Mientras el expresidente César Gaviria le pide al presidente Santos que se gaste su capital político haciendo reformas que son impopulares pero necesarias, su hijo Simón, Presidente de la Cámara de Representantes, ya empezó a agitar el tema de la reelección haciendo eco al pionero de la iniciativa, el presidente del Partido Liberal, Rafael Pardo. Una propuesta prematura e inoportuna que les puede traer más problemas que beneficios al Gobierno y al país.

Por parte del liberalismo, el objetivo es muy claro. El partido que en otros tiempos fuera el más importante del país, hoy carece de poder y no disfruta de la repartija burocrática desde que terminó el aciago periodo del expresidente Ernesto Samper. Los prosélitos liberales no le perdonaron a Álvaro Uribe —un liberal de toda la vida— el haberse saltado la fila cuyo encabezado se suponía escriturado a Horacio Serpa, el fiel escudero de Samper, absteniéndose de acercarse a Uribe y convirtiéndose en rabiosa oposición. Mucho menos le perdonarían después el haberse reelegido, cosa que no dejarán de cobrarle jamás.

En las elecciones presidenciales del año anterior, el candidato liberal Rafael Pardo obtuvo una votación minúscula (635.735 votos, el 4,38% del total), casi inapreciable para una colectividad que dominaba ampliamente la política colombiana hasta incurrir en los desastres de los años noventa. Una votación que apenas superó el umbral y que por poco deja al ‘glorioso’ partido rojo sin personería jurídica con todas las consecuencias que ello conlleva. En contraste, Juan Manuel Santos, otro liberal de origen, salió elegido Presidente con nueve millones de votos uribistas, lo que deja en claro que el liberalismo y sus actuales figuras no tienen poder de convocatoria.

Sin embargo, los liberales se resisten a la muerte de esa colectividad y el presidente Santos les ha hecho gestos que llaman a la refundación, al recoger banderas liberales que nunca estuvieron en su programa de gobierno y de las que el mismo Santos fue enemigo cuando hacía parte de la administración Uribe.

De momento, la Unidad Nacional no tiene muchos escritorios que ofrecerles a los rojos, pero estos tienen un as bajo la manga que no es otro que ungir a Juan Manuel Santos como su candidato presidencial para el 2014, una movida que enseña un intrincado juego de intereses: Pardo se aparta porque sabe que no tiene votos; Simón Gaviria se mantiene al margen en reconocimiento de que su hora aún no ha llegado; Germán Vargas Lleras —también de origen liberal— se convierte en un damnificado al que sacan del camino por tener su propio partido y clientela, y al que le tocaría salirse del gobierno a hacer oposición. Además, si Santos se reelige, Vargas quedaría en desventaja en 2018, elecciones para las que llegaría desgastado y con 58 años, la misma edad a la que llegó Santos pero en circunstancias muy distintas. Para entonces, Simón tendría 20 años menos y el camino allanado.

Esta movida también le daría jaque mate al uribismo, que quedaría por fuera del juego electoral para la presidencia. Sin Juan Manuel, su candidato natural, tendría que recurrir a figuras (como Juan Lozano y Óscar Iván Zuluaga) que no cuentan con mucho reconocimiento y que, por ahora, tienen escasas posibilidades de éxito.

Habrá que ver cómo sigue desenvolviéndose el panorama para Santos con la oposición interna de su vicepresidente Angelino Garzón, y con las comedidas exhortaciones de Gaviria, a cuya vanidad no le va que otro presidente se reelija. Lo malo es que Santos va montado en el barco de Séneca y solo por ser conciliador y complaciente no va a hacer méritos para repetir mucho menos cuando se le agote el viento de las encuestas.

(Publicado en el periódico El Mundo, el 19 de septiembre de 2011)

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Posted by Saúl Hernández

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