En un reportaje con la cadena CNN, el presidente Juan Manuel Santos reconoció que la farsa de liberación de seis secuestrados pudo servir para que el terrorista ‘Alfonso Cano’ escapara del cerco militar que lo tenía asediado desde hace más de un año en el Cañón de las Hermosas.

A pesar de que en ese sitio ha estado bien refugiado, bajo el resguardo de la agreste topografía y sus nutridos anillos de seguridad, es lógico pensar que su ubicación y posterior captura o muerte serían cuestión de tiempo –como sucedió con el ‘Mono Jojoy’–, pues si algo ha dejado en claro la lucha de Colombia contra grandes criminales de diversa estirpe, es el hecho de que todos sucumben tarde o temprano ante el poder del Estado, un Estado que suele reaccionar tarde pero que siempre termina ganando la partida.

Por eso, las Farc saben que el único sitio seguro para ‘Cano’ es Venezuela, donde hoy se encuentran ‘asilados’ casi todos sus cabecillas, como Rodrigo Granda, ‘Iván Márquez’, ‘Timochenko’, ‘Grannobles’ y otros; y también los del ELN, como  Antonio García, Pablo Beltrán y ‘Gabino’. Esto, a pesar de supuestos compromisos pactados entre Hugo Chávez y Santos, que incluirían la promesa de aquel de no albergar más a terroristas colombianos en su país. De hecho, luego de la reunión de Santa Marta, el pasado mes de agosto, se rumoró que las Farc estaban levantando sus campamentos en Venezuela, pero recientemente se han conocido versiones según las cuales la presencia de las Farc y el ELN en el país vecino está más fuerte que nunca. Las denuncias no solo provienen de periodistas, sectores de la oposición venezolana y ganaderos extorsionados y secuestrados, sino de los gobernadores de Arauca y Guajira, que han visto un grave deterioro del orden público en sus departamentos por la facilidad que tienen las guerrillas para cruzar la frontera.

Y hay otra cosa que también ha quedado en claro tras la guerra del Estado y la sociedad civil contra grandes delincuentes en las últimas décadas, y es que los rumores casi siempre terminan siendo ciertos. Este, valga decirlo, no es un rumor cualquiera ni carece de fundamento: diversas fuentes aseguran que ‘Cano’ habría sido evacuado del Cañón de las Hermosas, el domingo 13 de febrero, en uno de los helicópteros brasileños prestados para recoger a los secuestrados. Algunos dicen que lo llevaron hasta Venezuela o Brasil, fronteras que quedan a muchas horas de vuelo desde el lugar de la extracción; otros, que hasta el municipio de Mariquita, ubicado por fuera del cerco militar, desde donde podría estar adentrándose en las selvas de histórica presencia de las Farc para huir hacia Venezuela.

Alguien se preguntará si no es exagerado creer que la decisión ‘humanitaria’ de liberar a unos secuestrados era parte de una trama novelesca para ayudar a que ‘Cano’ se escabullera. Las Farc llevan medio siglo secuestrando colombianos, con picos de hasta 3.000 secuestrados en un solo año. No es la única banda que secuestra pero es la campeona, de lejos. Y podría asegurarse, sin temor a equívocos, que el 99 por ciento de los secuestrados que han regresado con vida lo han hecho sin ayuda de ninguna entidad ‘humanitaria’, como el Comité Internacional de la Cruz Roja, ni de activistas políticos, como Piedad Córdoba. Mucho menos han necesitado de helicópteros o de concesiones especiales como la de detener los operativos de las Fuerzas Militares. Por lo general, los subversivos los bajan del monte y les indican el camino hasta el pueblo más cercano. Todos son liberados sin ninguna parafernalia a excepción de los llamados ‘canjeables’, cuyo secuestro, ya que no tiene fines extorsivos, otorga réditos propagandísticos, políticos y militares.

¿Qué podía esperarse de una liberación anunciada con más de dos meses de anticipación (el 8 de diciembre anterior) y a cumplirse en tres actos y tres sitios diferentes? Pues nada bueno, menos cuando una de las liberaciones iba a tener lugar en cercanías a la guarida de ‘Cano’. Temores que se confirmaron ese domingo, cuando se supo que las Farc supuestamente dieron las coordenadas mal. Días después, Piedad Córdoba arguyó con cinismo que “dificultades logísticas, técnicas, atmosféricas, topográficas y las propias de la guerra interna, dificultaron la entrega”.

Finalmente, el presidente Santos recogió sus propias palabras: dijo que el gobierno sabía perfectamente dónde estaba ‘Cano’, que no fue ayudado a escapar y que en cualquier momento caería como ‘Jojoy’. Ojalá tenga razón porque ¿qué pasaría de conocerse la presencia de ‘Cano’ en Venezuela? ¿Qué responsabilidad tendrían el CICR, Brasil, Santos y ‘Teodora’ Córdoba en nuevas acciones criminales ordenadas por ese terrorista? ¿Seguiría intacta la amistad con el “nuevo mejor amigo”? Abundan las dudas.

(Publicado en el periódico El Mundo, el 21 de febrero de 2011)

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Posted by Saúl Hernández

One Comment

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