El gobierno de Juan Manuel Santos parece tener contento a todo el mundo, así lo dicen las encuestas. Pero eso no deja de ser paradójico porque los últimos seis meses –los primeros de la administración Santos– han sido los más malos de los últimos ocho años y medio en materia de seguridad, precisamente desde el momento en que empezó a operar la política de Seguridad Democrática en la mañana del 8 de agosto de 2002.

No hay duda, sin embargo, de que el presidente Santos, para demostrar que se ha ocupado de cuidar el huevito de la seguridad, tiene hechos a su favor como la caída del ‘Mono Jojoy’, el más importante jefe militar de las Farc y cuya muerte o captura eran un anhelo de todos los colombianos. También cuentan la muerte de ‘Fabián Ramírez’, a pesar de que no se pudo hallar su cuerpo, y la de Pedro Oliverio Guerrero, alias ‘Cuchillo, narcotraficante que sembraba el terror en los Llanos con una poderosa fuerza armada al estilo de los antiguos grupos paramilitares.

Pero, si bien es cierto que el trabajo de inteligencia para dar estos golpes venía de muy atrás, no deja de sorprender el que a pesar de su contundencia, se haya disparado la sensación de que el orden público se le salió de las manos al gobierno, con el agravante de que ya hay certeza de que no se trata de una simple percepción subjetiva, tanto que el sumario de sucesos nos hacen recordar las épocas aciagas de los años ochenta y noventa aunque aún se esté lejos de los índices de homicidios, secuestros, extorsiones y actos terroristas de esos tiempos. Incluso, a pesar de que en algunos lugares, como el Departamento de Antioquia, los casos de homicidio se hayan reducido en un 26 por ciento en el mes de enero en comparación con el mismo mes del año anterior.

No obstante, eso no puede ocultar la espiral de violencia de los últimos meses, cuando se han multiplicado los delitos de alto impacto que generan gran zozobra en la ciudadanía. El sicariato ha reaparecido con todo su furor, las ‘bandas criminales’ han desatado todo su poder en inmensas áreas de influencia, las Farc vienen desarrollando con éxito una nutrida actividad terrorista con la que quieren aparentar fortaleza, la delincuencia común se siente a sus anchas con el microtráfico, las microextorsiones y el fleteo. ¿Se requieren más evidencias?

Hace rato, repito, no se leían tantos titulares lúgubres en los diarios: “Niña muerta en ataque de las Farc”, “Tres soldados heridos tras caer en campo minado”, “Emboscan patrulla de la policía que buscaba secuestrados en Huila”, “Asesinados dos ingenieros en Tibú”, “Asesinan a dos universitarios en Córdoba”, “Tres jóvenes murieron en tiroteo en Fontibón”, “Asesinado personero de Aguadas”, “Atentado contra línea férrea en la Guajira”, “Compraventas de carros de Cali sufren atentados”, “Exigen 800 millones por menor secuestrado en Casanare”, “Asesinan a dos sacerdotes en Bogotá”, “Dos cargas explosivas activadas por la guerrilla en Arauca”.

Lo anterior es apenas una muestra al azar, está lejos de ser un análisis exhaustivo pero da elementos suficientes para afirmar que se ha aflojado en el tema de la seguridad. Dirán algunos que para Santos se ha vuelto un tema secundario dados el acercamiento a su nuevo mejor amigo y los nuevos coqueteos de paz con las Farc. Pero Santos no tiene un pelo de tonto y difícilmente echaría por la borda la doctrina por la que fue elegido, pasando con ese baldón a la Historia. El restablecimiento de relaciones con Venezuela ha sido un fiasco: los gobernadores de Arauca y Guajira se quejan del permanente tránsito de guerrilleros desde y hacia el país vecino, las deudas con los exportadores no han sido canceladas y el comercio no se ha reactivado. Eso solo ha servido para que la izquierda continental no le gruña a Santos como hacía con Uribe, nada más.

Por su parte, el tema de la paz se está reactivando para darles oxigeno a las Farc y salvarlas de una derrota segura, no para que se desmovilicen. Santos será el presidente de la paz si termina la tarea y las vence, no si se deja meter los dedos en la boca. ¿Será por eso que el Presidente ha descuidado sus obligaciones principales? ¿Será que este, como otros, se está soñando con un Nobel de Paz? ¿O será que por andar ocupado en proyectos del Partido Liberal, que no estaban entre sus propuestas, descuidó aquellas? Sea lo que sea, hay que pedirle al señor Presidente, respetuosamente, que vuelva al orden y cumpla con sus obligaciones.

(El Mundo, febrero 7 de 2011)

También le puede interesar

Posted by Saúl Hernández

Deja un comentario