valla-jmsLo que está pasando en Colombia debería ser motivo de alarma para todos o, por lo menos, para la inmensa mayoría. Sin embargo, aun parece reinar el silencio y la complacencia, igual que ha ocurrido en todos los países donde las democracias han sucumbido a los cantos de sirena del populismo.

Aquí será aun peor. El presidente Santos les está entregando el país a los más infames delincuentes de nuestra historia con el fementido argumento de que eso es hacer la paz. Incluso, se justifica con el cuento de que no se están haciendo cambios al modelo económico cuando hay tantos indicios de que ahí está el meollo del negocio. Por ejemplo, ¿qué es democratizar los medios de comunicación, como reclaman, si no es el expropiarlos a sus legítimos dueños? O ¿qué tal el tema —aun pendiente— de la eliminación del latifundio, que constituye un cambio profundo en la estructura económica y agraria del país y que tendrá graves repercusiones en la generación de empleo y, aun, en la seguridad alimentaria? Recuérdense los fracasos de las políticas de izquierda en las hambrunas de China y la Unión Soviética, que cobraron millones de vidas.

Pero, más de fondo, ese cuento queda en entredicho al ver el asalto a las democracias que han venido perpetrando los movimientos de izquierda en la región. Primero se valen del aval de prominentes figuras políticas para lavar su pasado —caso Rafael Caldera, en Venezuela, quien le concedió el indulto al militar golpista Hugo Chávez Frías—, luego se presentan a elecciones capitalizando el descontento generalizado hacia los partidos tradicionales y, por último, cambian a su antojo las normas constitucionales, suprimiendo los pesos y contrapesos (checks and balances) que garantizan la separación de poderes y la pluralidad política, con lo que empiezan a desaparecer las libertades.

Pactar la paz con las Farc, concediéndoles la impunidad por todos sus crímenes —no importa el nombre que se le ponga— y permitiéndoles elegibilidad, es ponerlas en la antesala del poder para que destruyan la democracia. Lo demás será ‘papita pa’l loro’, porque ante instituciones tan desprestigiadas como el Congreso, la Justicia, los partidos, las altas cortes y demás, el descontento crece como espuma y el discurso populista se valoriza.

Claro que la entrega del país no solo discurre en La Habana. El casino está bien abierto con mesas paralelas, como la del Catatumbo. Para quienes dudaban que las Farc estuvieran tras esa asonada, a pesar de haber pruebas tan contundentes como las relaciones de César Jerez —líder de las revueltas— con el grupo guerrillero, las Farc ofrecieron a los ‘campesinos’ del Catatumbo ‘contar con sus armas y con sus combatientes’ para “conducirlos a la victoria final”.

En un comunicado, las Farc reconocen que “lo que hacen los campesinos del Catatumbo coincide plenamente con nuestras posiciones políticas”, y tratan de hacerle imposiciones al Gobierno al anotar que “mientras el pueblo colombiano siga siendo violentado como hoy, ese acuerdo (de paz) será imposible”.

Hasta los supuestos campesinos del Catatumbo que han protagonizado los desórdenes, le pidieron asilo al gobierno de Venezuela, de donde estaban recibiendo alimentos y asistencia médica en una clara intromisión de los asuntos colombianos, lo cual deja en evidencia lo que va a ocurrir cuando se cree una zona de reserva campesina en ese sector de frontera.

Y a pesar de que son evidentes las burlas al proceso, el presidente Santos no hace nada; sigue “jugado”, decidido a acabar con la paciencia de los colombianos y con el derecho a un futuro con verdadera paz, sin impunidad. Por estos días se conoció lo del secuestro de un gringo, rompiendo la promesa de terminar con esa actividad, y nada sucedió más allá de una mal simulada bravata presidencial.

Pero lo que más ha indignado a la opinión pública, en los últimos días, ha sido la emboscada en la que fueron asesinados 15 soldados en Arauca —tres de ellos con tiros de gracia—, pues eso de dialogar en medio del conflicto fue una concesión de Santos que el país no admite, dado que la suspensión de actividades violentas y las muestras de voluntad de paz eran condiciones inamovibles para el diálogo, señaladas por el mismo Santos.

Por eso, ya se advierte el cansancio de mucha gente ante esta obra de teatro que no avanza y que es solo ilusión; la ilusión de la paz que le ha vendido al país un charlatán al que ya le conocemos los trucos, como ese de hacerse el enfermo para evitarse la rechifla monumental que le tenían preparada en el estadio de Cali, como prueba fehaciente de un país harto de su mediocridad.

(Publicado en Periódico Debate, el 29 de julio de 2013)

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Posted by Saúl Hernández

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