Consideran algunos que todo está servido para que el presidente Uribe aproveche el poco tiempo que le queda, y demuestre que sí tiene corazón grande, haciendo el mal llamado ‘intercambio humanitario’. Incluso, la senadora Piedad Córdoba, luego del tortuoso proceso de liberación de Calvo y Moncayo, y de los huesos del coronel Guevara –a los que las Farc, cínicamente, rindieron honores militares–, se fue de gira a Europa a pedir el apoyo de organizaciones afines a las Farc, para presionar dizque un ‘acuerdo de paz’.

Pero resulta que nada ha cambiado tanto como para que estemos pensando en intercambios y muchísimo menos en acuerdos. El país no admite un ‘intercambio’ que implica canjear, como mercancía, gente de bien por delincuentes peligrosos que, a menos que exista un mecanismo de verificación muy claro, volverán a las filas de la subversión por mucho que se comprometan a no hacerlo. Y hay algo más grave, el hecho de que esto se convierta en un mecanismo automático para sacar a los terroristas de las cárceles, una especie de indulto de facto con vigencia permanente, que le daría una gran ventaja militar a un grupo de terroristas que no merece tal atención.

De otro lado, no hay punto de comparación entre la situación de los militares secuestrados y los delincuentes presos, a quienes se les han respetado todas las garantías procesales en juicios totalmente legítimos. En su reclusión, en cárceles lo más dignas posible, cuentan con alimentación, atención médica, derecho a visitas y amplios beneficios de reducción de penas. De hecho, los guerrilleros presos salen de las cárceles a diario, debido a la laxitud de las sentencias, e inveteradamente vuelven a delinquir, como se ha comprobado en innumerables ocasiones.

Además, mientras las Farc hablan de liberaciones demuestran su desprecio por la vida de los colombianos con la barbarie de sus actos. Cuando el trance de la liberación estaba a punto, detonaron un carro bomba en Buenaventura (Valle), asesinando a nueve personas, y explotaron al niño Heriberto grueso, de 13 años, en El Charco (Nariño), a quien engañaron pagándole por el acarreo de un bulto que llevaba explosivos para detonar contra el puesto de Policía. Al respecto, Piedad Córdoba asegura que fueron Los Rastrojos, pero la estrategia ha sido usada por las Farc en múltiples ocasiones, como en Samaniego (Nariño), en julio pasado, donde detonaron una mujer bomba que fue engañada para llevar un almuerzo a la estación de Policía; o en Fortul (Arauca), en 2003, donde engañaron al niño Irwin Orlando Ropero, de diez años, para que llevara una bicicleta bomba hasta un retén militar, donde lo hicieron volar en pedazos.

Sobre el infame circo de las liberaciones hay que volver a hacer hincapié en varios hechos: 1) A Piedad Córdoba le entregan secuestrados por ser ‘amiga’ de las Farc, no porque sus gestiones o insistencia sean milagrosos. 2) Para esas liberaciones no se necesita a Piedad, ni al CICR, ni helicópteros extranjeros, ni medios de comunicación, ni países amigos o enemigos. Eso es sólo un circo pues la liberación de secuestrados está ‘inventada’ hace rato, a la gente la sueltan en una vereda, en un camino, y listo. 3) No se puede hacer cualquier cosa por los secuestrados, las concesiones de hoy son la cuota inicial para tener más muertes y más secuestros mañana. En la toma del cerro Patascoy, donde secuestraron a Moncayo, cayeron abatidos 22 soldados cuyos nombres nadie recuerda, ellos y sus familias son más víctimas que cualquiera y no se andan por ahí haciendo aspavientos. No se puede estar liberando delincuentes cada que otros delincuentes extorsionen a la sociedad, ese no es el camino de la paz sino del sometimiento. 4) Esas liberaciones no son un gesto humanitario. Esta es una estrategia cuyo objeto es obtener beneficios militares y políticos, como el estatus de beligerancia o el ser retirados de las listas de organizaciones terroristas si el gobierno se presta a esa patraña.

¿Por qué las Farc tienen tan repentino interés en un intercambio relámpago –y un supuesto acuerdo de paz– justo en las postrimerías de un gobierno al que se propusieron sobrevivir? ¿Creen que aún nos pueden ilusionar con espejitos? A Colombia sólo le queda el exitoso camino de la firmeza; si las Farc aún viven es gracias al dictador Chávez, quien no sólo es el “viagra de Cuba” –como dice Yoani Sánchez– sino también el de las guerrillas colombianas.

Publicado en el periódico El Mundo el 12 de abril de 2010

También le puede interesar

Posted by Saúl Hernández