Mucho se ha dicho sobre el ejemplo que los japoneses le han dado al mundo por la entereza con la que han afrontado su tragedia, pero nunca es demasiado. Al respecto, circula por correo electrónico el siguiente decálogo de autor desconocido, que destaca diez valores que deberíamos aprender de los japoneses para cambiar algunas pautas indeseables de nuestro comportamiento. Al fin y al cabo, tiene razón el autor al concluir que “Así es como se construye la paz y el progreso de un país”.

1. “La Calma: Ni un solo golpe de pecho, ni una muestra de aflicción”. Muy diferente a nuestras plañideras de profesión, a nuestras comunidades tan acostumbradas a echarles culpas a los demás y a los reclamos destemplados.

2. “La Dignidad: Disciplinados para hacer colas por agua y alimentos. Ni una palabra brusca ni un gesto tosco”. Nada que se parezca a Colombia, donde no se respetan filas ni para subir a un bus y los cacos las aprovechan para chalequear a la gente.

3. “La Capacidad: Los increíbles arquitectos, por ejemplo. Los edificios se balancearon, pero no se cayeron”. Un terremoto de 9 grados, en Colombia, no dejaría piedra sobre piedra.

4. “La Gracia: La gente compró sólo lo que ellos necesitaban en el momento para que todo el mundo pudiera conseguir algo”. Nuestro egoísmo, en cambio, nos llevaría al acaparamiento y el saqueo.

5. “El Orden: Ningún saqueo en tiendas. Ningún bocinazo y ningún adelantamiento en los caminos. Sólo entendimiento”. A muchos habitantes de Gramalote les robaron los enseres, sobran comentarios.

6. “El Sacrificio: Cincuenta trabajadores se quedaron para bombear agua del mar en los reactores nucleares. ¿Cómo serán recompensados ellos?”. Nuestros héroes de la Fuerza Pública se sacrifican a diario por Colombia. ¿Y cómo les pagamos? Pues creyendo que su función es ponerle el pecho a las balas o podrirse en las cárceles, condenados en procesos vergonzosos como los de los oficiales Plazas Vega y Arias Cabrales.

7. “La Ternura: Los Restaurantes bajaron los precios. Un ATM (cajero) indefenso es dejado en paz (no se lo roban). El fuerte se preocupa por el débil”. Los aportes que hicieron los tres hombres más ricos del país a Colombia Humanitaria fueron sumas modestas en comparación con sus fortunas. La ONU acaba de decir que el Gobierno no toma con seriedad la atención de tragedias naturales.

8. “La Formación: El viejo y los niños, cada uno sabía exactamente qué  hacer. Y ellos hicieron sólo esto”. Bueno, en Colombia todo el mundo hace lo que le da la gana, la disciplina no existe.

9. “Los medios de comunicación: Ellos mostraron una gran moderación en los boletines. Ningún periodista haciendo preguntas bobas. Solo reportajes calmados”. Se parecen a los nuestros, donde predomina la chabacanería, el amarillismo, la frivolidad, el morbo, todo con el único fin de elevar el rating.

10. “La Conciencia: Cuando la luz se fue, la gente en las tiendas devolvió las cosas a los mostradores, y todos salieron de manera calmada”. Los japoneses aplican esa máxima que dice “No hagas a los otros lo que no quieres que te hagan a ti”. Nosotros nos regimos por el “sálvese quien pueda”.

Finalmente, habría que agregar un valor visto por todos: la Diligencia. Los japoneses acudieron prestos al rescate pero no se quedaron ahí; evacuar gente, habilitar albergues, repartir alimentos, reparar vías y demás, fueron tareas que se emprendieron con prontitud, algo imposible en un país como Colombia, donde la contratación pública tiene como fin esquilmar y no servir. Ah, servir, ¿será ese el valor que perdimos los colombianos?

(Publicado en el periódico El Mundo, el 16 de mayo de 2011)

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Posted by Saúl Hernández

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