El Zar Anticorrupción Óscar Ortiz González, elaboró un ‘Manual de Tramparencia’ en el que se identifican las 43 modalidades de corrupción más usadas en Colombia en los procesos de contratación, y se atrevió a fijar en cuatro billones de pesos anuales el monto de la corrupción en el país. Para ello se basó en un estudio hecho con empresarios por la Universidad Externado de Colombia, donde se establece en 12.9% el promedio de las coimas que deben pagarse por obtener un contrato.

Sin embargo, el Zar sólo tuvo en cuenta para el cálculo los 30 billones de pesos del presupuesto de este año destinados a inversión, como si los 73 billones de pesos que cuesta el funcionamiento del gobierno central estuvieran a salvo, o los respectivos presupuestos de inversión y funcionamiento de los entes territoriales. Lamentablemente, ninguno de esos recursos está seguro porque, como bien dice el Contralor General Julio César Turbay, buena parte de ellos se destina a “financiar fiestas, patrocinar turismo deportivo, erigir monumentos, pagar medallas honoríficas y pintar las fachadas de los edificios públicos”. Es decir, no sólo hay corrupción sino despilfarro y problemas de eficiencia en el gasto. Por tanto, el menoscabo de las arcas públicas debe superar en mucho lo estipulado por el Zar.

No obstante, la corrupción en Colombia no nació ayer ni es exclusiva de este gobierno como algunos insinúan. Es más, no hay evidencia alguna de que durante el mandato de Álvaro Uribe haya habido un incremento de la corrupción, si bien la lucha por combatirla tampoco parece estar dando frutos. Por eso, son teatrales y demagógicas las declaraciones del Fiscal interino Guillermo Mendoza Diago, quien ha manifestado su preocupación por detectarse casos de corrupción “en todas las áreas de la administración pública”. Igualmente las del Procurador General Alejandro Ordóñez, quien afirma que “la corrupción ha desbordado la institucionalidad y esa es una circunstancia dramática sin antecedentes” . Ambos saben que las entidades que dirigen también están plagadas de corrupción, y que en sus largas carreras en el sector público, han sido testigos de esa realidad. Es artificioso decir otra cosa.

Siendo justos, hay que reconocer que la corrupción es un problema de todos, una tara cultural si se quiere, aunque eso no puede admitirse como una justificación. Un ejemplo de ello es el desfalco del que viene siendo objeto la vieja Telecom por pago de pensiones fraudulentas, que ya va en 120.000 millones de pesos y que podría llegar a dos billones. En esa artimaña están confabulados ex trabajadores de la entidad; abogados venales que promueven el despojo; jueces deshonestos que fallan contra Derecho, saltándose, incluso, sentencias de la Corte Constitucional; y los funcionarios de la entidad liquidadora que han pagado hasta dobles reclamaciones, lo cual es claramente ilegal. Del mismo fraude han sido víctimas el Seguro Social y Cajanal, y hace poco se conocieron nuevos casos de corrupción (en la misma modalidad) en Foncolpuertos .

Y lo más grave es que todo esto se desarrolla bajo el amparo de la ley, con apariencia de legalidad, porque es precisamente bajo su sombra que se desangra el erario a través de las regalías, las transferencias, los contratos con el Estado… Cada una de las trampas del Manual publicado por el Zar Anticorrupción, tienen como propósito eludir algún tipo de control establecido en el ordenamiento legal: hecha la ley, hecha la trampa. Además, la corrupción se ve estimulada por la impunidad existente en el país, que es del 96% según estudios de la Unión Europea. Es que el Estado colombiano no tiene dientes ni para obligar a conductores imprudentes —asesinos en potencia—, a pagar sus infracciones.

Acusar de corrupta a la clase política es muy fácil, sobre todo porque malgastar dineros públicos es peligrosamente sencillo. Pero en nada ayuda venir a decir, con criterio electorero, que el tema es nuevo o que se ha empeorado de la noche a la mañana, y que el culpable es el Ejecutivo cuando nada de eso es cierto. ·

Publicado en el periódico El Mundo, el 7 de diciembre de 2009

Fuentes documentales:

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Posted by Saúl Hernández