La liberación de Moncayo no es un acto humanitario sino una artimaña política.

El papel que cumplieron en su momento la madre de Íngrid Betancur y otros parientes, al igual que algunos ‘comités’ creados en Francia para presionar al Gobierno de Colombia y no a sus captores, es el mismo que desempeñan, hoy en día, el profesor Moncayo, Piedad Córdoba y el autodenominado grupo de ‘Colombianos por la paz’. Sus roles son muy simples y la estrategia es muy sencilla: culpar al Presidente Uribe no sólo por la dilación de las Farc para cumplir su palabra de liberar al cabo Pablo Emilio Moncayo sino de sus casi doce años de secuestro.

¿Para qué liberan las Farc al cabo Moncayo? Decir que la liberación no es una filigrana de malicia política sino un acto humanitario, es faltar a la verdad. Con él fue secuestrado otro cabo del Ejército, Libio Martínez, pero este no tiene un padre que se haya recorrido a pie medio país echándole el agua sucia al Gobierno, ni viajado al extranjero a lo mismo, ni insultado al Presidente de la República en plena Plaza de Bolívar. Por supuesto que es una majadería decir que el profesor Moncayo tiene nexos con las Farc, como lo sugiere un correo electrónico que circula por ahí, por muy sonriente que aparezca en una foto con ‘Tirofijo’. Pero contrasta la forma como le pela los dientes a los unos y a los otros; para los captores de su hijo hay muestras de simpatía y para quienes representan a las instituciones sólo insultos, desafíos y provocaciones.

Claro que en la época en que el profesor Moncayo visitó el Caguán no había otro gobierno de facto que las Farc, por lo menos en el sur del país. El presidente de entonces les desocupó de oficio 42.000 kilómetros cuadrados a los guerrilleros, y en términos reales les cedió medio país, en tanto que el otro medio se lo entregó a los paramilitares. El Estado solamente controlaba las áreas centrales de las principales ciudades –no sin problemas–, mientras que sus periferias estaban también repartidas entre los distintos bandos. Así que no hay que dudar del Profesor por el hecho de haber ido a sobarle la toalla a don ‘Manuel’, el único que podía soltarle a su muchacho en ese momento.

Volviendo al tema, estamos en época preelectoral en Colombia, momento clave para quienes están en la brega de profundizar a como dé lugar su modelo de socialismo totalitario en todo el continente. Ellos no van a escatimar esfuerzo para acabar con Uribe y sus políticas de gobierno. Chávez se ha metido a todos los países con candidato propio: eligió a Evo en Bolivia; a Correa en Ecuador; a Ortega en Nicaragua; a Funes en Salvador; a Colóm en Guatemala; al obispo Lugo en Paraguay; a la señora Kirchner en Argentina; y lo intentó con Humala en el Perú y con López Obrador en México…

Los petrodólares de Chávez han corrido a raudales en época de elecciones y Colombia no va a ser la excepción. Chávez comprende que si hay algo que se ha atravesado en sus planes de expansión en Colombia, ese algo son precisamente las guerrillas y más concretamente las Farc. Por eso hay que mostrarse dóciles y hacer ver que el Gobierno es intransigente. Ahora Piedad Córdoba ofrece una imagen apacible que dista mucho de ese basilisco que se paseaba por distintos foros vomitando fuego contra el Gobierno. Las últimas liberaciones, y su calculada dulzura, le han dado figuración en las encuestas, y algunos ingenuos creen que el haberse apartado de la consulta del Partido Liberal es un gesto de grandeza. No, quien sea candidato(a) del chavismo no se va a aliar con un partido que representa la ‘oligarquía’ que el socialismo aborrece. Y ella llena todos los ‘requisitos’ para representar esa vertiente política.

Las Farc les entregan secuestrados a personas en las que por obvias razones confían, por lo que no hay mérito alguno, y pretenden que les agradezcamos el favor de la liberación y hasta del secuestro mismo. De contera, terminan los intermediarios favoreciéndose de un acto despreciable disfrazado de humanitario.

Recordemos, además, que al cabo Moncayo lo liberan porque cayó mal el intercambio de huesos que propuso la guerrilla; los del oficial Julián Ernesto Guevara, muerto en cautiverio, a cambio de los del terrorista ‘Raúl Reyes’. Apelaron, entonces, a hacer un show con el hijo del profesor. Ojalá no les salga tan mal como el de Íngrid, que llegó hablando pestes de la guerrilla y alabando al Gobierno… A doña Yolanda le tocó quedarse calladita.

Publicado en el periódico El Mundo, el 18 de mayo de 2009 (www.elmundo.com).

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Posted by Saúl Hernández

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