No habían pasado más que unas horas de aquel magnifico triunfo de la oposición venezolana en los comicios legislativos del 26 de septiembre, cuando se advirtió que Hugo Chávez apelaría a cualquier maniobra para castrar los poderes de la nueva Asamblea antes de su posesión en el próximo mes de enero. De hecho, el Teniente Coronel se curó en salud manipulando a su antojo los distritos electorales mediante una vieja práctica conocida como ‘gerrymandering’, gracias a la cual los votos en las áreas de su dominio valdrían más que los votos sufragados en las zonas que controla la oposición, o sea los ‘escuálidos’, como los llama el dictador. De esa manera fue como se dio el absurdo de que el chavismo alcanzara 95 curules con el 48 por ciento de la votación en tanto que la oposición solo obtuvo 65 escaños a pesar de tener el 52 por ciento de los votos.

Y es que en su afán por profundizar la revolución, Chávez no podía permitirse la pérdida del control de la mayoría calificada en el legislativo, donde las decisiones más importantes se toman por votación de las dos terceras partes. De ahí que se aprovechara del primer pretexto que se le ocurrió (el tema invernal) para llevarse de ancho lo poco que quedaba de democracia en Venezuela, solicitando una Ley Habilitante que le diera poderes omnímodos por 12 meses para dictar decretos con fuerza de ley, que no es otra cosa que una forma de absolutismo permitida por el artículo 236 de la Constitución ‘bolivariana’ que mandó a confeccionar a la medida de sus ambiciones.

Eso, sin embargo, no fue considerado suficiente por una Asamblea Nacional de bolsillo que terminó explayándose en generosidad y le concedió 18 meses de la más absoluta y desvergonzada autocracia, pasándose por la faja el derecho soberano de la nueva Asamblea pues la actual cedió sus funciones por un tiempo muy superior al que le resta, dado que su periodo concluye el 5 de enero, lo que en cualquier país constituiría un vulgar golpe de Estado, mas no en esos países, como Venezuela, que configuran el último bastión del comunismo en el mundo.

Claro que el sátrapa no es que se haya sentado a aguardar los superpoderes. La realidad es que en las últimas semanas ha estado acelerando notoriamente la profundización del más abyecto de los modelos comunistas con fuertes arremetidas en varios campos. Las expropiaciones, por ejemplo, son completamente arbitrarias; poco importa si se trata de una “recuperación de tierras ociosas”, como dice Chávez, sino de golpear regiones opositoras como el Estado de Zulia. Pero, más grave aún es la intromisión del régimen en Internet, que terminará siendo censurada como en China y Cuba, y en las universidades, con la consecuente pérdida de autonomía. Es decir, ya Miraflores no admitirá más voces disidentes que cuestionen la dictadura desde adentro, y desde hace tiempo tiene comprado el silencio internacional.

En efecto, en medio de este panorama, nadie en la comunidad internacional dice nada. La mayor parte de los organismos multilaterales están tremendamente contaminados por la ideología de izquierda. Por eso, Colombia –y sus gobiernos– ha sido víctima de una persecución infame por parte de tribunales de derechos humanos, entidades como la ONU, la OEA y Unasur, y decenas de ONG extranjeras que, de manera sesgada y oportunista, nos critican para hacernos ver ante la comunidad internacional como una horda de salvajes.

No ocurre lo mismo con Venezuela, y concretamente con su dictador, donde a pesar de haberse ejecutado en los años que Chávez lleva en el poder, todas las etapas de un progresivo ahogamiento de la democracia, la comunidad internacional ha preferido enterrar la cabeza para ignorar los excesos de la tiranía que se ha instalado allí y que promete ser una copia al carbón de la dictadura de Fidel. ¡Ah, hipócritas! ¿Cómo puede alguien comparar lo logrado en Colombia durante ocho años de gobierno de un demócrata de todas las horas como Álvaro Uribe Vélez con lo que ocurre en Venezuela? Ya estamos cerca del punto de no retorno: Venezuela termina el año con su democracia moribunda.

(El Mundo, diciembre 27 de 2010)

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Posted by Saúl Hernández

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