El gobierno de Brasil, con Lula a la cabeza y su Ministro de Relaciones Exteriores Celso Amorim, fue el que más se opuso, hombro a hombro con el dictador Chávez, a la extensión del tratado de cooperación militar entre Colombia y Estados Unidos que ellos insisten en denominar “bases militares gringas”. Fue el gobierno brasileño el que legitimó los reclamos airados del sátrapa venezolano; fue el neoimperialismo carioca el que se manifestó ofendido por permitirle al imperio gringo que instalara “bases” en el corazón de América; fue Brasil el que dijo temer por su soberanía de la selva amazónica, la que ellos mismos están devastando; y fue el gobierno de Brasil el que más apoyó un sartal de majaderías salidas de un documento ‘ultrasecreto’ que Hugo Chávez bajó de Internet.

Siempre dijimos que las supuestas ‘bases gringas’ en Colombia no representaban ningún peligro para el continente y que no había razón para generar semejante polémica cuando la base de Manta en Ecuador no ocasionó problemas ni desató tantas controversias. Insistimos en el hecho de que el recelo de Chávez no tenía razón de ser porque los E.U. no requieren de bases en Colombia como plataformas para atacar y derrocar ese gobierno, pues los gringos tienen acceso ilimitado a una base aérea en Curazao, a un paso de la costa venezolana, y un poderío militar exuberante que les permite, incluso, desarrollar una operación de esa naturaleza desde sus propias bases en La Florida o empleando la Cuarta Flota, que tardaría tres días para estacionarse frente a sus costas con un par de portaaviones y más de cien aviones de combate.

Se ha querido señalar que el acuerdo de Brasil es muy distinto al de Colombia y que por eso no ha despertado las mismas controversias y desconfianzas. Por ejemplo, se dice que Brasil dio a conocer los detalles del acuerdo a las naciones suramericanas, a través de Unasur, pero eso no es cierto. Sólo tres días antes de la firma del convenio, Ricardo Patiño, ministro de Relaciones Exteriores de Ecuador, país que ostenta la presidencia de Unasur, dijo que Brasil informará “lo más pronto posible” al organismo sobre el convenio militar que tramita con E.U. Es decir, admitió que Brasil no ha informado nada.

Por su parte, Brasilia dice que su tratado con los E.U. también se diferencia con el de Colombia por el hecho de que no contempla la instalación de bases militares ni la presencia de soldados gringos con inmunidad en su territorio. En realidad, los gringos, en Colombia, no van a tener ni a operar una base como la de Manta, sino que se limitarán a gozar de acceso a siete bases colombianas en las que, por cierto, no operarán aviones de guerra sino de vigilancia electrónica, tipo Awac.

En cuanto a las llamadas ‘tropas’, es imposible que a Brasil no lleguen técnicos, analistas e instructores después de firmar un acuerdo tan amplio, que incluye “cooperación en investigación y desarrollo de seguridad e intercambio de información militar, así como en proyectos y programas tecnológicos e iniciativas comerciales” (El Tiempo, Editorial, 11/04/2010). Un acuerdo de tal magnitud que Brasilia no ha dudado en calificarlo como el “gran paraguas”, que contemplaría desde compraventa de arsenales hasta entrenamientos militares conjuntos en el Atlántico Sur.

En referencia a lo anterior, Colombia tampoco tiene ni tendrá tropas gringas, entendiendo estas como soldados armados en operaciones de combate, pero sí hay y habrá personal que presta asesoría en distintos campos. El acuerdo colombiano es mucho más limitado que el que ha firmado Brasil.

En el fondo, la hipocresía de los brasileños favorece a Colombia, ya que esto da por zanjada la discusión, tanto en el exterior como en el interior; pero no es una buena noticia para el subcontinente dados los desvaríos imperialistas del Brasil. Ya el año pasado, Brasil había firmado un osado convenio militar con Francia que incluye la compra de variado armamento con transferencia de tecnología, incluyendo submarinos de propulsión nuclear, por un monto de US$ 12.300 millones. En verdad, la diferencia entre ambos acuerdos radica en que mientras Colombia sólo pretende combatir el narcotráfico y el terrorismo, Brasil anda en busca de una inobjetable supremacía regional. Así, que no extrañe a nadie si pasa de ser un buen vecino a una potencia opresora, pues su doble moral es un mal augurio.

Publicado en el periódico El Mundo, el 19 de abril de 2010

También le puede interesar

Posted by Saúl Hernández