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Fiel a su verdadera vocación de amansador de caballos, el presidente Uribe prefirió un tono moderado en Bariloche, muy distinto al de la reunión de Santo Domingo. Esa vez, Uribe capoteó los toros con destreza, arrancó olés de los tendidos, puso banderillas, estoqueó hasta la empuñadura y salió en hombros de la plaza. Fue un evento apoteósico en el que enfrentó una encerrona en gavilla y los atendió a todos con una sola mano.

Algo similar se esperaba en Bariloche. Sabemos que Uribe no tiene un pelo de cobarde, ni es timorato, retraído, apocado o pusilánime. Pero se vio excesivamente respetuoso y medido, vaya uno a saber si fue (sin contar la influenza) por razones de estrategia o porque —según EL TIEMPO—, los “presidentes de Brasil y de Argentina impidieron que endureciera ataques contra Chávez”.

Se dijo, y lo esperábamos, que, a instancias de Colombia, se tocarían otros temas como la carrera armamentista de los vecinos, el intervencionismo de gobiernos de la región, los acuerdos militares entre países del área y de estos con terceros, etc. Sin embargo, nada de eso se habló. ¿Acaso se está jugando al apaciguamiento con los vecinos como se hizo tanto tiempo —equivocadamente— con las guerrillas?

Después de la descarada revelación de Chávez, en el sentido de que buscará hacerles llegar su mensaje a los colombianos con ayuda de sus amigos —Piedad, las Farc, el Polo…—, no podemos esperar nuevos abrazos y reconciliaciones. No es prudente mantener por más tiempo este matrimonio de conveniencia en el que los colombianos estamos siendo cocinados a fuego lento sin notarlo, como una rana en una olla de agua hirviendo.

En Bariloche, Colombia debió pedirles cuentas a los demás miembros de Unasur sobre los mismos temas que nos escudriñan a nosotros, y desestimar, punto por punto, todas las sandeces que se dijeron en la reunión, para desbaratar esa campaña de desprestigio contra Colombia, como supuesto foco de peligro para la región.

A Chávez y sus títeres se les permitió regodearse demasiado con majaderías sacadas de ese documento “ultrasecreto” que cualquier estudiante copietas puede bajar de Internet, como esa de que hasta el África quedaría a merced de un C-17 desde Palanquero. ¡Cuántos ignorantes estarán creyendo que Estados Unidos va a bombardear al mundo, desde Colombia, con un avión de carga!

Por ejemplo, Alan García —amigo de Colombia— confundió los términos al hablar de “…bombarderos B-17 para que recorran Suramérica sin ser descubiertos…”. El apócrifo ‘Libro Blanco’ se refiere es a C-17, cargueros similares a los Hércules, mientras que el B-17 es un viejo bombardero de la Segunda Guerra Mundial, ya en retiro, y los aviones que no podrían ser descubiertos son los bombarderos furtivos, tipo F-117 y B-2, que jamás estarán en bases colombianas. Así fue toda la reunión, plagada de tergiversaciones y falacias. ¿Qué tal la mención completamente descontextualizada que hizo Correa de las Malvinas?

La verdad es que Chávez no tiene por qué temerles a las “bases gringas” simplemente porque Estados Unidos no necesita esa plataforma para invadirlo. El poderío del “imperio” es desmesurado. Aviones C-17 o C-5 (Galaxy) pueden volar desde Florida con tropas de asalto, y la Cuarta Flota puede traer más de cien aviones de combate en un par de portaaviones. En tal caso, a don Hugo no le quedaría más remedio que tomarse una caja entera de Lomotil.

Seamos claros. El problema no es no poder controlar los Awacs y lo que los gringos quieran hacer con ellos. Lo importante ahora es poder controlar al Chávez invasor. Nos hemos armado para el conflicto interno; no se pueden enfrentar Sukhois con Tucanos o tanques de guerra con perros antidrogas. Las “bases gringas” son un factor de disuasión fundamental para la salvaguardia de nuestra democracia. Es que el peligro para la región no son los gringos, sino el señor Hugo Chávez. Por eso, todos deberíamos marchar el 4 de septiembre. ¡No más Chávez en Colombia! ·

Publicado en el periódico El Tiempo, el 1º de septiembre de 2009

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Posted by Saúl Hernández