El excomisionado de paz del gobierno de Uribe, Luis Carlos Restrepo, ha enviado desde el exilio una carta en la que le pide al uribismo comprometerse a continuar el proceso de impunidad que se viene desarrollando en La Habana, en caso de alcanzar la Presidencia de la República en 2014. Eso sí, con algunas rectificaciones.

Sin embargo, la petición de Restrepo, que contiene apartes que se alejan esencialmente de lo que hemos defendido por años en torno de los postulados de la política de Seguridad Democrática, suscita diversas reflexiones. Una de ellas, entre muchas, es si esta solicitud claudicante tiene validez al provenir de un perseguido político que se encuentra en la clandestinidad y, por consiguiente, en un estado de desespero insoportable para cualquier hombre íntegro, como lo es el doctor Restrepo.

La cuestión no es un asunto menor. El Centro de Pensamiento Primero Colombia se apresuró a apoyar la solicitud del excomisionado emitiendo un documento que, en algunos pasajes, parecía redactado por ‘Jesús Santrich’ —con una ceguera más ideológica que física—, como en ese punto en el que les daba razón a las Farc sobre la disminución del pie de fuerza del Ejército. Ese comunicado fue corregido en varios aspectos sustanciales y el resultante ha sido rubricado por varios de los más conspicuos portavoces del uribismo. Pero, en últimas, en torno a la extraña idea de apoyar el proceso de Cuba. [Lea el comunicado del CPPC aquí]

Valiéndose de rumores y especulaciones, es preciso contextualizar el problema en el sentido de que el negocio con las Farc ya estaría finiquitado y que la trama de La Habana no es más que un montaje teatral para quemar los minutos que faltan para el momento estelar, que sería en noviembre, en el que Presidente y terroristas intercambien firmas y se tomen la foto de rigor, sellando la fementida paz con un abrazo hipócrita ante un auditorio plagado de personalidades y medios de comunicación de todo el mundo.

El hecho es que mientras eso para algunos —incluyéndome— no constituiría más que una farsa y una tremenda derrota para la democracia colombiana, que entraría en cuidados intensivos a partir de ese momento, para los ahora ‘restrepistas’ entraña, además, el grave peligro de que nos acusen de leprosos y nos manden al ostracismo político, proceso que viene en marcha desde que somos adjetivados como ‘enemigos de la paz’, en cuyo aislamiento terminaríamos siendo fácilmente aniquilados. ¿O a qué otra cosa podría atribuirse tan grave muestra de incoherencia?

Obviamente, en el juego político también cuentan la táctica y la estrategia en pro de defender los principios. Bien dice Fernando Alameda que los principios son inamovibles pero la táctica no. Y si esto constituye una táctica para asegurar la conservación de la ‘especie’, vale la pena que se discuta pero no puede constituir un mero doblegamiento por un simple ejercicio de pragmatismo que a la hora del té será juzgado como un acto de cobarde sometimiento.

Queremos ver el llamado del doctor Restrepo como un acto altruista y patriótico que corresponde muy bien con su talante democrático, pero es ingenuo creer que deba continuarse un proceso que no tiene que ver con la paz sino con el ascenso de los terroristas, con el que pretenden a alcanzar la ‘revolución por contrato’. Una reflexión más útil es la que propone el connotado analista Eduardo Mackenzie en uno de sus últimos escritos (Veinte puntos sobre los eventuales pactos Santos-Farc, Debate, 29/04/2013), del que bastaría rescatar el primer postulado para entender que pactar con las Farc es un suicidio: “El combate de las Farc es hasta el aniquilamiento de su adversario histórico: la democracia colombiana”.

(Publicado en Periódico Debate, el 4 de mayo de 2013)

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Posted by Saúl Hernández

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