Patente de Corso, Licencia para matar, Derecho a delinquir… De cualquiera de esas formas puede llamarse la norma que acaba de establecerse en la Universidad de Sevilla y que, espero, tenga anonadados a ciudadanos de todo el mundo, porque el mal ejemplo cunde y estas barbaridades terminan copiadas en todas partes. No sé a qué imbécil se le puede haber ocurrido eso de no amonestar al estudiante que es descubierto haciendo fraude en un examen, permitirle terminar la prueba y dejar luego que sea una comisión de tres profesores y tres estudiantes los que decidan si hizo  fraude o no; todo un esperpento inmoral que atenta no sólo contra la calidad educativa sino contra el desarrollo social. No digo que no pueda haber en ciertos casos cierta ponderación, mucho menos que los profesores se deban comportar como Torquemada; pero en la educación debe buscarse la excelencia y no el relajo, como en este caso. Esto es como permitir que un atraco descubierto en flagrancia se lleve a término antes de poder llevar el ladrón ante un tribunal, que tres jueces y tres pillos decidan si la puñalada fue grave o no, y concluyan si en realidad hubo un robo. O esperar que una violación sea consumada para poder detener al gamberro. Para allá vamos, con ‘universidades’ alumbrando el camino al despeñadero.

Posted by Saúl Hernández