Está circulando por Internet un correo electrónico en el que un supuesto directivo bancario, que omite su nombre, intenta crear pánico financiero asegurando que dentro de unos meses la banca colombiana se va a declarar en quiebra y acudirá a la malhadada figura del ‘corralito’ para impedir que los clientes retiren sus ahorros, los cuales –según el anónimo- no estarían suficientemente respaldados, por lo que los bancos no podrían responder. En el mensaje se aconseja retirar todos los ahorros depositados en instituciones financieras, pero se advierte que sólo los primeros que lo hagan podrán tener todo su dinero pues este no alcanzará para todos.

Sobre este asunto habría que hacer varias observaciones. En primer lugar, todo anónimo carece de validez. Si esto tuviera algo de cierto, ya muchos hubieran puesto el grito en el cielo porque no todos los colombianos somos unos cafres que vivimos pensando cómo estafar a los otros, ni todo banquero es un delincuente. Incluso, la oposición del gobierno del Presidente Uribe estaría sacándole réditos políticos a un asunto de esta naturaleza si fuere cierto.

En segundo lugar, es obvio que quienes difundieron este mensaje tienen toda la intención de causarle daño no sólo al sistema financiero sino a todo el país. La difamación provoca consecuencias catastróficas; por eso casi todas las legislaciones del mundo condenan la injuria, la calumnia y otros delitos similares así como sus consecuencias, que es donde se enmarca el ‘pánico financiero’, delito castigado por la ley. No es tan inocente decir que en el café de Colombia puede haber pedacitos de Juan Valdez, muchas personas podrían dejar de consumir nuestro café por ese comentario. Simples rumores han echado a pique empresas, matrimonios, carreras políticas, etc.

En tercer lugar, la gravedad de crear pánico financiero reside en el hecho de que se vuelve una profecía autocumplida. Por su misma naturaleza, ningún banco del mundo dispone del ciento por ciento de los recursos de los ahorradores pues su negocio consiste, precisamente, en invertir esos dineros, prestarlos, ponerlos a trabajar. Si todos los ahorradores los reclaman al mismo tiempo el banco se ve en la penosa obligación de negarse a devolver de inmediato algo que físicamente –por obvias razones- no tiene en sus manos. Y, de todas formas, pagarlo todo, o lo que alcance, virtualmente quebraría a cualquier institución. Por tanto, si buena parte de los ahorradores prestaran atención al consejito del anónimo –o sea, si el pánico cunde- el vaticinio se cumpliría.

En cuarto lugar, el mensaje carece de toda credibilidad por cuanto es muy similar a otro que viene circulando desde noviembre a nombre de la ‘Familia DMG’, en el que se despotrica de los bancos para justificar a las pirámides y se hace un llamado a castigar a los banqueros retirando los fondos y metiéndolos bajo el colchón. Claro que Colombia no es el único país en el que pululan estos infundios por Internet. Desde mediados de 2008, se esparció un mensaje en Estados Unidos en el que se aseguraba que el gobierno de ese país (aún no se sabía quién iba a ganar las elecciones) iba a devaluar el dólar en febrero de 2009 en un 90 por ciento y que lo remplazaría por una nueva moneda: el ‘amero’. Por tanto, se aconsejaba salir de los dólares y comprar oro, euros o cualquier otra moneda ‘dura’. Sin embargo, cualquier economista sabe que el dólar es la moneda refugio por excelencia, aún durante una crisis económica. En agosto, la libra valía 2 dólares, hoy sólo vale 1.43. El euro valía 1.60, hoy vale 1.28. Es decir, es el dólar el que se fortalece. Por eso, casi todas las economías del mundo tienen respaldadas sus monedas en dólares –no en oro como creen muchos-, incluida la Unión Europea.

Quinto y último. Hay nubarrones en la economía, sin duda. La industria acaba de declararse en recesión, los comerciantes dicen que se ha frenado el consumo y todo hace prever un menor crecimiento económico que se materializará en despidos. Sin embargo, hacemos muy mal todos no sólo al creer en rumores malintencionados sino al perder la confianza en la economía y estimular una ola recesiva por físico miedo. Nuestra economía suele ser de lenta reacción y lo que menos conviene ahora es caer en una crisis por mero contagio y que la gripa se convierta en neumonía. No creamos en aves de mal agüero, menos si vuelan anónimamente en la red. ·

Publicado en el periódico El Mundo, el 16 de febrero de 2009

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Posted by Saúl Hernández

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