Bienvenidos los militares gringos a las bases colombianas… pero que no los dejen salir a la calle, porque se dedican a preñar lugareñas, conducir ebrios, provocando accidentes, y no pocos cometen delitos que se quedan en la impunidad dizque amparados en la Convención de Viena. Basta recordar el caso sucedido hace diez años con el coronel James Hiett -asignado a la Embajada de Estados Unidos en Bogotá en operaciones antidrogas- y su esposa Laurie, quienes enviaban coca y heroína a su país y recibían dólares, todo a través del correo de la Embajada.

Lo insólito es que su conductor en Bogotá, Jorge Alfonso Ayala Varón, fue condenado a ocho años de prisión mientras que a Laurie le imputaron cinco años en EE.UU. y su marido fue exonerado de todos los cargos.

Posted by Saúl Hernández