No sé si Uribe esté tratando de convencer a su alma para no presentarse a un tercer mandato, como dicen que le dijo a Carter. Tal vez para lo mismo le pidió a la Virgen de los Remedios de Riohacha que apaciguara su “ser en llamas”. Lo que sí es claro es que la oposición entera -bullosa, pero minoritaria- anda ofreciendo rogativas a todos los santos para que desista, alineándose hasta con los prelados de la Iglesia Católica, a quienes mandaba a callar a cada rato, recordándoles que la Constitución del 91 sacó al Corazón de Jesús al corredor.

Es claro que los buenos presidentes, al igual que los grandes deportistas, deberían retirarse a tiempo, no como esas glorias del balompié que terminan haciendo el oso en segunda división. Pero una cosa es retirarse cuando pesan las lesiones y los años y otra, muy distinta, es hacerlo por solicitud de los contendientes. No creo que los aspirantes a imponerse en el despiadado Tour de France estén eufóricos con el regreso de Armstrong, como sí lo están muchos aficionados. Ni que Messi se retire a pedido de la hinchada del Real Madrid. Como en todo, lo que priman son los intereses de cada cual.

La pregunta es: ¿debe Uribe irse, en uso de buen retiro, a marcar vacas a su finca, amansar bestias y ubicarse donde no estorbe como un mueble viejo? Ese es el sueño de sus malquerientes, del ‘mono Jojoy’ para abajo. Y el argumento de todos ellos es que hacerse reelegir otra vez es antidemocrático. Eso repiten a diario, con afectación intelectual, los mismos que aplauden los 50 años de tiranía de Fidel Castro; las reiteradas arbitrariedades de Hugo Chávez, como el encarcelamiento de opositores y el raponazo que le dio al alcalde legítimo de Caracas; los desafueros de Correa y Evo, o el ascenso de esos personajes que no pueden controlar ni sus propias braguetas, como el obispo Lugo y Daniel Ortega.

Ni Uribe ni su gobierno son perfectos y acaso un relevo remueva paradigmas anquilosados y hasta potencie los logros alcanzados en esta administración. Pero como dice Alfonso Monsalve (El Mundo, 26-04-09), las mayorías tienen derecho a “asegurar su voluntad política en un determinado proyecto”, y quienes atacan la reelección “deben demostrar que viola los derechos fundamentales o lesiona principios básicos de la democracia, como el equilibrio de poderes”.

Además, deberían demostrar las falencias de este Gobierno y convencernos de que lo harían mejor. No pueden dedicarse solo a hablar de mecánica electoral y a desprestigiar torpemente al Gobierno empobreciendo aún más el debate político al darles crédito a patrañas de gente perversa como David Murcia o ‘don Berna’.

Tal vez muchos prefieran que los familiares del gobernante estén en la política, como el hermano de Chávez, ministro de Educación; o su padre, gobernador de Barinas; o la hermana de Correa, Pierina, candidata a la gobernación de Guayas; o qué tal los Kirchner. Los hijos de Uribe llegarían al Senado o a la Comisión de Televisión sin apenas bostezar, pero prefirieron hacer empresa, que es más difícil. Su pecado es ser los hijos del Ejecutivo.

La estrategia apunta a generar cansancio y hastío entre los uribistas moderados -que son la mayoría- para darle músculo al único adversario que puede derrotar a Uribe: el umbral del 25 por ciento del censo electoral, necesario para aprobar el referendo. Un adversario que podría engendrar un adefesio histórico: que Uribe pierda el referendo con siete millones de votos (unos 200.000 menos de los necesarios para superar el umbral) y que el nuevo presidente, sea quien sea, difícilmente consiga cuatro millones.

Si es uribista, no será más que un muñeco de ventrílocuo; si antiuribista, tendrá más poder para hacer llover en el Sahara que para gobernar a Colombia. Y la médula del asunto sigue estando -como dice don Enrique Santos- en que nuestra enclenque democracia no ofrece “relevos convincentes”. ·

Publicado en el periódico El Tiempo, el 28 de abril de 2009 (www.eltiempo.com).

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Posted by Saúl Hernández

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