Aceptemos, en gracia de discusión, que las Farc sí están interesadas en el intercambio, ante todo por razones humanitarias; que el colectivo de activistas que se cartea con los farianos no tiene ningún interés de oxigenar a ese grupo terrorista, y que este no se está aprovechando de aquellos con doble intención; y, finalmente, que doña Piedad no está en plan de sacarle provecho político a esta figuración y no va a ser la candidata de Chávez a la Presidencia de Colombia.

Ah, y claro, que todos estamos interesados en traer de las selvas a esos 22 compatriotas que continúan secuestrados. ¡Qué digo!, esos centenares, porque sólo las Farc -según País Libre- tienen más de 700.

Pero, una vez tragado este sapo, es muy difícil dejar pasar de largo tantas ingenuidades y lugares comunes. Por ejemplo, León Valencia (El Colombiano, 10/02/2009) anuncia con bombos y platillos que ha descubierto la mecánica clave para hacer el canje y que, por tanto, se acabaron las disculpas. Valencia dice: “El operativo para la entrega de todos los prisioneros en manos de las Farc puede seguir el mismo curso que tuvo la entrega de los secuestrados a Piedad Córdoba. No se necesita más. A esto se le agregaría la liberación simultánea de los presos de las Farc hoy en distintas cárceles del país”.

Sí, el agua moja. No se necesita más. Algunos llevamos años afirmando que no es necesario ningún despeje, que no se requiere sentarse a conversar nada -porque esto no es un proceso de paz-, que no se necesitan reuniones en lugar alguno, que no se precisan intermediarios extranjeros, ni helicópteros, ni organismos humanitarios -aunque no sobran- y ni siquiera a Piedad. A los secuestrados anónimos los liberan en un caserío recóndito, junto a una trocha por la que de vez en cuando pasa un carro viejo; o los montan en un burro maltrecho o una chalupa que hace agua para que retornen a la civilización de la mano de mi Dios. No se necesita más. La voluntad se manifiesta con discreción y diligencia, es ajena al estruendo de los helicópteros y la algarabía de una rueda de prensa. De este lado, el Gobierno abre un candado y todos a la calle, así salió nadie menos que Granda.

Entonces, no vengamos con el cuento de que descubrimos el agua tibia cuando esto está inventado hace rato. Por eso, es inevitable maliciar que esto es parte de un plan para tirarles flotadores a las Farc. Y cuesta trabajo entender que sea la izquierda democrática -que es la más perjudicada por la existencia de la subversión- la que le infle salvavidas para evitar su agonía. Es más, esta propuesta que Valencia se atribuye como propia fue enunciada por Sigifredo López el día de su liberación. No es mera casualidad, es un libreto convenido.

De hecho, Valencia termina su escrito con una predecible trampa cazabobos: “Es posible incluso que, si el evento del intercambio termina bien, se presente la oportunidad de volver a hablar de negociaciones de paz”. Es decir, nos están ‘regalando’ la libertad de unos compatriotas vilmente retenidos para que compremos otro Caguán. Ese es el gancho de la promoción. Para entender, no se necesita más.

Y creer que no se necesita más para el canje es un acto irresponsable, porque se dejan por fuera los secuestrados con fines extorsivos; se abre la puerta a que se repita este mecanismo cada que las Farc quieran; se desmotiva a la Fuerza Pública; se premia la reciente escalada de violencia de las Farc -como la masacre de los awás-; y se promueve la impunidad y la violencia al permitir que centenares de combatientes regresen a filas.

Es incoherente que el doctor Sigifredo pida cárcel para el ‘Mono Jojoy’, en caso de desertar con secuestrados, mientras avala la impunidad del intercambio, sumando combatientes en vez de restarlos. En esos términos, no se necesita más para entender que el canje no es la antesala de la paz, sino una vuelta de hoja al pasado, a una página que ya habíamos leído y olvidado. ·

Publicado en el periódico El Tiempo, el 17 de febrero de 2009

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Posted by Saúl Hernández

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