Alan Jara no sólo es el único secuestrado que ha retornado a la libertad despotricando del gobierno de Uribe, y con síntomas de ‘enamoramiento’ de sus captores, sino el único que ha traído una visión insólita con respecto al estado actual de la guerrilla, que resulta diametralmente opuesta a la perspectiva que plantean otros secuestrados, los guerrilleros desmovilizados y los análisis más serios.

Sin embargo, dada la coacción a que fueron sometidos los cuatro miembros de la fuerza pública liberados el 1 de febrero, obligados a entregar declaraciones manipuladas a un periodista títere de las Farc, habría que sopesar si la actitud de Jara, y aún de Sigifredo López, se debe a algún tipo de coacción o de lavado de cerebros, pues de otra forma es difícil explicar los desvaríos de estos dos personajes que hoy parecen fungir como jefes de debate de Piedad Córdoba.

Y es que una cosa es compadecerse y solidarizarse con la dura situación vivida por estos compatriotas y otra, tragarse la gran cantidad de imprecisiones, mentiras y sandeces que han dicho desde su liberación. Mientras todos los secuestrados han sido prolijos en detallar toda clase de privaciones y maltratos, y desertores como alias ‘Rojas’ y alias ‘Karina’ se rindieron por física hambre, Jara asegura que recibía regularmente una provisión de 14 rollos de papel higiénico y toda clase de ‘amenities’ en su imaginario hotel de cinco estrellas.

Las “perversidades” de Jara contrastan con todo lo que ha conocido el país en los últimos años. En algunas revelaciones trata de mejorar la imagen de las Farc, como cuando dice que allá “no hay maltrato, no hay grosería, no hay humillaciones ni nada parecido”; que las cadenas son usadas como método de “seguridad” y no de tortura; que las Farc tienen una red de mantenimiento y de logística “envidiables”; que desde que se cerró la zona de distensión el temor no ha sido que la guerrilla lo mate, sino que lo haga el Gobierno; y que la guerrilla corría a protegerlos en los bombardeos.

Otras declaraciones tienen una clara intención política: que Uribe no ha hecho nada por los secuestrados; que la guerrilla no está “nada derrotada”; y que a la guerrilla le conviene otro gobierno de Uribe porque a las Farc les sirve la crisis y porque –según la supuesta opinión de un guerrillero- “una revolución prospera con un gobierno como el de Álvaro Uribe”. Por supuesto que esta no es más que una forma subrepticia –y hasta descarada- de decirle al país que se equivocó eligiendo a Uribe y su doctrina para derrotar a las guerrillas, cuando la realidad demuestra que están en vía de extinción.

Jara asegura que la guerrilla no se acabará mientras sigan existiendo las causas que motivan el ingreso de combatientes jóvenes; la falta de oportunidades, el no tener modo de ganarse la vida. Esa es la misma excusa con la que las Farc justifican su existencia y se niegan a un acuerdo de paz hasta que no se eliminen “las causas objetivas del conflicto”. En lugares más pobres y más injustos que Colombia, no hay guerrillas; y los ideales marxistas que los terroristas preconizan no han servido más que para hundir en la miseria a aquellas sociedades que los han padecido. Eso debe saberlo bien alguien como Jara, educado en la Unión Soviética. Además, sabemos que hay reclutamiento forzoso –incluso de niños- y promesas de salario que no se cumplen. Raro que Jara no lo sepa.

Ambos políticos liberados quieren enarbolar las banderas del intercambio –que de humanitario no tiene nada- pero a la medida de las Farc y no de las necesidades del país; además de apropiarse de la tarea de lavar la imagen de la señora Córdoba, a quien los computadores de ‘Reyes’ –que todos los días demuestran su autenticidad, como en el caso Chauvín- señalan de manejar mezquinamente las liberaciones.

Ya se había dicho que de la forma como se fueran perfilando las cosas después de la liberación unilateral de estos seis secuestrados, se iba a tornar más claro el propósito de un hecho que en sí mismo es positivo y que nos alegra por esas personas y sus familias. Sin embargo, nada hay que agradecerles a las Farc o a Piedad Córdoba y sus amigos puesto que se están valiendo del tema del secuestro para ganar votos. Piedad ya está en campaña como candidata del farc-chavismo, con la bandera del intercambio ‘humanitario’ y el gancho de un supuesto proceso de paz pero ya estamos muy viejos como para que nos metan los dedos en la boca. ·

Publicado en el periódico El Mundo, el 9 de febrero de 2009.

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Posted by Saúl Hernández

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