el tenerlos en prisión abocados a condenas de veinte o más años en cárceles de verdad. Aún más difícil era creer que confesaran alguno de sus crímenes o que efectuaran alguna reparación, y lo cierto es que a pesar de la lentitud y las dilaciones, no puede desdeñarse la cantidad de hechos confesados aunque en la reparación se hayan mostrado negligentes.

Vamos a ver si ahora los detractores de este proceso exigen los mismos niveles de verdad, justicia y reparación a alias ‘Karina’, a quien muy seguramente le van a conseguir carro, casa y beca, amén de domicilio con una nueva identidad en el exterior. ·

Publicado en el periódico El Mundo, el 26 de mayo de 2008

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Posted by Saúl Hernández

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