El panorama político de los últimos días ha estado particularmente agitado. Decisiones judiciales aberrantes, como la que confirma la condena del coronel Plazas, al tiempo que conmina al Ejército a que se humille y pone en la picota internacional al expresidente Betancur, están en consonancia con la escalada terrorista de unas Farc que se recuperarán totalmente si el Estado lo permite.

El presidente Santos ve enemigos en quienes le decimos la verdad, no en vano sus “mejores nuevos amigos” son muy otros que, por cierto, lo tienen contra la pared al ponerlo a escoger entre Cuba (y el Alba) y EE. UU. como invitados a la Cumbre de las Américas en Cartagena. Con esa amenaza de boicot le pagan su servilismo y su apaciguamiento.

Con todo, se asegura que las relaciones con Venezuela van muy bien y que prueba de ello es la cooperación entre autoridades que permitió la captura de ‘Martín Llanos’. Pero nunca van a entregar a ‘Julián Conrado’, como tampoco les echarán el guante a ‘Timo’ o a ‘Márquez’. A su vez, la minicumbre entre los ministros Pinzón y Rangel es un baldón histórico que habrá que olvidar. ¿Cómo habla Pinzón de narcotráfico con un narcotraficante? ¿Cómo de las Farc con un cómplice de ellas?

Y Santos dice que se equivoca quien crea que el Ejército está desmoralizado. Entonces, si no es así, ¿está de franco? Volvimos a vivir temas superados: atracos (con muertos) en fincas del oriente antioqueño; asaltos masivos en carreteras, como el cometido por 30 encapuchados cerca de La Pintada, en Antioquia; hurtos de película, como el ocurrido en los cinemas de un centro comercial de El Poblado, en Medellín, y una balacera de 40 minutos, con armas largas, en el barrio Belén Zafra, de la misma ciudad.

No digamos que los centros urbanos están en manos de los pillos porque de pronto nos cogen bronca en el Gobierno, como le pasó a la anterior gobernadora de Córdoba. Asimismo, aceptemos que en Valle, Cauca y Nariño no ha pasado nada, que son patadas de ahogado de dos o tres terroristas que hacen el daño y se esconden entre la población, acciones difíciles de detectar y prevenir. Aunque hay casos como el ataque al cerro Santana, que no caben en esa definición: fueron más de 100 guerrilleros que se movilizaron durante varias horas sin que fueran vistos y denunciados.

Si es cierto que las redes de cooperantes fueron desmanteladas, al igual que otras estrategias exitosas como ‘Soldados de mi pueblo’, habría que concluir que el problema no es solo de desmoralización y temor de caer en las garras de la guerra jurídica, sino que la Seguridad Democrática –que llevó a Santos al poder— simplemente fue desmontada. Se acabó. Kaput.

Hilando fino se puede especular con que esta es una concesión más de las que ha hecho el Primer Mandatario para quedar bien con todos, menos con sus electores. Y es que viendo la persecución judicial de que son objeto los funcionarios de la administración Uribe, es claro que Santos tenía que ofrecer alguna presa de caza para que no le imputen, digamos, los falsos positivos; porque si el comisionado Restrepo está siendo acusado hasta de ser traficante de armas por el engaño que cometieron otros, ¿de qué no sería acusado el exministro Santos si no fuera un obsecuente jefe del Estado?

No quiero ser ave de mal agüero, pero es difícil que esta apuesta le dure por mucho tiempo más, ya muestra fatiga. El juego de póquer se le está saliendo de las manos: guerrillas y bacrim están desmadradas, los mejores amigos no dudan en darle puñaladas traperas, la insostenible Fiscal lo llama “mentiroso” y las altas cortes ya lo ven con recelo. “Nunca ha habido luna de miel con Santos”, dijo un magistrado, pidiéndole que se calle, porque la dictadura del ‘siglo de los jueces’ no admite controversias… ¿y no que el problema era Uribe?

(Publicado en el periódico El Tiempo, el 14 de febrero de 2012)

También le puede interesar

Posted by Saúl Hernández

3 Comments

Deja un comentario