Terminamos el año en medio de la creencia de algunos incautos de que el mundo se acaba el próximo viernes o, cuando menos, de que se acaba una era y llega otra con “grandes cambios para la humanidad”. Puros inventos de mercachifles para vender libros, cuarzos y sahumerios y entrar —ellos sí— a una nueva era con los bolsillos llenos. Acaso masacres y suicidios, por estos días, tengan que ver con los miedos infundados por tanta basura que han propalado muchos medios de comunicación irresponsables.

Aterricemos, que el año se va con cosas más importantes que comentar. Otra vez una reforma tributaria que los expertos no encuentran equitativa ni progresiva. El Gobierno niega que golpee a la clase media y a los pobres, pero hasta su Ministra de Educación lo desmiente al abogar por los profesores universitarios, que —dice— serían gravemente perjudicados. Mientras tanto, el Congreso se volvió a burlar de los colombianos al negarse por enésima vez a gravar las pensiones altas dizque por ser doble tributación. El país no aguanta más esta ofensa de legislar en beneficio propio; un esperpento jurídico, ético y moral.

Terminamos el año con fuero militar, cosa que constituye un avance si consideramos que no fue bien recibido por las Farc y por todos esos que caminan, nadan, vuelan y graznan como patos, pero dicen ser palomas de la paz. Pueda ser que una vez reglamentado mediante ley estatutaria no quede siendo más que un saludo a la bandera.

Terminamos el año con un mínimo que seguirá siendo mínimo, porque de subirlo demasiado “podría afectar la generación de empleo”, estimulando la informalidad y empujando la inflación. Por eso, el empresariado prefiere hacer ofertas “miserables”, como para “zarrapastrosos”, en vez de poner en riesgo el débil equilibrio de la economía. Imagina uno que esta vez, al reducírseles el peso de los parafiscales, generarán los puestos de trabajo que no crearon cuando el pasado gobierno redujo las horas nocturnas. Pero ni los mayas se atreverían a semejante predicción cuando el desempleo baja a pesar de que en todos los sectores sube. ¿Explicación? Son menos los que buscan lo que no se encuentra.

Terminamos el año con la extorsión desmadrada, como si estuviéramos ya en el postconflicto —con sus efectos adversos— o como si ya se hubieran legalizado las drogas y a los antiguos narcos les tocara rebuscarse para la papita pidiendo ‘colaboración’ de la ciudadanía. En todos los frentes la inseguridad se ha disparado, aunque nos digan que este año nos hemos matado menos. Hay bandidos para todos los gustos, hasta los que roban vestidos de Armani: “la Interbolsa o la vida”.

Terminamos el año con un paro de la justicia que viene a empatarse con la vacancia judicial sin que el país caiga en crisis, como ocurriría en cualquier parte, lo que constituye la mejor prueba de absoluta ineptitud. Ahora tendremos una justicia igual de inepta pero mejor pagada gracias a un gobierno ‘generoso’ con la plata del míster. Según el viceministro Serpa, el paro del 2008 se zanjó con 50.000 millones, mientras que este requirió 20 veces más. Y todo ese dineral para que la justicia siga como “mirando un guanábano en plena producción”.

Terminamos el año sin que Petro haya logrado acabar con Bogotá. En vez de apostarles a los exitosos gobiernos de izquierda moderada de Chile o Brasil, Petro se la juega por el más abyecto y dictatorial populismo de Chávez, para quien la profecía maya sí parece que va a cumplirse. ¿Serán capaces los chavistas de pisotear su propia Constitución juramentando como presidente a una momia atada a un sillón como la del Cid Campeador a su caballo? Chávez ya se va y se vuelve mito, no será la primera vez que la Historia mitifique un fracaso.

Y de cómo termina el año en La Habana, ni hablar. Nos capan parados, nuestras voces serán como coros de castratos en el 2013.

(Publicado en el periódico El Tiempo, el 18 de diciembre de 2012)

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Posted by Saúl Hernández

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