Desde hace semanas se ha venido especulando acerca del valor que tendría Walid Makled para el gobierno venezolano como pieza de cambio. Esto a raíz de la controvertida decisión del presidente Santos de enviarlo extraditado a Venezuela y no a los Estados Unidos, como sería usual. Se ha dicho que Obama entendió las razones de Santos para tomar esa decisión, pero también que hay sectores del Congreso norteamericano anunciando trabas para el TLC en represalia por esa salida inamistosa.

La verdad es que Santos no tiene un pelo de tonto y que le gusta tomar decisiones audaces pero calculadas. Y la del caso Makled tiene un antecedente más osado aún: la reunión cumbre entre Santos y Chávez en Santa Marta, el 10 de agosto pasado. En Colombia, Juan Manuel había sido el mayor crítico del Teniente Coronel, y el venezolano había advertido guerra en caso de que Santos fuera elegido presidente. Por eso, para Santos era imperativo contener la beligerancia de Chávez para poder gobernar; amarrándole la lengua se quitaba de encima un lío mayúsculo y cualquier cosa adicional sería ganancia.

En esa línea, el estilo de Santos ha sido coherente, yendo mucho más allá de convertir al peor enemigo en el “nuevo mejor amigo”. Pero no solo lo hizo por diferenciarse de su antecesor sino por instinto de supervivencia; mientras el ex presidente Uribe caza peleas por doquier y las atiende con una sola mano, a Santos ese estilo lo dejaría rápidamente tendido en la lona. Por eso creó la Unidad Nacional para neutralizar a la oposición, especialmente al Partido Liberal; por eso desbarató las consejas internacionales contra Colombia conciliando con gobiernos hostiles; y por eso se apropió de banderas de la izquierda para quitarse de encima a las ONG de Derechos Humanos, proponiéndose sacar adelante las leyes de Tierras y Víctimas.

Todo eso ha llevado a muchos a considerar que Santos está traicionando el legado uribista, pero lo cierto es que Santos ha jugado sus cartas como podía hacerlo y lo único que se le podría reprochar es que esos juegos de equilibrismo político pueden ser convenientes para él pero no necesariamente para el país.

Y como los beneficios que ha conseguido hasta ahora con Venezuela han sido pírricos, fue una verdadera sorpresa que Chávez le entregara al terrorista de las Farc Joaquín Pérez Becerra, alias ‘Alberto Martínez’, encargado de difundir propaganda subversiva a través de varios sitios de Internet como Anncol, así como de hacer ‘diplomacia’ fariana en Europa.

La sorpresiva decisión de Chávez se presta para especulaciones. Hay quienes creen que pudo incurrir en un error al ignorar la verdadera importancia del subversivo; otros aseguran que no encontró manera de negarse ante la ‘celada’ que le tendió el gobierno colombiano; y hasta hay optimistas que creen que Chávez realmente quiere desmarcarse de las Farc y que les está retirando su apoyo.

Nos gustaría creer que Chávez ha entendido que tener relaciones con grupos terroristas, e intervenir en la política de otros países, puede afectar su revolución y su permanencia en el poder, pero no hay que pecar de incautos. Muchos líderes de las Farc y el ELN siguen en Venezuela y lo verdaderamente sorprendente sería que Hugo Chávez los capture y los embarque hacia Colombia con la diligencia que acaba de mostrar.

Mas bien, habría que considerar el peso de Walid Makled para entender por qué Chávez se expuso a las críticas de sus copartidarios entregando la cabeza de Pérez Becerra. En realidad, fue una simple jugada de Ajedrez: sacrificar una pieza de menor valor, un alfil, para recuperar la reina, la prueba reina de que dirige un Estado criminal.

(Publicado en el periódico El Mundo, el 2 de mayo de 2011)

También le puede interesar

Posted by Saúl Hernández

Deja un comentario